241
J. Chabás, Literatura española contemporánea (1898-1950), Cultural, La Habana, 1952, p. 675. Aparte de las referencias que sobre él encontrábamos a propósito de su presidencia de la Real Academia de la Lengua, de él se habla en otras ocasiones: se le califica de «...poético azuzador» (6, p. 270), se pone de manifiesto su compromiso con el imperialismo italiano y los franquistas (4, p. 168),etc.
242
De él comenta Julio Rodríguez Puértolas que había participado en los Juegos florales de Vitoria, en 1938, en cuya recopilación posterior de poesías se incluyó una de sus composiciones «pasan los soldados de España», vulgarización y actualización de la «Marcha triunfal» de Rubén (op. cit., p. 177).
243
Después de las purgas de Stalin y su asunción a la secretaría del Partido y la presidencia del gobierno, se firmó -pocos días antes de estallar la Segunda Guerra Mundial- un tratado de amistad y no agresión con Alemania. Si, por este sólo hecho, los republicanos no podían mantener el «mito de Rusia» forjado durante los años anteriores, el rechazo aumentó considerablemente cuando la URSS se anexionó los territorios de Lituania, Letonia, Estonia y la Carelia finesa.
244
Así titula la redacción un fragmento de Paul Reynaud procedente del artículo «L'Italie a la croisée des chemins», publicado en Paris Soir (14-XI-1936). En él se comenta: «Tres potencias se han desentendido de la Sociedad de las Naciones: el Japón, Alemania e Italia. Las dos primeras se encuentran ya fuera de ella. No admiten barreras morales para el ejercicio de su fuerza... Es la ley de la selva opuesta a la ley humana de la Sociedad de las Naciones» (4, p. 164).
245
Vid. también «Bertoldo, Bertoldino y Cacaseno» (5, p. 207) como muestra de este humor larreano.
246
A. Sánchez Barbudo, Introducción a la reimpresión facsimilar de Romance, Detlev Auvermann, Glashütten in Taunus, 1974, s/p.
247
«La negativa por parte de Francia y de Inglaterra a intervenir para salvar al gobierno legalmente elegido, la disponibilidad de las potencias del Eje a pescar en río revuelto, y la intervención bizantina de la Unión Soviética, no hicieron más que convertir España en el punto nodal de Europa. La reacción de estos poderes situó a España en un continuum que se remontaba a la revolución de los bolcheviques. España se convirtió en el último campo de batalla de una guerra europea continuada, cuyas batallas anteriores se habían dado en Viena en 1934, en Berlín en 1933, en Lisboa en 1926, en Roma en 1922» (Paul Preston, «Venganza y reconciliación: la guerra civil española y la memoria histórica», B. Ciplijauskaité y C. Maurer, eds., La voluntad de humanismo. Homenaje a Juan Marichal, Anthropos, Barcelona, 1990, p. 76).
248
G. Penalva, op. cit., p. 159.
249
Vid. Juan Larrea en «¡Ojo al Cristo!» [4, p. 170] y José Manuel Gallegos en «La razón de una sinrazón» [4, 152]. En este último artículo se afirma: «Día tras día, estuvimos repitiendo con desesperada energía que la guerra contra España no era tan sólo una preparación para esta otra guerra, sino su principio mismo, y que la agresión brutal, la conculcación del derecho, la intervención extranjera, las destrucciones y matanzas totales que el pueblo español estaba padeciendo eran el nuevo estilo de esa guerra, cuyos frentes circunstanciales pasaban entonces por España y pronto estarían en otros países» (p. 152).
250
C. Villegas, ed., op. cit.