1
La frase inicial de este documento tenía la siguiente redacción tachada: «Desde que llegamos a Londres, vimos como una circunstancia plausible la residencia de don Francisco de Miranda en esta Corte, y creyendo que su comunicación no podía dejar de proporcionarnos los cono [cimientos...].
2
Aparece la siguiente redacción tachada:
«... respecto a Caracas, esencialmente interesada en la adquisición de un patriota celoso, un general experto y un profundo político».
3
Sigue el siguiente párrafo tachado:
«Los tiros de la envidia y la malignidad han atacado con particular estudio su carácter personal, atribuyendo a motivos de ambición los esfuerzos de un patriotismo acendrado (ilustrado), y confundiéndole con aquella clase de intrigantes venales que dispuestos a sacrificar todos sus deberes por el interés de subsistir, prostituyen su probidad a los Gobiernos que los pagan. Basta haber visto a Miranda para convencerse de la atrocidad con que se le ha calumniado... (para llenarse de indignación contra sus atroces calumniadores). La conducta uniforme de su vida manifiesta una alma intrépida que en todos tiempos y circunstancias no ha temido levantar la voz contra las cadenas que nos agobiaban buscando por todas partes una protección que nos ayudase a romperlas, y denunciando al Universo la política inicua y sórdida que sofocaba tantas semillas de prosperidad, con que la naturaleza nos había favorecido. Pero sus virtudes privadas no le hacen menos estimable que sus cualidades patrióticas (... que las cualidades enérgicas que ha desplegado). Su sobriedad, su incesante aplicación al estudio, sus conexiones con los literatos y con todos los hombres...».
4
Hay la siguiente variante de redacción:
«... encontrar el más leve vestigio de inmoderación, rapacidad, ni de otros desórdenes, durante la permanencia en Coro de sus tropas, cuyo Caudillo tenía sobre ellas una autoridad muy precaria».
5
Terminaba el párrafo con las siguientes variantes tachadas:
«Qué liberalidad en sus ideas, qué candor en su trato, qué elocuencia, [qué] desinteresado patriotismo.
Su trato es insinuante, su expresión enérgica, su actividad extraordinaria».
6
Aparece tachado el siguiente principio de redacción:
«Repito que él no va a Caracas con el carácter de un jefe...».
7
A continuación aparece la siguiente redacción tachada:
«... conducta; pero en todos casos me quedará la satisfacción de haber obrado conforme a lo que he creído de mi deber y a lo que ha dictado mi conciencia».
8
Juan López de Sedano (1729-1801). Parnaso Español. Colección de poesías escogidas de los más célebres poetas castellanos..., Madrid, J. Ibarra, 1768-1778; 9 volúmenes, 16 cm. En varias imprentas; 3-9, Madrid, A. de Sancha. La Égloga I de Garcilaso, t. II, pp. 1-15; y la Égloga Tirsi y las Estancias de Francisco de Figueroa, t. IV, pp. 78-88. Según Ramón Menéndez Pidal, Observaciones sobre las poesías de Francisco de Figueroa, en Boletín de la Academia Española, 1915, II, p. 303, no es segura la atribución de la Égloga Tirsi a Figueroa. Cf., además, J. W. Crawford, The source of a Pastoral Egloga atributed to Francisco de Figueroa, en Modern Language Notes, 1920, XXXV, pp. 438-439.
9
Identifiqué a Thomas Farmer como el seudónimo con que cubría su propio nombre, el caraqueño Tomás J. Quintero (Quintero: Farmer), agente secreto de la Gran Colombia en España, durante los años de la lucha por la independencia. Había ido a Madrid, como Secretario civil del arzobispo don Narciso Coll y Prat. En su correspondencia, Farmer nos habla de otra égloga de Bello, desventuradamente perdida, Palemón y Alexis, cuyo primer verso cita: «Hace el Anauco un corto abrigo en donde».
10
«Doña Bárbara», como se recordará, fue proclamado el «mejor» libro del mes de setiembre por la citada Asociación, cuyo Jurado componían, bajo la presidencia de don Eduardo Gómez de Baquero, los señores Pérez de Ayala, Salaverría, Díez-Canedo, Gabriel Miró, Pedro Sáinz y Ricardo Baeza. En su mayoría enviada previamente a América -donde nos dicen ha alcanzado una acogida entusiástica-, la primera edición se agotó a raíz del fallo, defraudando así la impaciencia de la gran masa de lectores que aquél le suscitara: y esa falta de ejemplares es sin duda la causa de que todavía ninguno de nuestros críticos se haya ocupado de la obra. Por cierto que, en compensación a la demora, ello procurara a los que le aguardan la ventaja de una nueva edición -cuya salida se anuncia dentro de este mes-, cuidadosamente revisada y corregida por el autor, que sin duda habrá aprovechado la circunstancia para aun depurar y acendrar sus excelencias, ya que no hay obra, por perfecta que sea, que no sea todavía perfectible.