571
Aparte de todas las referencias que hemos venido dando a este «humanismo», recuérdese, tal como se señalaba en la Ponencia colectiva de que, en parte, procede este comentario de Renau: «Entendemos el humanismo -había dicho Serrano Plaja en la Ponencia Colectiva que él redactó casi íntegramente- como aquello que intente comprender al hombre, a todos los hombres, a fondo. Entendemos el humanismo como el intento de restituir al hombre la conciencia de su valor, de trabajar para limpiar la civilización moderna de la barbarie capitalista» («Ponencia colectiva ante el II Congreso Internacional de Escritores», Hora de España, 8, pp. 273-287))
572
Cf. el texto sobre Picasso que sirvió como catálogo de la exposición del pintor malagueño organizada por la Sociedad de Arte Moderno de México, de importancia fundamental para comprender la concepción del arte en el exilio (Manuel García, «Arte y exilio (1939-1945)», Exiliados: obra y memoria del exilio valenciano en América, vol. II, op. cit., p. 30).
573
Cf. Souto Alabarce, «Artes», El exilio español en México 1939-1982, op. cit., p. 442.
574
Ibídem.
575
Ana Ortiz Angulo, Definición y clasificación del arte popular, op. cit., p. 12. Estas y otras cuestiones encuentran su punto de referencia imprescindible en Adolfo Sánchez Vázquez, Estética y marxismo, 3 vols., Grijalbo, México, 1970.
576
Comentaba Max Aub en su Discurso de la novela española, op. cit., p. 102: «Los escritores franceses que, en medio de tanto androginismo, traían un nuevo modo de enfrentarse con la vida, Malraux y Aragón, unidos a algunos novelistas norteamericanos, cuya barbarie técnica traía hálito directo de la calle y el campo, los novelistas soviéticos, de valer muy desigual, pero todos al servicio de la colectividad, y los novelistas iberoamericanos iban a consolidar los cauces de un nuevo realismo. (Los primores alfeñicados por mucho que se les quiera resguardar en alcoholes o algodón suavísimo, se van a morir. Les queda de vida lo que duren los ayes melancólicos de damas..., añorando perdidos salones)».
577
«...es literatura humana aquella que ofrece un cauce inmediato de comunicación basado en significar con transparencia cuestiones íntimas personales (amorosas, religiosas, vitales en general)... Sea literatura social la que trate cuestiones objetivas colectivas, aunque sea desde un enfoque subjetivo o emocional, excluyendo lo íntimo personal, salvo que esto último se presente como repercusión de lo primero en la intimidad del autor o sujeto poético», «El compromiso ideológico en la literatura española durante la primera posguerra», La II República, una esperanza frustrada, op. cit., p. 198.
578
«Para quién escribimos nosotros», loc. cit. y «La novela española contemporánea», loc. cit.
579
La reseña de Enríquez Calleja (8-9, p. 112) nos parece algo confusa y, a pesar de algunas intuiciones correctas, poco significativa. En ella su autor se refiere a la superación actual tanto de la literatura conocida equivocadamente como «de compromiso» como de las vanguardias artísticas y propone un retorno a los clásicos que ya supieron realizar una obra completa, en la cual tenía tanta importancia el aspecto formal como su contenido. La renovación, a su juicio, pasará también por el cambio estrófico. Por ello propone la necesidad de elaborar poemas largos: «...hay que vivar en redondo hacia el poema con pies y con cabeza, y huir de las poesías de poetas para poetas que se parecen a las epístolas de novios en que solamente las entienden aquellos que se las escriben. Poemas largos y pletóricos de vida para que los pueda leer el público de ahora y el de luego» (8-9, p. 121). Creemos que, a pesar de las buenas intenciones de su autor, sus opiniones se alejan en mucho de las tendencias comúnmente expresadas en España Peregrina.
580
Cf. L. Fernández Cifuentes, op. cit.