91
La única cita abierta de Petrarca (El casamiento engañoso, III, 146, 20-21) es sobre el engaño.
92
El paralelo citado por Forcione, «Cervantes, Tasso, and the Romanzi polemic», p. 436 (también Cervantes, Aristotle, and the «Persiles», p. 102, n. 21), es interesante, pero apenas concluyente; se podría esperar una evidencia mayor que este sencillo y bien conocido símil. (Véase el comentario de Riley en su análisis, Hispanic Review, tomo 41 (1973), 563-67, en p. 564, n. 1.) Francisco López Estrada, en su abrumadoramente negativo examen de «La influencia italiana en La Galatea de Cervantes», Comparative Literature, tomo 1 (1952), 161-69, también argumenta contra la influencia de Dante (p. 168). Además de Ariosto, los únicos autores italianos que han sido clara e inequívocamente identificados como fuentes cervatinas son Bembo, Tansillo y Mario Equicola; véase Eugenio Mele, «Il Cervantes traduttore d'un madrigale del Bembo e un'ottava del Tansillo», Giornale Storico della Letteratura Italiana, tomo 34 (1899), 457-60 y Geoffrey Stagg, «Plagiarism in La Galatea», Filologia Romanza, tomo 6 (1959), 255-76; ninguno de éstos, debe advertirse, era un teórico de la literatura. Kenneth P. Allen, «La Galatea de Cervantes y el Discurso intorno al comporre dei romanzi de Giraldi Cinthio», Revista Hispánica Moderna, tomo 39 (1976-77), 52-68, aunque reforzando la importancia de Bembo, admite que su argumentación por la influencia de Giraldi es floja. Otros estudios, como los de Joseph Fucilla, «El papel del Cortegiano en la segunda parte del Quijote», pp. 17-26, y «Ecos de Sannazaro y de Tasso en el Quijote», pp. 27-37 de su colección Relaciones hispanoitalianas, Anejo 59 de la Revista de Filología Española (Madrid 1953), se extienden demasiado sobre lugares comunes. (Incluso con este enfoque, Fucilla encuentra que «las huellas [de Tasso] son muy secundarias», p. 36.)
93
Así su «edad» fue «más venturosa / que aquella de los griegos y latinos» (La Galatea, II, 214, 15-16: VI). La misma observación se hace en una obra de erudición literaria que Cervantes seguramente conocía, pero cuya considerable influencia sobre él está sin examinar: Arte poética en romance castellano de Miguel Sánchez de Lima (1580), pp. 21-23 de la edición de Rafael de Balbín Lucas (Madrid: CSIC, 1944). Incluso los versos del conde de Lemos «excedían a los de Virgilio y Homero» (Alfonso Pardo Manuel de Villena, Marqués de Rafal, Un mecenas español del siglo XVII. El Conde de Lemos (Madrid 1911), p. 168).
94
Sobre Garcés, véase Luis Monguió, Sobre un escritor elogiado por Cervantes. Los versos del perulero Enrique Garcés y sus amigos (1591), University of California Publications in Modero Philology, 58, Núm. i (Berkel ey and Los Angeles: University of California Press, 1960), pp. 1-64.
95
Así como Lope intentó superar a Tasso (Arce, p. 46), lo mismo en las obras de Cervantes vemos un intento de aventajar a los italianos y competir con los clásicos. Todo el mundo está de acuerdo en que el Parnaso es superior a su predecesor italiano, el Viaggio in Parnaso de Caporali, las Novelas de Cervantes son superiores a las de los novelieri (es innegable que son más ejemplares), y él creía que, purificando el libro de caballerías, podía escribir una obra de la talla de las de Homero y Virgilio (Quijote, II, 346, 10-12: I, 48). El Persiles «se atreve a competir con Eliodoro» (Novelas ejemplares, I, 23, 16-17: Prólogo), y podría «llegar al extremo de bondad possible» (Quijote, III, 34, 17-18: II, Dedicatoria).
96
Este debate, que trataré en breve con mayor extensión, versaba sobre la naturaleza de la épica, y si el Orlando furioso, con su falta de respeto a la verdad histórica, religión y caballería, y su carencia de un protagonista único, debería clasificarse como tal o como un género nuevo, el romanzo. La mejor introducción a este debate es Camilo Guerrieri Crocetti, G. B. Giraldi ed il pensiero critico del sec. XVI (Milán: Dante Alighieri, 1932), que incluye un capítulo sobre «Aristotelismo e romanzo» y otro sobre «Cervantes e Lope de Vega».
97
Véase Maxime Chevalier, L'Arioste en Espagne (Bordeaux: Institut d'Études Ibériques et Ibéro-Américaines de l'Université de Bordeaux, 1966), pp. 439-91.
98
Sobre la ausencia de influjo de la Aminta en Cervantes, véase el artículo de Fucilla citado en la nota 87.
99
«Cantando», en la edición de Avalle-Arce.
100
López de Zárate estaba muy bien considerado en su día y fue muy alabado por Lope, Gracián y Pérez de Montalbán; Nicolás Antonio «le atribuyó casi el principado de los poetas» (María Teresa González de Garay Fernández, Introducción a la obra poética de Francisco López de Zárate (Logroño: Instituto de Estudios Riojanos, 1982), p. 25). Por la dedicatoria de sus Varias poesías en 1619, el duque de Medina-Sidonia lo premió con una corona de oro por cada verso, suma verdaderamente fabulosa (González, p. 59).