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Las obras de la Pentalogía se citarán en este trabajo por sus iniciales. Redoble por Rancas (RPR), Garabombo El Invisible (GEI), Cantar de Agapito Robles (CAR), El Jinete Insomne (EJI) y La Tumba del Relámpago (LTDR).
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Me refiero a los discursos del EZLN del subcomandante Marcos (1994), a las revueltas campesinas ecuatorianas (1999) y a las bolivianas (2000), en todos estos casos encontramos textos que hacían referencia literal a Garabombo, abordando también el tema de la invisibilidad.
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En enero de 1982 durante un simposio de literatura en Ayacucho, el antropólogo Juan Rivera presentó su investigación sobre la reverencia con que las comunidades indígenas vecinas honraban al cerro Jupaicanán. En este lugar se encontraba la cueva en la que se mantuvo oculto Garabombo. Garabombo mismo estaba considerado como jirca (dios protector) del cerro.
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La tradición popular andina señala que el «daño» es una forma de hechizo causado a la víctima por terceros interesados en perjudicarlo. Puede ser directamente inducido por algo que el dañado toca o ingiere o suceder a distancia. Generalmente es preparado por un curandero malo que se ha especializado en magia negra o brujería, a diferencia de la magia blanca que se dedica a curar y sanar.
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Otro grupo que también logra ver a Garabombo son los caballos. Girasol, el audaz caballo del Ladrón, lo confirma:
Lo interrumpió [al Ladrón de Caballos] el burlón relincho de Girasol. -De qué te ríes? -Me río del Invisible -relinchó Girasol. -Y qué te da risa, baboso? -Yo veo al Invisible. |
| (GEI, 26) | ||
Este detalle es interesante si consideramos que apoyando al levantamiento de comuneros se planea también una solidaria «sublevación equina». Al final de la novela, el capítulo 36 enumera el dramático sacrificio de todos aquellos valientes caballos que mueren por la causa de los hombres. Una interpretación política del rol de los caballos (como símbolo de una sociedad ideal, opuesta tanto a los comuneros como a los latifundistas) en la saga scorciana la encontramos en «Elegía y rebelión en los Cantares de Manuel Scorza» de Luisa Pranzetti.
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El ochenio de Odría (1948-1956), período de dura represión, está finalizando en 1956 (período aproximado de la detención de Garabombo). Para entonces menudeaban los mítines en el país pidiendo la derogación de la Ley de seguridad interna y la amnistía para los presos políticos así como el restablecimiento de los derechos políticos de los partidos prohibidos por Odría: el APRA y el PCP.
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En la novela, el 3 de marzo de 1962 la tropa desaloja violentamente a los comuneros, que dirigidos por Garabombo, han ocupado las haciendas de Chinche, Uchumarca y Pacoyán (GEI, 223).
La observación del Subprefecto sobre la presencia de periodistas, alude a la conmoción causada -en la vida real- por esta intervención policial en la cual murieron 27 comuneros y cayeron numerosos heridos y encarcelados. El departamento de Pasco decretó duelo general y los gremios se paralizaron exigiendo el retiro de la policía. En Lima hubo mítines de protesta y condena. La prensa brindó amplia cobertura a estos acontecimientos publicando incluso fotos de los campesinos-licenciados del ejército armados de hondas, escopetas y piedras que desafiaban a la policía. Un testimonio directo lo proporcionó el Presidente de la Comunidad de Chinche que, burlando el bloqueo policial, llegó caminando a Lima a denunciar los hechos. Este campesino, Fermín Espinoza Borja, es el Garabombo de la novela de Scorza (Kapsoli 1975: 101-102).
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Respecto al estudio de la imagen y la palabra, en la transmisón de un mensaje en el terreno político, Beatriz Alem en «La voz de los espectros» y en «Del grito en la pared al fantasma audiovisual» estudia dos imágenes ausentes de la política argentina pero sin embargo imposibles de silenciar, por lo tanto continuamente presentes y políticamente activas: la imagen de Eva Perón y la de los desaparecidos.
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Manuel Scorza señala en el Epílogo a Redoble por Rancas «Indiferente a la voluntad del autor, la realidad de la que nacieron estas novelas sigue (y acaso seguirá) escribiendo capítulos que nunca figuraron en "La Guerra Silenciosa"». Alude con ello a la amnistía del Nictálope como resultado del impacto de la primera novela (1971); al secuestro y ejecución de la malvada esposa del Juez Montenegro por combatientes de Sendero Luminoso (1983) o al reclamo de la comunidad de Tusi que sostenía poseer los ponchos mágicos tejidos por la imaginaria ciega Añada de La tumba del relámpago (1982).
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Este razonamiento parecía animar también al subcomandante Marcos, el postmoderno invisible cuando escribía en su Pronunciamiento del 12 de marzo de 1995: «Hermanos [...]. No somos ya más los innombrables. Nombre tenemos nosotros, los olvidados [...]. Tenemos ya un lugar en el corazón de nuestros hermanos, ustedes, y un rincón pequeño en la historia que realmente cuenta: la que se lucha. Teniendo ya nombre colectivo, descubrimos que la muerte se encoje y nos queda chica... Nombre tenemos. Ya no moriremos. Bailemos. Ya no moriremos. Nombrados somos. ¡Salud hermanos! ¡Muera la muerte!»
(Marcos 12 de marzo 1995)