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Ningún cronista, ni historiador habla de estos muros de Chillán. Únicamente Carvallo Goyeneche dice que don Juan Henríquez «muró la ciudad de San Bartolomé de Gamboa», en el capítulo 53 de su historia. Ese silencio tan absoluto nos hizo dudar de la reservación de ese historiador y tener los altos muros como una confusión de Carvallo; pero por suerte hemos encontrado prueba cierta de que Chillán tuvo muros antes de 1714. Al hablar más adelante del «colegio de nobles indígenas veremos que hubo proyecto de sacarlos» fuera de las murallas de la ciudad», a siete cuadras de distancia de ellos, a un local en que realmente se trasladó poco después, como lo diremos.
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Estuvo nuevamente en Chillán el P. Juan de Barrenechea y Alviz, que ya conocemos, asegura que la edificación de la ciudad seguía con entusiasmo y que se construían sólidas y vistosas casas. Para no paralizar el progreso que marchaba los cabildantes elevaron poco después una petición al rey para suplicarle que librara al vecindario de la contribución de aduana «por los géneros navegables». Recordaban las exenciones que les otorgó el gobernador Peredo y pedían que se les dejara con sólo las contribuciones que él fijó.
Su solicitud era del 22 de abril de 1686 y la firmaron los cabildantes Francisco de Castillo, Antonio Alonso Velázquez de Covarrubias, Pedro Lillo de la Barrera, Gonzalo García Maldonado, Juan de las Ruelas Millan Patiño, Juan de Leiva y Sepúlveda y Luis Lara Mimenta. En el expediente que se formó con esta ocasión, encontramos los documentos relativos a la fundación de la ciudad de 1580 y a la reclamación de los diezmos de que hablamos más atrás.
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Reemplazaron a González de la Rivera como curas accidentales, además de don Miguel González de la Rivera, los presbítero don Lorenzo Moncada y don José Armeteros. Este último sacerdote, según los datos que tenemos, era hijo de Chillán y era un individuo sobresaliente por sus cualidades individuales y por su variada y profunda ciencia. Fue más.
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Cédula real, de 11 de mayo de 1697.
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La idea del colegio, expuesta en el parlamento de Choque-Choque, la discutió y maduró González de la Rivera con el P. Bernardo de la Barra, misionero de Puren con el P. Marcos Marini misionero Imperial y con el P. Diego de Alderete, misionero de Boroa.
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Informe o carta de González de la Rivera a la Junta de Misiones; Archivo del Arzobispado de Santiago, Vol. 65 pág. 14. Tomada del archivo de Sevilla.
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Los pormenores que damos a continuación, los trae el historiador chillanejo Miguel de Olivares en su Historia de los jesuitas en Chile. Olivares tal vez estuvo en la inauguración del colegio, y es cierto que después lo visitó varias veces; y más tarde fue superior de la casa y colegio de españoles que tuvieron también los jesuitas.
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Carta de 19 de octubre de 1699, Arzobispado, Vol. 65, página 11.
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Biblioteca Nacional, Jesuitas, Vol. 94, pieza 1.º.
Hay que dejar constancia del generoso desprendimiento de los jesuitas y del caritativo concurso del vecindario chillanejo, porque algunos escritores, como Don Diego Barros Arana y otros, afirmaron con poquísima delicadeza, que el colegio «fue un gran negocio de los jesuitas». Ese juicio falso del Sr. Barros Arana (que no está probado con prueba de ningún género), es calumnioso para los directores del colegio, y niega a los chillanejos el gran mérito de haber cooperado eficazmente a una empresa altamente honrosa y patriota.
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Como una simple curiosidad de información y por si interesa a alguno de los vivientes actuales de esta ciudad, damos la ascendencia del cura Echeandía, tal como la hemos hallado entre los documentos dejados por el presbítero don Luis Francisco Prieto del Río:
«Doña María de Echeandía», vecina de Concepción fue hija del capitán Juan Bautista de Echeandía, natural de Bilbao y de doña Melchora Arias de Molina, natural de Concepción; nieta del capitán d. Pedro Arias de Molina y de doña Ana María Montecino y Navarrete; bisnieta del Maestre de Campo d. Pedro Arias de Molina y de Doña Juliana Páez Castillejo; tataranieta de Don Pedro Páez Castillejo y Doña Juliana y Toro y cuarta nieta de Julián Gutierrez Altamirano y de Mariana de Toro. Cap. Genl., v. 526. Esta ascendencia corresponde igualmente al Deán de Concepción D. Juan Ángel de Echeandía, hermano de doña María y sólo varón de los hijos del capitán vizcaíno.