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La Filosofía pura considera también la vida y el desarrollo unitario de ésta como el fondo y materia de la historia una, en su eterna esencia, según su ley de unidad: ley que aquélla explica científicamente en un organismo de leyes, en su mudanza y en su subsistencia. De aquí nace la Ciencia puramente histórica. Una parte de la Ciencia puramente filosófica de la Historia es, pues, también la Ciencia puramente filosófica de la historia de la Religión, esto es, de la convivencia con Dios y la intimidad en Él. Es un problema especial de esta ciencia puramente filosófica de la historia de la Religión el de conocer en su eterna esencia y en conformidad con sus leyes el desenvolvimiento de la convivencia con Dios de una Humanidad particular, que se constituye en una morada independiente en el cielo. Aquí resultan, pues, también, de acuerdo con los períodos y sub-períodos de la vida humana, conocidos en la Filosofía general de la Historia de la Humanidad, los períodos correspondientes del desarrollo de todas y cada una de las funciones y cuestiones subordinadas de nuestra vida, y, por consiguiente, la de la Religión propia de la Humanidad, como la convivencia y comunión de ésta con Dios; considerando cada una de estas funciones en sí misma y en su orgánica relación con las demás. Ahora, por cuanto la solución de este último problema tiene lugar dentro de otros y otros gradualmente superiores, se hallaría también en la pura Filosofía de la historia de la Religión aquella eterna idea histórica que, en la vida de nuestra Humanidad, aparece representada por el Cristianismo». -Ib., p. 867. -V. también el pasaje inserto por nota a la prop. XLIX.

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V. prop. XXXIV.

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Krause, Ensayo para articular los mandamientos para la humanización del individuo (a) en el Diario de la vida de la Humanidad (Desde, 1811), publicación que no se encuentra ya en las librerías. También se halla dicho Ensayo reimpreso con algunas adiciones en sus Lecc. de Fil. de la Hist., p. 513 a 519.

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V. prop. LXIII.

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Idea que ha proclamado en especial y con insistencia Federico Fioebel, estimulado muy principalmente en sus tendencias humanitarias por el Ideal de la Humanidad, de Krause. -Comp. también la Revelación de Juan, 21, v. 1, 3 y 5; y Krause, Lecc. de Fil. de la Hist., p. 384, etc.

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Rom. 12, 3 a 10; 1 Cor. 12.

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Comp. el pasaje literal de Krause, tomado de la Panegersia (Despertamiento universal) de Juan Amós Comedio y reimpreso en nuestro escrito El Congreso de Filósofos, etc., p. 33 a 61. -No puedo prescindir de llamar aquí otra vez la atención de los contemporáneos sobre que no podrían celebrar más dignamente el segundo centenario de la muerte de uno de los más grandes hombres que han existido (Comenio n. en Moravia en 1592 y m. en Amsterdam en 1671), que reuniendo permanentemente en su espíritu a cuantos en todas partes aspiran a promover el bien, en pacífica y conciliatoria asamblea para aquél los asuntos que conciernen a todos. Tales asociaciones serían juntamente el más adecuado trabajo preliminar y fuer za auxiliar del Congreso de Filósofos.

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Palabras de Bertoldo Auerbach, al cual leía yo estas proposiciones y que me hizo notar que las verdades en ellas consignadas podrían expresarse del modo más breve posible «como lema y bandera» de la Nueva Era.

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Comp. mi Prólogo a las Lecc. de Fil. de la Hist. de Krause, d. XV (13 en la ed. aparte.)

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Demás es advertir que no ara dado al último Concilio del Vaticano realizar estas aspiraciones.

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