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Otro grado de plenitud del conocimiento es la Fe, en cuanto abraza la verdad incognoscible (V. la proposición XI).
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Así, en la vista de un color, me hallo yo en esencial unión con el objeto coloreado: la actividad luminosa condicional de mi ojo y la actividad luminosa condicional del objeto, ambas por tanto, concurren y cooperan respecto de un elemento particular de nuestra esencia. Otro tanto acontece en el oír, así como en el conocimiento ideal, en el cual, v. g., cuando pienso en general, esto es, cuando concibo idealmente mi facultad de sentir, entro en relación y unión del lado determinable de mi conocer con el lado determinable de mi sentir.
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En la proposición I, se explica el conocer sólo en lo que de común tiene con el sentir y el querer, como modos también de la conciencia. Las definiciones suficientes del conocer y el sentir, haciendo resaltar la contrariedad en la determinación inmediata de la relación de unión esencial en uno como en otro término, las ha dado primeramente C. C. F. Krause, en su Compendio del Sistema de la Filosofía (Gotinga, 1825 -en la librería, l828), pág. 21. Según ellas, lo característico de la relación de unión es, en el conocer, el predominio de la sustantividad, y en el sentir, el de la totalidad (más bien todeidad, Ganzheit). Con efecto en el conocer, aspiro yo a recibir y abrazar en mí la cosa tal como es en sí misma; afirmo la sustantividad de mi Conciencia frente a frente de ella, y aun confronto el resultado de la unión, el conocimiento, examinándome; mientras que, en el sentir, se trata de recibir en mí la cosa tal como se refiere a mí mismo, y en cuanto yo me doy a ella en el resultado de esta unión (el sentimiento) comportándonos ella y yo como partes de esta unión, y formando juntos un todo. De donde resulta que el conocer y el sentir se distinguen no en grado, sino en cualidad y género, sin poder por tanto convertirse uno en otro, si bien se acompañan en tolos los grados: al conocimiento sensible, corresponde el sentimiento sensible, como v. g., cuando conozco y distingo con la lengua la naturaleza de un manjar, y siento además, si me es entonces agradable o desagradable; al desarrollo parcial y limitado del entendimiento, corresponden sentimientos parciales y egoístas; y al desenvolvimiento de la razón, por el contrario, sentimientos superiores y nobles.
Mostrando Krause, por su análisis de la conciencia y de sus modos, estas esencias en conexión con las supremas esencias, a la par que determinaciones del pensar (categorías) deal Ser -la esencia, la unidad, la sustantividad, la todeidad, la unión,- ha llenado la laguna lógica, que hasta él subsistía en la Teología especulativa, entre las llamadas propiedades metafísicas y propiedades morales de Dios. Apenas se concibe que este importantísimo servicio haya pasado desatendido de tantos teólogos.
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La Fe, en esta comparación con el Saber, se toma, lo mismo que éste, como un modo especial de abrazar la verdad. Así como el Saber imaginario es el que incluye la posibilidad del error, que el Saber real y efectivo excluye, así también la Fe rechaza la ilusión; y si el Saber jamás carece de objeto (no es inobjetivo), tampoco la Fe. El objeto de ambos es la verdad. La Fe que no tuviera la verdad, sino el error, por objeto, nunca sería propiamente tal. Por esto, en todo lo siguiente se toma siempre la palabra Fe en este recto y pleno sentido, según el cual tampoco es lícito confundirla (cosa sin embargo muy frecuente) con el mero presentimiento, opinión, parecer, suposición, como no lo es respecto del Saber. Téngase también en cuenta que, en lo que sigue, la palabra Fe, allí donde expresamente no se dice otra cosa, ha de tomarse en sentido enteramente general, no en una acepción limitada a la esfera religiosa o a la de una confesión y culto determinados.
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Ésta no es de modo alguno una definición que agote el objeto, mas sólo una preparación para ella, en forma, de declaración y testimonio de ciertos hechos de conciencia. Únicamente sobre la totalidad de estos hechos, muchos de los cuales se notan todavía en las proposiciones posteriores: podría fundarse una definición comprensiva.
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Compárese Hebr. 11, 1-3, en el texto griego, así como en la traducción de Lutero.
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Por ejemplo, la muerte o la infidelidad de un hombre allegado nuestro.
Krause (Filosofía de, la Religión, pág. 593) dice: «Que nosotros no rechazamos la Fe, sino que, por el contrario, afirmamos que es fundamental y esencial en general y en todo tiempo, y especialmente en una doble esfera, para el espíritu finito, y que se produce cada vez con mayor intimidad y riqueza, con mayor profundidad y fecundidad para la vida, conforme crece el Saber y el presentimiento de la verdad, cosa es que el lector que nos dispense su atención habrá visto claramente en lo que antecede. De las mismas razones se sigue que, en todo espíritu finito, por más elevada que pueda ser su cultura, alcanza siempre la Fe, con respecto a todo conocimiento de lo finito y condicionado, y de su relación al Ser infinito y absoluto, mucho más que todo su limitado Saber.»
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A esto se refiere también la expresión «hay que creerlo,» que se aplica a aquello a que se sacrifica una opinión, ora exacta, ora posteriormente reconocida como errónea. La Fe es, en lo tanto, una como entrega, ya voluntaria y libre, ya forzosa, una admisión y recepción, y el reconocimiento pues de un hecho como tal, con todas las fuerzas del ánimo y la vida.
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El gótico gilaubjan se enlaza a loben, y tanto significa prometer como oír. Creer (glauben) quiere decir por consiguiente tanto como reconocer en sí y mantener ante otros lo oído (percibido, comunicado, revelado) y en consecuencia confesarlo y profesarlo (Comp. prop. XXXV.)
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«Como vista social» (als gesellschaftliches Sehen) dice literalmente el texto (N. del T.).