151
Íd. de 25 de abril de 1579.
152
Íd. de 9 de marzo de 1574.
153
Apuntamos esta suma haciendo el cómputo de las diversas cantidades de que dan cuenta las cartas de Saracho. Las partidas más considerables habían sido las de Luis Coronado (5.581 pesos), Quiñones (7.000), Juan de León (2.078), Estacio (2.400), Lucio (2.000), Niño (1.500) y más de dos mil confiscados a los ingleses apresados en Panamá.
154
Carta de 19 de febrero de 1584.
155
Entre otros, un clérigo que trajo en su servicio llamado Juan de Llerena. Véase la carta de Cerezuela de 5 de abril de 1580.
156
Carta de 22 de marzo de 1577. Debe recordarse que el autor de la denuncia sólo fue desterrado siete años después de escrita su carta.
157
Carta de 1.º de junio de 1592. Zapata en su descargo expresaba que el año de 1564, hallándose en Lima, su padre le había metido por fuerza en el Convento, dándole para ello tantos azotes que le dejó por muerto, y que no habiéndose creído así obligado en sus votos, se había casado clandestinamente con una señora que se unió más tarde a otro. Añadía que estando en Quito de camino para España, a causa de sus negocios y de los del obispado del Cuzco, cuyo procurador era, Ulloa le hizo detener, tanto porque tenía enemistad a toda su familia, como porque pretendiendo aquel obispado, temía que sus informaciones le fuesen adversas; que por medio del comisario le quitó más de seis mil pesos que llevaba, haciéndole volver a Lima, donde, dándole la ciudad por cárcel, le detuvo más de un año; que después le metió a las cárceles secretas más de cuarenta días, de donde salió para que permaneciese recluso en su casa cerca de un año y medio; que la proposición de que se le acusaba era de fe, pero que ella le había valido una multa de setecientos cincuenta pesos, una abjuración y doce meses de reclusión; que la causa que había sobrevenido contra él y por la cual se le mandó presentarse nuevamente en Lima fue por haber dicho que un comisario que le procuraba agraviar, no lo hiciera si no fuese tal; y que así, temiendo nuevas venganzas, se había escapado, no sin que el padre Angulo, comisario de Tucumán, le hubiese arrebatado antes mil quinientos pesos que llevaba para el viaje; y, por fin, añadía, de que la mejor prueba de que en nada era culpable estaba en que lejos de haberse quedado en Dieppe había hecho cuanto estuvo de su mano para llegar de una vez a España. Véase su Memorial de 8 de febrero de 1594.
158
Por haber venido este fraile del Perú sin licencia, quiso el Virrey enviarlo a España por andar fuera de la Orden, en cumplimiento de una real cédula, a lo que se opuso el Inquisidor Prado, diciendo vivía en su casa. Andaba por la calle en mula, con dos lacayos con espadas, visitaba las casas principales, y predicaba los edictos del Santo Oficio, y como se veía impune, no faltó sermón suyo en que reprendiese al gobierno; hasta que haciéndose ya insufrible, se convino en que se fuese mientras tanto a Trujillo por el deshonor y nota que podía resultar al fraile de enviarlo desde luego a España. Véase pág. 213.
159
[«para para» en el original (N. del. E.)]
160
La razón de nuestras palabras se hallará en que, como hemos dicho en la advertencia preliminar, los documentos que formaban el tomo 760-3, que se refieren a los años 1585-1590, se han extraviado; pero que hubo otros denunciantes es incuestionable, pues en el curso de la visita, entre otros, se le preguntó a Hernán Gutiérrez de Ulloa si reconocía como suyas las acusaciones que se habían enviado a España firmadas con su nombre.