1
Montevideo, Imprenta de la Caridad, 1947. (N. del E.)
2
Más adelante haremos algunas justas y consoladoras excepciones de jóvenes que se van haciendo notables como «poetas brasileños», en el rigor clásico de esta palabra. (N. del A.)
3
Téngase entendido que con la palabra «América», en este escrito, determinamos solamente la América antes española y portuguesa, y que no hablamos de la América inglesa, porque en el asunto de que nos ocupamos ella es una excepción. (N. del A.)
4
Hacendado: dueño de los establecimientos de campo donde se trabaja el azúcar, el café, etc., en el Brasil. (N. del A.)
5
La cadeirinha brasileña no es otra cosa que el «palanquín» oriental en una forma menos graciosa, y con atavíos menos lujosos. Se compone de una silla de brazos sobre una base de madera; en ésta están clavadas perpendicularmente dos varillas de 6 a 7 pies de largo que sostienen un dosel del que están suspendidas las cortinas que cubren la persona que va sentada, y otras dos varas horizontales que descansan sobre los hombros de los dos esclavos que conducen la cadeirinha. (N. del A.)
6
Esta voz no tiene en español una palabra propia para traducirse, y muy pálidamente se puede imitar con el nuestro «¡qué ocurrencia!». (N. del A.)
7
Los Suspiros: colección de poesías de Sr. Magalhâes. (N. del A.)
8
«La conquista de la América no es sino un episodio magnífico de la historia de Carlos V»
(Roberston). (N. del A.)
9
Véase a este respecto Civilización y barbarie, obra del Sr. Sarmiento. (N. del A.)
10
Discurso de la Reina Victoria en el Parlamento, el 29 de enero de 1846. (N. del A.)