461
Este fue, sin duda, uno de los argumentos en que se basaría la cultura franquista para descalificar, primero, y consentir, después, a estos autores. De Lorca, por ejemplo, todavía se afirmaba en 1967: «...en torno al autor se ha edificado una leyenda, convencional y absurda, que tiende a convertirlo poco menos que en un mito. Y esto, decididamente, no es serio. A García Lorca le bastan sus romances y otras cosas para adjudicarle un lugar preeminente en la literatura española y no es menester, por consiguiente, desorbitar y retorcer circunstancias y coyunturas» (J.L. Santaló, cit. en I. M. Gil, op. cit., p. 10).
462
En efecto, muchos de los datos biográficos que se recogen en España Peregrina -en gran parte, narrados por testimonios directos- aportan una información importante para el historiador y el crítico literario. De no haber sido por estas revistas y las demás publicaciones del destierro -libros, folletos...-, una parte de la vida y obra de estos autores (como de otros muchos) hubiera caído irremediablemente en el olvido que se potenciaba en la Península, donde se eliminaban sus títulos de las librerías y las bibliotecas, llegándose a prohibir traducciones porque habían sido realizadas por autores exiliados. Cf. M. L. Abellán, op. cit.
463
Naturalmente, la visión de Machado no se mantendrá fija, sino que irá variando al tiempo que lo hacen las demás actitudes del exilio intelectual español. El mismo tratamiento que se da de él en las revistas es significativo: el Machado reseñado en Las Españas difiere del reflejado algún tiempo después en Boletín de la Unión de Intelectuales Españoles; asimismo se diferencia del que testimonian las revistas de «los cachorros». La complejidad de la cuestión exige un estudio pormenorizado que no sólo alumbraría sobre la recepción del poeta español -complementando los estudios que se han hecho desde la Península-, sino que ejemplificaría muy bien la prioridad de unos u otros intereses en cada etapa del exilio.
464
J.R. Jiménez en «Historias de España y México», Letras de México, IV, 21, 1944, p. 5. Como el tono de los comentarios de Juan Ramón referidos a otros libros de Séneca no son todo lo elogiosos que esperaba Bergamín, este contesta el artículo anterior con «El ensimismado enfurecido», Letras de México, septiembre de 1944, p. 6. En el mismo texto de Jiménez, este alude a un artículo anterior de Bergamín publicado en El Hijo Pródigo, IV, 1944, pp. 11-20 y reimpreso en De una España Peregrina, Al-Borak, Madrid, 1972, pp. 179-203. Sobre la polémica y la presencia de Juan Ramón Jiménez en la antología Laurel, Vid. D. Eisenberg, Poeta en Nueva York: historia y problemas de un texto de Lorca, Ariel, Barcelona, 1976, p. 100 y el epílogo de Octavio Paz a la reimpresión de Laurel op. cit.
465
A. Machado era bien conocido en la Argentina desde bastantes años antes al inicio de la guerra civil (Cf. E. de Zuleta, Relaciones literarias entre España y la Argentina, Ediciones Cultura Hispánica, Madrid, 1983). La guerra intensificó los lazos de amistad, sin duda, con Machado y otros muchos intelectuales republicanos.
466
Antonio Machado. Poeta en el exilio, Anthropos, Barcelona, 1985, p. 454.
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En la segunda entrega de España Peregrina, Joaquín Xirau relataba su últimos recuerdos de Machado, que reforzaban esta posición: «...venían constantemente del frente de batalla espléndidos jóvenes que le traían presentes -corderos, panes, tabaco- de la intendencia militar... Una vez, en los días optimistas en que las tropas republicanas atravesaron el Ebro, llegaron algunos de aquellos jóvenes, gallardos, sonrientes... don Antonio les preguntó: ¿Qué tal, muchachos, cómo va eso? -Muy bien, don Antonio, esto va muy bien-. Sí, claro, esta va bien -contestó- y volviéndose a mí añadió: como el irlandés del cuento. Y me contó el cuento del irlandés. Con conciencia plena de la tragedia, don Antonio seguía allí, sereno y resignado. En cierto sentido, en efecto, las cosas iban muy bien. En medio de la hecatombe moral del mundo, en aquel rincón de España se mantenía íntegra la dignidad» (2, p. 67.)
468
Así lo ejemplifica un repaso por los títulos de los artículos y poemas del periodo, como puede comprobarse en el libro de Monique Alonso, op. cit.
469
Especialmente en la sección «Memorias de ultratumba».
470
Aserto que reafirman las opiniones de Machado, ampliamente conocidas por los exiliados, a las cuales se refiere el cubano Juan Marinello en un artículo aparecido en la otra revista del primer año de exilio, Romance («Primer año de Antonio Machado», VII, 1 mayo 1940, 17) y donde apunta la voluntad de fundar una comunidad de habla hispana expresada por Machado en sus últimos años.