351
Cfr. Soledad Salinas, op. cit., p. 106.
352
Su definición y papel en la historia española contemporánea cuenta ya con numerosos estudios. Entre todos ellos, destaquemos las páginas que M. Aznar Soler dedica a la cuestión en su Pensamiento literario y compromiso antifascista de la inteligencia española republicana, op. cit., pp. 8-9 y el inicio de J. Becarud y E. López Campillo, Los intelectuales españoles durante la Segunda República, Siglo XXI, Madrid, 1978, pp. 1-4.
353
Juan de Castilla, Les intellectuels espagnols devant la guerre et la révolution, (Imprimerie «La Perséverance anversoise», Anvers, 1937), pp. 2-3, cit. en J.M. Fernández Soria, op. cit., p. 119.
354
No hemos de confundir el compromiso con la adscripción a un partido político con el que se refiere a un partido concreto. Cf. sobre los diferentes niveles de compromiso el ya citado libro de J. Lechner y el estudio de José Monleón sobre El Mono Azul: «...Creo que es conveniente tener presentes estos tres niveles de adhesión [causa democrática, antifascismo y conciencia revolucionaria] para no ver luego contradicciones donde no las hay. Escritores hubo que se solidarizaron con la República y escritores hubo que, además, se solidarizaron con la revolución proletaria. Escritores que hablaban en nombre de la democracia mancillada y quienes lo hacían en nombre del socialismo. Si un André Gide se solidarizaba con la República, denunciaba el Fascismo y luego se permitía criticar el Régimen Soviético, no había en ello la menor contradicción, aunque algunos hubieran deseado que Antifascismo y Comunismo fueran una misma cosa» (p. 30).
355
A que se refería el mismo Vallejo en El Mono Azul, en febrero de 1938.
356
Ya veis: un intelectual que lleva la verdad en las entrañas, y no en la cabeza, y una verdad que le metieron, no que él se haya fabricado. ¿Puede haber algo más absurdo, con pretensiones de intelectual? Pues este absurdo es el que vengo a defender» (1, p. 15).
357
Y decimos que tan sólo teóricamente, porque, aunque resulte una paradoja, la mayor parte de los colaboradores de España Peregrina se sienten orgullosos de ser los elegidos, a causa de su elevado sentido de la justicia (1, p. 36; 4, p. 147), para actuar como portavoces de la colectividad (1, p. 38). La propuesta de lectura que realizamos a continuación, debe entenderse dentro de este marco interpretativo inicial.
358
Intervención de José Bergamín en la Conferencia Panamericana de Ayuda a los refugiados españoles, reproducida en Romance, 3, 1 marzo 1940, p. 20.
359
Resulta casi innecesario añadir que el republicano español es, a su juicio, este «hombre» encargado de anticipar el nuevo mundo: «...resulta evidente que en un momento crítico de la historia, en el momento de tránsito de lo personal a lo colectivo, de uno a otro sistema económico, de uno a otro plano de conciencia, ha de constituirse una colectividad desinteresada, distinta de todo lo hasta aquí conocido, llamada a enfrentarse con las tareas específicamente espirituales que la transformación propone. Este es el caso del pueblo español, de esta España Peregrina que, nacida en un sistema, es traspuesta a otro como la alada mariposa surgida de la transmutación del gusano» (8-9, p. 54); «...nos toca apoderarnos del espíritu verdadero de su mensaje, abrir los ojos, adquirir conocimiento de lo instante en este proceso humano de conquista de la Realidad, salvar los principios morales, desconocidos hoy por todos, que hagan posible el advenimiento del mundo nuevo en esta tierra de promisión en que vivimos» (4, p. 169).
360
«Las mismas que, en general, defendían los intelectuales de la Junta, como evidencia Bergamín en su intervención en la Conferencia Panamericana de Ayuda a los Refugiados Españoles: «Por eso quiero recordaros que, entre intelectuales, existen dos especies diferentes, aquellos para quienes la inteligencia es una facultad de decisión, y que son los escépticos y, por consiguiente, los creyentes; y aquellos otros para quienes la inteligencia es una facultad de indecisión y que son los crédulos e incrédulos... Yo que en este aspecto soy un esqueleto casi simbólico de la otra inteligencia a que me refiero, de la de los escépticos y creyentes, quiero deciros, cómo todos aquellos intelectuales españoles de esta última especie, cualquiera de ellos con más autoridad que la mía, hombres de las más distintas tendencias políticas, de las más diversas y aun contrarias convicciones, y que todos juntos formamos esta Junta de Cultura Española, coincidimos precisamente en esto: en la decisión de la inteligencia; y por eso estuvimos, estamos y estaremos con el pueblo español, fuera y dentro de España, porque a él le debemos, por la palabra, la inteligencia, la decisión, la pasión, el coraje de la inteligencia»» -el subrayado es nuestro (Romance, 3, 1 marzo 1940, p. 20).