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51

Ver Astrana, V, 576-77 y Cayetano A. de la Barrera, El cachetero del «Buscapié» (Santander 1916), p. 40, n. 1. La imperecedera leyenda de la ingratitud de Béjar todavía se encuentra en numerosas obras populares sobre Cervantes.

 

52

Sobre la amistad de Cervantes con Mesa, ver mi «Cervantes y Tasso vueltos a examinar», en este volumen, pp. 53-54

 

53

Véase Astrana, V, 573-74 y 585-86. Alejandro Magno es también tomado en el Quijote, II, 344, 21: I, 47 y IV, 272, 26: II, 60 como símbolo de generosidad.

 

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Incluso si estas líneas tenían la intención en un principio de referirse a Béjar, no es una contradicción dejarlas en un libro dedicado a Lemos, para el cual la alabanza desde luego era también apropiada; es por supuesto una falta de lógica menor que el de dejar en la segunda parte el comentario sobre el error del rucio de la primera parte, corregido en todas las ediciones después de la primera. (Véase «El rucio de Sancho y la fecha de composición de la segunda parte del Quijote», incluido en este volumen.) Sobre la falta de revisión de Cervantes, véase A study of «Don Quixote», capítulo VI.

 

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Estos sueldos eran sólo temporales, pues las comisiones más largas eran de 250 días, pero sin embargo hay que suponer que son representativos de la condición económica de Cervantes, y no representan un repentino y temporal ascenso a una clase superior.

 

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Además de la aprobación de Márquez Torres, esto podría deducirse del discurso sobre las armas y las letras, especialmente al final del capítulo 37 de la primera parte, y por el desdén de don Quijote por los caballeros cortesanos (véase III, 91, 17-92, 8: II, 6) y sus comentarios sobre la recepción de Sancho de un gobierno (véase IV, 50, 9-28: II, 42).

 

57

«Nunca en parte alguna [que en la corte de España] se vio ciudad que la aventajase en el lujo y ostentación de su nobleza» (Pinheiro da Veiga, citado en Alonso Cortés, Casos cervantinos, p. 132).

 

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Sobre vivir de rentas, véase Bartolomé Bennassar, Valladolid au siècle d'or. Une ville de Castille et sa campagne au XVe. siècle. (París, La Haya Mouton, 1967), capítulo 8.

 

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Véase especialmente Pérez Pastor, II, 173-74 (Astrana, IV, 458); Rodríguez Marín, Doc. CIX; Asensio, pp. 17-18 (Astrana, IV, 532-33).

 

60

He aquí algunos sueldos para su comparación, puestos todos en una única escala de reales por año. El pastor Andrés ganaba 84 reales al año (siete reales al mes; Quijote, I, 79, 18: I, 4). Una aprendiz de costurera, además de la habitación, comida, vestidos, cuidado médico e instrucción, recibía 88 reales (3.000 maravedíes) al año (Pérez Pastor, I, 15-17); una criada nueva, al parecer de catorce años, recibía, además de la instrucción y habitación y comida, 110 reales (10 ducados) al año (Pérez Pastor, I, 135-37; Fitzmaurice-Kelly, pp. 104-05). Sancho Panza recibió de Tomé Carrasco 264 reales al año (2 ducados al mes), «amén de la comida» (III, 353, 26-29: II, 28). El capellán del duque de Béjar recibía 1.176 reales (40.000 maravedíes) al año, y Cristóbal de Mesa ocupó este puesto y durante un tiempo recibió además otro tanto, simultáneamente, como «preceptor de su primogénito» (Rodríguez Marín, «nueva edición crítica», IX, 11-12; Astrana, V, 574, n. 3); y presumiblemente habitación y comida formaban también parte de la remuneración. Un jornalero ganaba de 1.095 a 1.460 reales al año: 3 reales al día para un cochero, 3,5 reales para un carpintero, yesero o techador, y 4 reales para un maestro en estos oficios y también para un mulero (Bennassar, p. 297; Díez Borque, p. 105; Moisés García de la Torre, que comenta sobre la precisión con que estos asuntos son tratados en la ficción de Cervantes, «Cervantes y el mundo de los caminos: las mulas. Realidad histórica y ficción literaria», en Cervantes, su obra y su mundo. Actas del I Congreso Internacional sobre Cervantes (Madrid: Edi-6, 1981), pp. 213-25, en pp. 218-19).

