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C. Villegas, op. cit.

 

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Ibídem. Este libro nos sirve como punto de partida en muchos de los juicios que apuntamos a continuación.

 

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«Este vivir en una España ideal, habitada por los valores de la cultura y del espíritu, es un rasgo evidente en todos los filósofos emigrados, que si bien puede ser compensación psicológica de la pérdida de la España real por un lado, por otro ha constituido aportación de auténtica valía para la comprensión de nuestros valores y de su sentido dentro de la historia» (J.L. Abellán, «Filosofía española en América», Guadarrama, Madrid, 1967, p. 26).

 

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Cf. la clarificadora nota de Francisco Giner de los Ríos, «María Zambrano. Pensamiento y poesía en la Vida española», Letras de México, II, 12, 14 diciembre 1939, pp. 5 y 6.

 

175

«La evolución espiritual de los españoles en la emigración», en Crítica y meditación, Taurus, Madrid, 1955, p. 191.

 

176

J.L. Abellán, «Filosofía y pensamiento en el exilio», en El exilio español de 1939, op. cit., p. 161.

 

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Liberado del sentido conservador que tenía durante la II República, vid. Juan F. García Santos, Léxico y política de la segunda república, Universidad de Salamanca, Salamanca, 1989, pp. 537.

 

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Acuñado el término -según indica Segundo Serrano Poncela en «La novela española contemporánea», «La Torre», 2, 1953, p. 109- por Fidelino de Figueiredo, su historia es tan amplia que encontraríamos testimonios de su significado, incluso avant la lettre, desde el siglo XVII. Durante la República, el concepto se actualiza, apareciendo tanto en el campo político de las derechas como el de las izquierdas, aunque más en estas que en aquellas. Cf. J.F. García Santos, «op. cit.», p. 526-533 que documenta su utilización: «Así, frente a la España nueva, la España republicana, está la España vieja, de que hablan Carrasco Formiguera y Juan Guixé; de la España de ayer frente a la España de hoy y de la España viva frente a la España muerta, Gordón Ordás, y de la España de ayer frente a la España de mañana, la España pretérita y la España futura, habla la revista Leviatán... La España vieja o España de ayer es, siempre en boca de izquierdistas, republicanos o marxistas, la España troglodita (Clara Campoamor en Radical); la España intolerante, inquisitorial, dictatorial, fanática (Marcelino Domingo en El Liberal), la España incendiaria, la España del fuego inquisitorial (Manifiesto del grupo Al Servicio de la República con motivo de la quema de conventos, citado por Arrarás); la España leprosa, la España podrida y la España oscurantista (El Socialista); la España absolutista, intransigente, fanática (en el cura republicano Juan García Morales)... La España nueva, también para los izquierdistas, es: la España liberal (García Morales); la España progresiva y trabajadora (José Silva), y la España de la civilización y de la libertad y la España honesta y justa» (El Liberal) «(pp. 527-528).

 

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Y que, con el punto de vista «neutral» de esos intelectuales «infra-rojos» a que se refería José Bergamín en el primer número de nuestra revista, seguiría defendiendo en el exilio Guillermo de Torre en su Menéndez Pelayo y las Dos Españas (1943), donde se refería a la oposición entre dos tendencias antagónicas que se enfrentaron en España desde el siglo XVI, proponiendo, a modo de conclusión, no la destrucción de una de ellas, sino la integración de ambas.

 

180

Vid. Paulino Masip, loc. cit., p. 41.

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