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Respectivamente: «le poème, hésitaton prolongée entre le son et le sens»; «il y a deux éléments dans la beauté de la rime pour l'esprit, la ressemblance ou l'identité des sons et la différence ou le contraste des sens», citados por R. Jakobson, Essais..., pp. 233 y 234; cf. también, ibíd., pp. 214 y 220, para las funciones indicadas.

 

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Carácter..., § III, B y C.

 

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Me refiero a la escritura habitual de los versos y estrofas, dejando de lado las posibilidades artificiales -indudablemente mayores en estas representaciones gráficas que en las ejecuciones auditivas habituales-, como el empleo de tipos de letra distintos para marcar las rimas -así la cursiva, tan frecuentemente usada para hacer reconocible la rima interna-, la escritura /ev eioq/esei de un verso de cada dístico, los signos diacríticos para ictus y cesuras, etc. Creo que, con ello, podré automáticamente prescindir de demostrar que no hay parte de la representación escrita una ventaja homologable a la de los esquemas: el «cuadro sinóptico» en la escritura habitual de un poema no se consigue por voluntaria simplificación, a lo telegráfico, de elementos de conexión y su representación plástica por disposiciones gráficas, sino que resulta de lo que indicaré al final de esta argumentación.

 

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Mecánico o vocal, no importa aquí entrar en la discusión: en el primer caso, la suma sería de sensaciones distintas -auditiva y muscular-; en el segundo, de sensaciones auditivas ambas. Lo que sí importa es destacar este carácter, «pedagógico» de dicho ictus, corroborándolo a base de la terminología del propio Sacerdos (l. c. en nota 31). No hay en su texto interpolación, sino explicación, al glosar uersus percutientes por id est scandentes, puesto que, según se ha leído allí mismo, scandimus y percutimus se emplean luego de nuevo como sinónimos; ambos aluden a una medición del verso y, en último término, la razón de que percutientes, esté glosado par scandentes estriba en que aquél resultaba ya un tanto sorprendente al aplicarse a un ictus vocálico, como lo era sin duda el que Sacerdote prescribía, según ya vio el propugnador de dicho carácter pedagógico, M. G. Nicolau, L'origine du cursus rythmique et les débuts de l'accent d'intensité en latin, París, 1930, pp. 45 y 79-80, y pese a lo mucho que todavía después de su obra se ha vuelto a hablar de la cuestión (recapitulación en V. J. Herrero, «La lectura de los versos latinos y la adaptación de los versos clásicos a las lenguas modernas», Estudios Clásicos 12, 1968, pp. 569-582).

 

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«La siringa de Pan», atribuido a Teócrito; «El hacha» y «El huevo», de Simias; «El altar», de Dosiadas, etc.

 

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«La phonologie des langues mortes», Acta Congressus Madvigiani = Actes du Deuxième Congrès Insernational des Études Classiques I, Copenhague, 1958, pp. 101-113, esp. p. 105: «Si [...] on passe au point de vue synchronique, le rapport hiératique qui se présente entre le système phonique et le système graphique ne laisse place au doute. Il s'agit de deux systèmes coéxistents et dont les droits sont égaux. Il s'agit de deux systèmes qui peuvent manifestement être utilisés indépendamment l'un de l'autre. Les expériences psychologiques font voir nettement que la lecture et l'écriture peuvent être éxécutés sans avoir recours aux faits de pronontiation, qui au contraire dérouteraient souvent au lieu d'être utiles».

 

47

Cf. V. E. Hernández Vista, «Sobre la linealidad de la linealidad de la comunicación», Problemas y principios... citado, pp. 271-297.

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