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Evocación de las cosas simples de la infancia

Daniel Moyano






La noche azul

César Hernández


Ed. Paradigma, 285 páginas, 1600 pts.


El descubrimiento casual de que su mujer tiene un amante joven lleva a Martín, personaje central de esta novela primeriza de César Hernández (catalán, 32 años, periodista), a un cuestionario total de la realidad. Para ello se vale de dos viajes mentales que hace el protagonista durante una noche, uno hacia su infancia y otro hacia la historia contemporánea a través de un archivo de recortes de prensa.

Previamente, ocultándole a su mujer el descubrimiento de su infidelidad, le hace el amor a lo largo de un extenso y detallado capítulo, procurando humillarla, mientras mentalmente fornica con una prostituta y finalmente se masturba, y tras un breve sueño inicia el primero de sus viajes.

Instalado en su infancia, evocará los amiguetes, el colegio, los padres, los maestros, los cuentos que le cuenta la madre (transcritos íntegramente), los miedos y los odios, el traslado a la ciudad. Los hechos evocados no arrojan ninguna luz sobre la búsqueda del personaje, ni están conectados con el suceso inicial de la novela, sino que actúan como refugios donde el personaje acude en busca de una congruencia necesaria.

Son más bien evocaciones de las cosas simples de la infancia, acompañadas de una pintura de la vida pueblerina.

En el segundo viaje el personaje lee los recortes de prensa (transcritos íntegramente) y luego se imagina a sí mismo en esas situaciones. Aquí desfilan torturas, insectos, cadáveres, hambre, prostitución infantil, drogadicción, mendigos, violadores, ladrones, drogotas, delincuentes, niños famélicos, el hambre en Etiopía, niños africanos, hambre en las ciudades, revueltas sociales, multinacionales, represiones armadas, apocalipsis, golpes de estado, guerra total, bomba atómica, gases letales y lluvia acida.

Luego viene una pintura del aburrimiento de la vida cotidiana, que me parecen las mejores páginas de la novela, escritas sin afán informativo, donde la «escritura» prevalece sobre la «redacción». Y finalmente las reflexiones del autor y un diálogo final de él con su personaje.

Mi opinión: creo en la sinceridad narrativa del César Hernández, pero pienso que su predilección por el realismo le impide conseguir ese tono necesario que en la buena escritura nos convence de lo que sucede en las palabras.

Las escenas eróticas del primer capítulo y las descripciones de la tortura, tal como son en la realidad ambas cosas, más parecen fotocopias de la realidad que recreación de ella. Y por eso no convencen.

A pesar de las objeciones, tengo un deseo; que en su próxima novela le dé más importancia a cómo se cuentan las cosas que a lo que se cuenta, como sucede en La noche azul.





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