1
«Si tiempos sin parar van ensalçando», fol. 102r.
2
«Sthephano mio dil ciel dicesso in terra», fol. 102r.
3
«Cuanto más en metales excelentes», fol. 102r. y v.
4
«Lector amigo si de algún dechado», fol. 102v.
5
«Noble ciudad en todo fortunada», fol. 102v.
6
Si bien otros libros de caballerías que también se editaron en una sola ocasión alcanzaron una amplia difusión, como es el caso del Olivante de Laura, también impreso en Barcelona (Claudio Bornat, 1564), precisamente uno de los modelos de la obra que tratamos. Sin embargo, esto se explica por la accidentada historia del manuscrito del Olivante, robado a su autor e impreso sin su consentimiento en la alejada ciudad de Barcelona, lo que no impidió que los hijos de Antonio de Torquemada se querellaran por este robo. Vid. los comentarios de I. Muguruza en la introducción a su edición de Antonio de Torquemada, Olivante de Laura, Madrid: Ediciones de la Fundación Antonio de Castro, 1997, págs. XX-XXI.
7
No hay que descartar, sin embargo, que la literatura caballeresca se difundiera en esos años de forma manuscrita. Vid. J. M. Lucía Megías, «Libros de caballerías manuscritos», en Voz y Letra, 7/2 (1996), págs. 61-126.
8
Vid. C. Alvar y J. M. Lucía Megías, «Los libros de caballerías en la época de Felipe II»; en: I. Lozano-Renieblas, y J. C. Mercado (coords.). Silva. Studia philologica in honorem Isaías Lerner, Madrid: Castalia, 2000, págs. 25-35. También J. M. Lucía Megías, Imprenta y libros de caballerías, Madrid: Ollero & Ramos, 2000.
9
En nuestra opinión debería aparecer por derecho propio tanto en las bibliografías sobre libros de caballerías como en aquéllas que se basen en la materia troyana.
10
Recordemos, por ejemplo, el troyano Orístedes, personaje de la primera parte de Espejo de príncipes y caballeros de Diego Ortúñez de Calahorra, autor que deja transmitir cierta simpatía por este personaje de linaje desgraciado.