221
Carta de los Inquisidores de 8 de enero de 1609.
222
Íd. de 26 de noviembre de 1605.
223
Carta de 20 de marzo de 1626.
224
Íd. de Juan de Lizarazu, de 3 de marzo de 1641. A. de I.
225
Despacho de 26 de noviembre de 1636. A propósito del comisario de Buenos Aires, conviene notar aquí, que el que había desempeñado antes este cargo llamado Francisco de Trexo, denunció a su colega del Paraguay, el jesuita Diego González Holguín, a quien, en consecuencia, se le hizo ir a Lima; pero en vista de las representaciones que sus apoderados hicieron en España, el Consejo le mandó restituir a su oficio, por orden de 26 de febrero de 1615. El cronista Lozano, que cuenta muy a la larga las injusticias de Trexo, afirma que González estuvo a punto de ser asesinado por otro eclesiástico, a quien había reprendido en virtud de su oficio. Historia de la Compañía de Jesús de la provincia del Paraguay, tomo II, pág. 600.
La idea de establecer inquisición en Buenos Aires, más de un siglo después halagaba todavía a algunos, según se verá de los siguientes párrafos de una carta que el jesuita Juan de Escandón escribía en 25 de marzo de 1574 al padre Pedro de Arroyo, procurador de provincia en Europa:... «V. R. entre sus muchos cuidados, procure acordarse del que tratamos en el camino de Córdoba a Buenos Aires, es a saber, de la indispensable necesidad que estas tres provincias tienen de un tribunal de la Santa Inquisición, por estar tan retirado el de Lima, que de casi nada nos sirve, ni nos puede servir aquí, distando más de mil leguas; y porque sé yo que otra razón que podrá haber para que de allí casi no venga providencia de las muchas que fuera bien que viniesen, y si alguna por casualidad viene, es ya tan fuera de tiempo que no sirve. Lo cierto y sin duda es, que los veinte años que aquí yo estoy en estas provincias, nunca he visto ni oído que de ninguna de ellas se haya preso ninguno por la Inquisición, sino uno solo en Buenos Aires, y ése no llegó a la Inquisición, sino que se escapó a pocos días de camino, y no se ha vuelto a coger; y otro clérigo de Paraguay que lo mandó a Lima fue espontáneamente al llamamiento del Tribunal: y aquí se acabó todo lo que en este tiempo yo he sabido, y poco mas sabrá V. R., y me consta por testimonio de uno de los comisarios que aquí tiene la dicha Inquisición de Lima, que uno de estos años pasados contaba ya más de once o doce causas, que en otros tantos o más años había averiguado y despachado a dicha Inquisición, y de sólo la primera que despachó tuvo respuesta, y eso al cabo de dos años, cuando ya el reo había desaparecido. Esto y no haber aquí Inquisición, ya se sabe que es lo mismo.
»Y si siempre ha sido y se ha juzgado necesaria aquí otra Inquisición distinta de la de Lima, ahora lo es y se juzga por más necesaria e indispensable que nunca, porque esto se va inundando cada día más de portugueses, y no digo más, pero sepa V. R. que son ya tantos que en Buenos Aires y su jurisdicción, se asegura que llegan ya a seis mil, de los cuales están muchos ya allí avecindados y casados; y otros, que no echan que haya tantos, no los bajan de cuatro mil, y a esta proporción los hay en todas estas ciudades y jurisdicciones, y en esta de Córdoba, porque por orden de la Audiencia los echó de sí y desterró uno de estos años, ellos se fueron a otras ciudades, y en lugar de ellos han venido otros tantos o más. Mire, pues, V. R. cual se irá poniendo esto, para que aquí cuanto antes tenga muy bien que hacer una Inquisición, o acaso dos o tres, si no es, que España quiera que en estos sus dominios viva cada uno en la ley que quisiere»...
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No encontramos en nuestros documentos si alguno de estos tres reos murió pertinaz, y, por consiguiente, si fueron o no quemados vivos.
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La vida de Correa ha sido contada por varios autores. Nosotros poseemos la de Fray Juan de Damaso, intitulada Vida admirable del siervo de Dios Fray Antonio de San Pedro... convertido a la gracia de Dios prodigiosamente en el reino del Perú, en Lima; espantoso en virtudes y casos peregrinos en el de España, Cádiz, 1670, folio; y la segunda edición de la de Fray Andrés de San Agustín, Dios prodigioso en el judío más obstinado, en el penitenciado más penitente y en el más ciego en errores después clarísimo en virtudes, etc., sin año ni lugar. Estos títulos dejan ya comprender las maravillas que encierran estos libros. Además de los retratos que dan de Correa estos autores y de otros muchos que corren impresos, en Roma se grabaron dos con licencia de Su Santidad, en 1661 y 1662.
228
En el Consejo se pidió la remisión del proceso porque se pensó que el reo estaba loco, pero esta resolución no pudo cumplirse por haber sido ya quemado cuando llegó a Lima.
229
Carta de los Inquisidores de 14 de abril de 1608.
230
Relación del acompañamiento, etc.