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Mariño de Lovera, Historiadores nacionales, Vol. 6, pág. 402. No hemos logrado fijar el día de este ataque de los indios; pero creemos que tuvo lugar en febrero de 1581, y fue la primera gran acometida que dieron contra la ciudad, ya edificada casi en su totalidad.

 

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Era a la fecha cura párroco el presbítero don Martín Ruiz de Ávila y creemos que lo era desde año y medio ya, pues lo tenemos por el inmediato sucesor del cura fr. Francisco Ruiz, que dejó la parroquia a fines de 1581.

Ruiz de Ávila fue nombrado-conservando siempre su carácter de párroco- notario apostólico, para tramitar varios asuntos interesantes de la diócesis. Entre otros tramitó la información de vida y méritos del Illmo. señor San Miguel, que en 1585 era designado para obispo de Quito, en el Ecuador.

 

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Creemos que pos estos años de 1586 se estableció el primer molino de trigo que hubo en la ciudad misma. Lo construyó el teniente general de gobernador, don Luis López de Azócar, el cual según calculamos, lo traspasó después a los dominicanos de Chillán. Estos, en 1596 lo dieron en usufructo «por tres vidas», ante el notario Melchor Alejo Cuello, a Antonio de Iturra (otros dicen Etura) y su mujer Ana de Céspedes, con cargo de dar al convento una «hanega de harina» de la maquila semanal y el décimo del producto de la viña que había junto al molino. -Hacemos este recuerdo, por lo antiguo de la noticia y por que este molino dio lugar a un curioso incidentes, siglo y medio más adelante, que tendremos ocasión de recordar. Era prior del convento en 1956 fr. Francisco sedeño; conventual, el P. Alonso Adame, y compañero, el P. Cristóbal de Zamudio, que era a la fecha cura y vicario de la ciudad.

El documento de esta donación lo trae la Historia de la Provincia dominicana de Chile, de fr. Raimundo Ghighiazza, pág. 458.

 

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Para la narración que sigue nos valdremos en parte de la relación que de ese asalto de Chillán hace el capitán Francisco Álvarez de Toledo, en los Cantos 14, 15 y 16 de su poema. «Puren Indómito»: de él tomamos varios de los pormenores de nuestro relato. Todo lo que esté entre comillas es de Álvarez de Toledo; otros pormenores son el P. Rosales.

Álvarez de Toledo iba entre los compañeros de Jofré, y era entonces alcalde Chillán. Todo lo que él cuenta, lo vio y en casi todo fue actor.

 

25

Santa Cruz de Coya de Millapoa, como se la llama indistintamente en las Ceónicas, estaba al sur del Bío-Bío, como a una legua, al sur-oeste de la actual estación de San Roseado, del ferrocarril central.

 

26

Varios cronistas llaman Millachiñe a este cacique; pero Álvarez de Toledo, que lo conoció personalmente, le da el nombre que apuntamos arriba. Nos parece más aceptable la afirmación de Álvarez.

 

27

En el «Puren Indómito» hay muchos otros pormenores que emitimos por no ser aquí necesarios para la claridad de narración. Las estrofas que insertamos en el relato pertenecen al «Puren Indómito».

 

28

No hemos logrado averiguar quién era esta doña Juana, en cuya liberación pensaba Isabel Mejía más que en la suya propia.

 

29

De «Borradores de una relación de la guerra de Chile», citado por Crescente Errázuriz, en «Seis años de la guerra de Chile», Tomo 1.º, pág.: 108.

 

30

Álvaro Núñez de Pineda fue vecino de Chillán y uno de sus mandatarios más distinguidos. Como militar, fue uno de los capitanes más famosos del tiempo de la conquista. Fue padre del militar y escritor Francisco Núñez de Pineda, autor de la curiosa obra histórica moral: El cautiverio Feliz; y uno de los más esclarecidos vecinos de Chillán.

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