Murcia de la Llana, corrector de la segunda parte del Quijote (hijo del Murcia de la Llana que corrigió la primera) recibió, por sus tareas eventuales y medianamente ejecutadas, el sueldo de 1.471 reales (50.000 maravedíes) al año y casi la misma cantidad en «emolumentos» (Pérez Pastor, III, 434). Cristóbal Pérez de Herrera recibió 588 reales (20.000 maravedíes) como procurador general de los pobres y 1.765 reales (60.000 maravedíes) como médico del rey (Michel Cavillac, «Noblesse et ambiguités au temps de Cervantes: Le cas du docteur Cristóbal Pérez de Herrera [1556?-1620]», Mélanges de la Casa Velázquez, tomo 11 (1975), 177-212, en p. 181; Cavillac ed., Pérez de Herrera, Discursos del amparo de los legítimos pobres, Clásicos Castellanos, 199, pp. lv-lviii). Esteban de Garibay recibió 2.353 reales (80.000 maravedíes) como cronista real (Astrana, V, 543); Agustín de Rojas, autor de El viage entretenido, ganó 2.800 reales por un año de trabajo como actor (Hugo Albert Rennert, The Spanish stage in the time of Lope de Vega (1909; rpt. New York: Dover, 1963), p. 183), aunque otros actores recibían mucho menos, 3 reales por actuación, más habitación, comida y gastos de viaje (Rennert, p. 141). Un ayudante de Cervantes como comisario, Simón de Salazar, recibía una paga anual de 2.190 reales (6 reales diarios) (Rodríguez Marín, Doc. CIX; Astrana, IV, 365). Otro comisario, Miguel de Santa María, recibía la misma paga que Cervantes, 4.380 reales al año (12 reales diarios) (Pérez Pastor, II, 171; Fitzmaurice-Kelly, p. 75, n. 1). Un inspector de barcos para la Inquisición recibía 3.285 reales al año (9 reales diarios) (H. W. Taylor, «The English experience of the Spanish crisis of the early-seventeenth century» en Essays in honour of Robert Brian Tate from his colleagues and pupils (Nottingham: University of Nottingham, 1984), pp. 131-36, en p. 134). «Una persona a la cobranza» recibía 5.367 reales al año (500 maravedíes, o casi 15 reales al día) (Georges Cirot, Mariana historien (Bordeaux 1904), p. 185, n. 1). Los catedráticos de la Universidad de Valladolid, entre los mejores pagados en el país, recibían un promedio de sueldo de 5.500 reales (500 ducados) al año (Bennassar, p. 359). Los consejeros en tiempos de Felipe III cobraban unos 11.764 reales (400.000 maravedíes), más gastos, al año (Richard L. Kagan, Lawsuits and litigants in Castile 1500-1700 (Chapel Hill: University of North Carolina Press, 1981), p. 54); a Bernabé de Pedroso, como consejero de hacienda, Felipe III le pagaba 13.235 reales (450.000 maravedíes) (Astrana, V, 295). Un oidor a finales del siglo XVI recibía un salario de 9.706 reales (330.000 maravedíes), más la mitad para gastos y sumas adicionales para deberes especiales; «en conjunto, los oídores podían fácilmente ganar más de 500.000 o 600.000 maravedíes [14.705 o 17.647 reales] al año» (Kagan, Lawsuits, pp. 182-83; Bennassar, p. 366). En contraste con todos estos sueldos, el abad de Valladolid tenía unos ingresos de 29.412 reales al año (1.000.000 de maravedíes; Bennassar, p. 391), el príncipe Filiberto de Saboya recibía un sueldo de 264.000 reales (24.000 ducados) como «general de la mar» (Astrana, VII, 47), y las rentas de uno de los hombres más ricos de España, Pedro de Toledo, para quien la hermana de Cervantes, Andrea, hacía camisas (referencias en la nota siguiente), excedían los 770.000 reales (70.000 ducados) al año (Astrana, V, 499).