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No debe olvidarse el lector de que esta obra se escribia en fines de 1824, en que las relaciones y simpatías de la Francia con el resto de la Europa no eran las mismas que ahora. (N. del E.)
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Quien ignora en Europa la historia de la sustraccion de estos fondos por el consul general Machado y el pleito seguido entre el y el actual ministro Mendizabal?
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Pluguiera á Dios que se hubiesen contentado con despreciarle! Pero no se contentaron con eso, sino que encerraron en un calabozo al ministro de la guerra Cruz, y hubiera expiado en un patibulo el crimen imperdonable de querer reglamentar á los voluntarios, si el embajador francés no hubiera conseguido su libertad con un simulado destierro á Francia, que duró hasta el año de 1832.
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No porque ya no se hubiese puesto en practica este inicuo medio por los llamados liberales de Cadiz en 1809 y 1810, contra todos los que huyendo de los Franceses, que ocupaban á Madrid y casi toda la monarquia, se presentaban en aquella plaza, despues de correr no pequeños riesgos y miserias. Pero este barbaro sistema no pudo entonces desplegarse con todo el lujo de ferocidad, que adquirió despues, por falta de terreno y de medios de egercerle, no por defecto de voluntad en los que le adoptaron y establecieron.
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Digo por lo comun, porque esta regla tenia escepciones, y á fines de 1822 hemos visto ya al frente de los realistas á algunos generales de credito.
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El Rojo de Valderas, Jaime Alonso, etc.; este ultimo desertó de los estandardes de la fé, y se pasó á los anarquistas en los ultimos momentos del gobierno constitucional.
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He aqui una copia de la tal proclama. «Españoles! La Regencia del Reino os habla en el exceso del mas vivo dolor, no ya para excitar la lealtad constante de vuestros corazones, que como de inflexibles Españoles, nunca pueden dejar de ser fieles al Dios de nuestros padres y á nuestro idolatrado Soberano, sino para templar el cruel exceso de su pena y la vuestra, al presentir los males que puede producir la critica y dolorosa situacion, en que nos han sumido los perfidos enemigos de la patria.
Buenos testigos sois de la tolerancia, dulzura y suavidad, con que han sido tratados los partidarios de la irreligion, del libertinage y de la anarquia: vosotros os habreis tal vez lamentado, al ver la impunidad, con que se han presentado en todas partes hombres criminales, y la Regencia misma hubiera temido escandalosas escenas, si segura de vuestro acendrado y sabio patriotismo, no hubiera confiado en que eran conocidos los motivos de su conducta suave y tolerante. Ya es preciso decirlo francamente: la libertad del Rey y de su augusta familia.... He aqui á lo que aspiraba la Regencia del Reino? Pero se han realizado sus ardientes deseos? Se ha logrado el objeto de todas sus tareas? Mas, ¿cuando el hombre inmoral ó irreligioso ha sido agradecido?
Españoles! sabedlo; nuestro adorado soberano ha sido privado del trono de sus padres. Tan horrendo atentado ha sido cometido en venganza de la mas heroica respuesta del Monarca á la propuesta de su traslacion á Cadiz; respuesta, cuyas palabras deberian escribirse en marmoles y bronces, serán el mejor ornamento de la historia de muchos siglos, y para siempre quedarán grabadas en los corazones de todos los Españoles. 'Aunque, como individuo particular, pudiera consentir en mi traslacion, ni mi conciencia, ni el interes de mis pueblos pueden permitirmela como Rey'. Asi habló Fernando, lleno de grandeza, de magestad y de amor á su pueblo. Una Regencia formada por los furibundos demagógos fue la consecuencia de tanto heroismo. Fernando, ademas, con su virtuosa esposa, con toda su real familia, fue violentamente trasladado á Cadiz; á Cadiz, allí, en donde nació la secta destructora de la Religion y la Monarquia; allí estará ya el monarca cautivo, allí lo estará toda su real familia, y ¿habrá Español que mire este acontecimiento sin indignacion y sin horror? Españoles! este es el verdadero momento, en que vuestro gobierno se confiesa falto de espresiones, capaces de pintar delito tan horrendo. Vuestro gobierno se vé precisado á acudir á la elocuencia del silencio».
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Decreto de S. A. R. el duque de Angulema, dado en Andujar á 8 de agosto de 1823, mandando poner en libertad á todos los presos por opiniones politicas.
«Nos, Luis Antonio de Artois, hijo de Francia, duque de Angulema, comandante en gefe del egercito de los Pirineos.
Conociendo que la ocupacion de España por el egercito francés de mi mando me pone en la indispensable obligacion de atender á la tranquilidad de este Reino, y la seguridad de mis tropas, hemos decretado y decretamos lo siguiente.
Art. lº. Las autoridades españolas no podrán hacer ningun arresto sin autorizacion del comandante de nuestras tropas, en el distrito, en que ellas se encuentren.
Art. 2º Los comandantes en gefe de nuestro egercito pondrán en libertad á todos los que hayan sido presos arbitrariamente y por ideas politicas. Particularmente á los milicianos, que se restituyan á sus hogares. Quedan esceptuados aquellos, que despues de haber vuelto á sus casas, hayan dado justos motivos de queja.
Art. 3º. Quedan autorizados los comandantes en gefe de nuestro egercito, para arrestar á cualquiera que contravenga á lo mandado en el presente decreto.
Art. 4º. Todos los periodicos y periodistas quedan bajo la inspeccion de los comandantes de nuestras tropas.
Art. 5º. El presente decreto será impreso y publicado en todas partes.
Louis ANTONIO.
Por su A. R. el general en gefe,
El mayor general,
CONDE GUILLEMINOT.
Dado en nuestro cuartel general de Andujar, á 8 de agosto de 1823».
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Uno de los primeros nombramientos hechos por la regencia fue el de D. Francisco Aguilar y Conde para la Intendencia de Zamora, en premio de los muchos servicios, que habia hecho á su costa á la causa de la restauracion. Pero el club de los absolutistas de aquella ciudad, á cuya frente estaba el obispo, habia nombrado otro intendente interino, que se veia precisado á dejar el puesto con la llegada del propietario, y no se encontró medio mas espedito para conservarle en el, que asesinar al recien nombrado. En efecto, se armó un motin sobre si usaba zapatos blancos ribeteados de verde, y esto bastó para darle diez y siete puñaladas y un pistoletazo á quema ropa, que le atravesó el brazo, encerrandole en seguida sin auxilio en un calabozo. Tuvo el infeliz, sin embargo, medio para hacer pasar un aviso á Madrid de la triste situacion en que se hallaba: pero ni la regencia ni sus ministros dieron la menor providencia en su favor, y fue necesario que el general francés, que mandaba en Valladolid, acudiese á ponerle en libertad. La regencia confirmó en su nombramiento al interino, y el obispo.... el obispo fue algun tiempo despues elevado á la dignidad de Arzobispo de Toledo!!!!
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La constitucion tenia defectos esencialisimos; pero á no ser por los desordenes de los exaltados, se hubiera modificado sin necesidad de la intervencion estrangera.