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Autos de la visita hecha a los ministros de la Audiencia de Quito por don Mateo Mata Ponce de León. Años de 1679 a 1697. Constan de tres legajos. (Real Archivo de Indias en Sevilla. Simancas. Secular. Audiencia de Quito).

Con motivo de la simoníaca distribución de beneficios eclesiásticos, sucedieron varios casos curiosos; referiremos algunos que constan de los autos. Cierto clérigo deseaba un curato; trató con fray Pedro Pacheco sobre la manera de comprarlo, y convinieron en que el fraile lo negociaría con el Presidente, dándole para ello un número determinado de tejos de oro; el clérigo entregó al fraile los tejos pactados y, a su tiempo, recibió el curato. Esta compra infame fue pública, porque Munive descubrió que su amigo, el padre Pacheco, se había guardado para sí dos tejos de oro, de los entregados por el clérigo como precio del curato, y hubo públicas reconvenciones entre los dos, es decir, entre el Presidente y el fraile.

Había en Quito un sastre, el cual tenía un hijo clérigo, a quien por apodo llamaban el Doctor Cuchirrico; sucedió que este clérigo robara del almacén de un comerciante un talego de dinero; descubierto el hurto, el clérigo no lo negó, antes confesó que era cierto, y dijo que había hurtado aquel dinero para obsequiarlo al Presidente y conseguir, por ese medio, un buen curato, con cuyos proventos tenía intención de restituir el robo; «pues -añadió el clérigo-, como ahora no valen méritos sino dádivas, yo, que soy pobre, no encontré otro arbitrio sino éste para obtener beneficio; el mejor examen es ahora una buena propina al Presidente».

Vendió en cinco mil pesos el curato urbano de San Blas a un clérigo de apellido Santacruz; este hecho fue tan público y escandaloso que una noche se lo echaron en cara a Munive los quiteños, fingiendo un pregón, y diciendo a gritos al pie de la ventana del dormitorio del Presidente: «¡Cinco mil pesos dan por el curato de San Blas! ¿Hay quién puje más? ¿No hay quién puje más?... Pues Munive jura, por la señal de la cruz, que se lo llevará Santacruz!!».

De las deudas y trampas de la esposa de Munive y de sus acciones ridículas no hay para qué añadir más; si la historia ha de aprovechar en algo a la posteridad, basta con lo referido en la narración.

 

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AZCARAY, Serie cronológica de los presidentes de Quito.

 

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La cuestión del Ceremonial Romano se agitó en distintas ocasiones; en tiempo del obispo Santillán y del presidente Morga; después entre los oidores y el obispo Ugarte y Saravia; tercera vez en tiempo del señor Montenegro, y finalmente entre el presidente Mata y el señor Figueroa.

El señor obispo don Agustín de Ugarte y Saravia, practicando la visita de esta iglesia Catedral, pronunció un auto (el 4 de julio de 1650), por el cual mandó que se observara y cumpliera puntualmente el Ceremonial Romano de Clemente octavo; para dar mayor fuerza a su resolución adujo el Obispo una cédula real, dirigida por Felipe cuarto al Obispo y al Cabildo eclesiástico de Panamá, en la que mandaba el Rey guardar el Ceremonial en todo y por todo. De esta cédula trajo el obispo Saravia un traslado autorizado, y mandó que se copiara en el libro de actas del Cabildo de Quito, como se copió en efecto. (Libro de actas del Cabildo eclesiástico de Quito. Volumen de 1646 a 1674; página 106.ª. Archivo del Cabildo Metropolitano). La cédula de Felipe cuarto, fechada en Madrid el 5 de agosto de 1647, tenía una cláusula, en virtud de la cual no era lícito observar el Ceremonial en las cosas contrarias al patronato real; mientras en el Ceremonial no hubiere cosa que se oponga á mi real patronazgo, eran las palabras de la cédula. Esta cláusula dio pretexto para exigencias y contradicciones por parte de los oidores; decían ellos que era cosa opuesta a las prerrogativas reales; primero, el que el Obispo tuviera dos asistentes cuando no oficiaba de pontifical; segundo, que impusiera la ceniza y distribuyera las candelas y palmas sentado y no en pie; y tercero, que diera la paz en la misa al Presidente un ministro inferior y no el mismo subdiácono de la misa. Todos estos puntos fueron resueltos en el Consejo de Indias, y el Rey expidió una cédula, fechada en Madrid el 21 de agosto de 1650, por la cual mandó que el Ceremonial se cumpliera en todo puntualmente. Los presidentes de las Audiencias no gozaban de los privilegios de los virreyes; y, por eso, ni les daba la paz el Subdiácono, ni se les presentaba el misal para que lo besaran después del Evangelio. (Véase el Cedulario de la Curia Metropolitana; Vol. de 1640 a 1690; página 398.ª).

