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61

Es éste otro señalado caso de elemento luisiano que Meléndez hace suyo y potencia. No es el único ni será el último.

 

62

No entraremos en los que posiblemente puedan depender de Garcilaso o de Herrera. Sólo indicaremos, por su frecuencia, el caso de impio bisílabo (léase ímpio), siguiendo la pronunciación latina, que deriva del sevillano.

 

63

Los números romanos remiten al capítulo correspondiente del Libro de Job en tercetos, que citamos, como el resto de la obra en verso de fray Luis, según la edición de Blecua. Esto es, la referencia anotada debe entenderse así: Libro de Job en tercetos, capítulo XII, verso 23. De la misma forma volveremos a citar esta obra, cuando proceda, sin mayor advertencia.

 

64

En un recuento rápido global, que no pretende tener más que un valor aproximado, hallamos 73 términos diferentes en Garcilaso, 80 en Herrera, y 207 en fray Luis.

 

65

Ya lo intuyó Emilio Palacios Fernández en el excelente «Estudio preliminar» a su edición de Meléndez, cit., p. 128.

 

66

Bien es verdad que se trata de poemas largos, de 286, 331 y 478 versos, respectivamente, pero, aun así, la cantidad resulta elevadísima. Por otro lado, el carácter luisiano de este y otros elementos procedentes del siglo XVI se refuerza al observar cómo se incrementan en poemas que presentan inequívocas huellas del maestro agustino. En el caso de la adjetivación en -oso, valdrían como prueba de nuestra aserción las mismas composiciones núm. 388 o 474, entre otras.

 

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Véase Rafael LAPESA: Historia de la lengua española, Madrid, Gredos, 1980, 8ª ed., p. 396.

 

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Lo señaló también Lapesa, en su fundamental artículo «El cultismo en la poesía de Fray Luis de León», recogido en su libro Poetas y prosistas de ayer y de hoy, Madrid, Gredos, 1977, pp. 110-145.

 

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Incluso asoma alguna vez a la prosa de Meléndez. Lo utiliza en uno de sus Discursos forenses: «¿Por qué entonces no clama y se convierte al cielo para que la liberte en tan furiosa tempestad?» (OC III, p. 170). También en el «Prólogo del autor» a la ed. de 1820; donde escribe, refiriéndose al género del romance: «y si los ingenios de mi patria lo quieren frecuentar y se convierten con ardor hacia este género [...]» (Obras en verso, p. 59).

 

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Éste es latinismo semántico ya introducido en el XV, como trae LAPESA, «El cultismo...», a quien seguimos en estas líneas. Aunque aparece alguna vez en Garcilaso y en Herrera, se hace habitual con fray Luis.