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Fricción súbita

Daniel Moyano





Así se llama ahora a los relatos breves que surgen de un encuentro o choque súbito con la realidad. Uno va caminando por la calle y al girar la cabeza hacia la otra acera ve por ejemplo a una señora que ha sacado a pasear a una pequeña jirafa. La ficción súbita, que acaba de entrar en España de la mano de un texto de igual título, consiste en contar un hecho más o menos cotidiano descubriendo su significación.

En EE. UU. se ha puesto ahora de moda una variante de este género, llamada «flash fiction». Un chispazo que salta cuando se produce un encuentro de esta naturaleza.

Como me pasó los otros días cuando caminando por Ronda de Segovia veo de golpe un enorme basural junto a Puerta de Toledo, y enseguida me doy cuenta de que esto puede ser mi primer relato de ficción súbita, acababa de encontrarme con la jirafa del ejemplo.

Telefonear al Ayuntamiento, me digo, sección Higiene Pública; decirles que se trata de un foco de infección, y para peor enfrente de un Ambulatorio; pobres enfermos, este peligro de contaminación además de las cucarachas en la sopa; que obliguen a los responsables a quitar esa basura y a pagar una multa de escarmiento.

Pero en eso veo que en los muros que intentan disimular esa vergüenza urbana dice precisamente en grandes letras «Ayuntamiento de Madrid, Empresa Municipal de la Vivienda». Sí, dice un vecino, el solar es del Ayuntamiento y la basura son los listos de los almacenes Arias, llevan allí como dos años, hay días en que el olor que despiden es insoportable.

Unos gastos equilibristas saltan entre hierros retorcidos y muebles destrozados. Seguramente habrá ratones, le digo a mi vecino. Y él a mí: si el Hospital Gregorio Marañón importó cucarachas rubias del Alemania para adornar la sopa.

El entorno que tienen las basuras (trapos podridos, maderas carcomidas en vías de biodegradación y un largo etcétera) es histórico y hermoso: la cúpula de San Francisco el Grande por un lado, la Puerta de Toledo por otro, y más allá, el convento de La Paloma.

Leo otra vez «Ayuntamiento de Madrid, Empresa Municipal de la Vivienda», expresiones que encierran conceptos tales como orden, urbanismo, higiene; y relacionándolos con sus antípodas, que saltan a la vista en la basura, me viene a la memoria el título de un texto de Quevedo, «El alguacil alguacilado», que es el chispazo necesario para que se revele o descubra lo que está detrás de la jirafa. En este caso, un ayuntamiento que se lanza a contaminar por su cuenta, con ruidos, con humos, con atascos, y ahora con basuras cuidadosamente valladas.

Un Ayuntamiento gracias al cual acabo de encontrar el tema para mi primer relato de ficción súbita.





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