En tiempo del señor Figueroa esta cuestión fue resuelta terminantemente; el rey Carlos segundo expidió una cédula, fechada en Madrid el 14 de octubre de 1700, y en ella se leen estas palabras, dirigidas al presidente Mata: El Obispo de la iglesia Catedral de esa ciudad (de Quito) me ha dado cuenta, en carta de 18 de Octubre de 1696, de la novedad intentada por vos de que en los días de Ceniza, Palmas y Candelas solicitáis que al tiempo de recibirlas, se haya de levantar el Prelado y os haga una sumisión, y lo mismo al retiraros; suplicándome que respecto de que ni el Ceremonial ni leyes reales disponen semejantes demostraciones, tenga por bien de declarar lo que sobre este punto se hubiere de practicar; y, habiéndose visto en el dicho mi Consejo de las Indias, ha parecido preveniros, como lo hago, que por ningún caso intentéis pretensiones semejantes, pues sólo resultan de ellas disturbios é inquietudes. (Cedulario de la antigua Real Audiencia. Volumen cuarto. Archivo de la Corte Suprema de Justicia).

Alguien preguntará: ¿por qué estas cuestiones de ceremonias sagradas se resolvían por el Consejo de Indias, y no por el Papa? La comunicación de los obispos americanas (en aquel tiempo) con el Papa no era directa, sino por medio del Consejo; además, como los reyes gozaban del derecho de patronato, al cual estaban anexos varios privilegios y honores, nada podía hacerse en América, sino cuando el Consejo declaraba que un documento pontificio no contenía cosa alguna contraria al patronato; si había algo contrario, el rey lo representaba al papa, y le rogaba que lo modificara. Podemos considerar el derecho de patronato de los reyes católicos sobre América, como un contrato bilateral entre los monarcas y la Silla Apostólica, y así nos daremos cuenta de lo que entonces pasaba, y reconoceremos que en unos casos había mucha razón, y que en otros, por desgracia, se abusó, y aun usurpó la jurisdicción eclesiástica.

 

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De la peste hacen mención las actas del Cabildo secular de Quito; hubo alteración en la atmósfera, con lluvias excesivas y con sequías continuadas; desarrolláronse fiebres y viruelas malignas. (Libro de actas del Cabildo secular de Quito. Archivo de la Municipalidad de Quito. Vol. de 1693).

 

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Existe el expediente seguido por el señor Zumárraga. (Archivo de la Notaría eclesiástica de la Curia Metropolitana). El expediente fue publicado por la imprenta hace tres años en los números 54 y 55 de la revista religiosa titulada La República del Sagrado Corazón. Quito. Imprenta del clero. 1890. Entre las declaraciones se halla la del mismo presidente don Mateo Mata Ponce de León, y la del presbítero don José de Ulloa y la Cadena, que fue quien vio primero la aparición. De este hecho se conserva un cuadro conmemorativo en el santuario de Guápulo; otro había hasta hace poco en la iglesia de Santo Domingo, junto a la puerta de la capilla del Rosario. ¿Qué ha sido de ese cuadro? ¿Por qué se lo ha echado de ese lugar?...

 

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WOLF, Crónica de los fenómenos volcánicos en el Ecuador. Documentos, Número 1.º. Hablan de este terremoto el padre Velasco y algunas cédulas reales, en que se contesta a las noticias de la catástrofe comunicadas de Quito a la Corte. Unos 24 años antes, el 29 de agosto de 1674, hubo otro terremoto, que causó la ruina casi completa de todo el corregimiento de Chimbo; se rompió la tierra en muchos puntos y no quedó una sola casa entera en ocho pueblos de los de aquel distrito; por diez años se le exoneró a todo el corregimiento del pago de alcabala.

 

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AZCARAY, Serie cronológica de los presidentes de Quito.

Los documentos, en cuya autoridad nos hemos apoyado para escribir la narración de los sucesos contenidos en este capítulo y en el siguiente, se encuentran en el Real Archivo de Indias con los títulos siguientes: Cartas y expedientes del Presidente y de los oidores de la Audiencia de Quito. 1700-1718. Secretaría del Perú. Secular.

Cartas y expedientes de personas seculares. Audiencia de Quito. Secretaría del Perú. Secular. 1700-1715.

Decretos originales expedidos para la Audiencia de Quito: 1689-1759. En la misma sección que los anteriores.

 

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AZCARAY, Serie cronológica de los obispos de Quito.

MENDIBURU, Diccionario histórico-biográfico del Perú.

ODRIOZOLA, Relación de los obispos de Quito. La misma de autor anónimo que tantas veces hemos citado entre los Documentos literarios del Perú.

 

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Actas del Cabildo eclesiástico de Quito. Volumen de 1675 a 1709. - En el archivo del Cabildo Metropolitano. Datos relativos al obispo don Diego Ladrón de Guevara. (En el Archivo Histórico Nacional de Alcalá). Un legajo.

 

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Expediente sobre las discordias ocurridas entre los oidores don Juan Fernández Pérez y don Juan de Ricaurte. 1705-1720. [Secretaría del Perú. Secular. Audiencia de Quito. En el Real Archivo de Indias en Sevilla]. Dicastillo tomó posesión de la presidencia el 28 de agosto de 1703; estos dos hechos tan escandalosos ocurrieron el 7 de mayo, y el 25 de junio de 1705. La fanega de maíz llegó a valer seis pesos, y la de cebada cuatro.

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