81
Santa Teresa de Jesús, cartas. (N. del A.)81.1
82
Tito Livio, libro primero, capítulo octavo. (N. del A.)
83
Dionisio de Halicarnaso, Libro segundo, páginas 88 y 99. (N. del A.)83.1
|
|
||
| 83.1 |
Espejo no cita la edición, y así no podemos saber a qué edición se refiere al indicar las páginas). (N. del A. |
|
84
Plutarco.- En la vida de Licurgo y página 48. (N. del A.)84.1
|
|
||
| 84.1 |
Tampoco expresa a qué edición se refiere. (N. del E.) |
|
85
«Auctorum morborum non omnino sunt certe praenuntiationes aut salutis aut mortis».- Los presagios de los autores no son de ninguna manera anuncios ciertos ni de salud, ni de muerte en las enfermedades.- Hipócrates, Aforismos, Libro 2.º, aforismo 19. (N. del A.)
86
Puffendorf, De civ., capítulo 5.º. (N. del A.)86.1
87
«Cuydan algunos, quel Pueblo es llamado la gente menuda, assi como menestrales, e labradores; e esto non es ansi [...] Pueblo llaman el ayuntamiento de todos los omes comunalmente, de los mayores, e de los medianos, e de los menores. Ca todes son menester, e non se pueden escusar porque se han de ayudar unos a otros, porque puedan bien biuir, e ser guardados, e mantenidos». (N. del A.)87.1
88
El ilustrísimo señor doctor don Blas Sobrino y Minayo, del Consejo de Su Majestad y Dignísimo Obispo de esta Diócesis, se ha manifestado en tiempo de la calamidad pública, que acaba de experimentar esta ciudad, con motivo del contagio del Sarampión, un verdadero Obispo, semejante a los de la primitiva Iglesia en el celo, en la compasión, limosna y caridad con que ha socorrido a su grey abatida, doliente y consternada. Como es tan ingeniosa la misericordia para el alivio de los enfermos y necesitados, destinó su Señoría Ilustrísima una sala de las de su palacio a que fuese la de la provisión. Ella fue una Oficina universal de botica, donde se despachaban drogas medicinales; de carnicería, donde se daban cuantiosas raciones de carnero; y de comunes abastos, donde se prodigaban todos los víveres a beneficio de toda especie de pobres. El autor de estas reflexiones tuvo el consuelo y alegría más íntima que pudo tener, ni tendrá en toda su vida, de estar por tres días consecutivos, en los que tuvo la facultad de librar bojetas para mil individuos enfermos de su barrio de San Sebastián, a que fue destinado, dándolas con mano liberal, hasta ver su puño diestro caérsele lánguido y desfallecido de tanto escribir éstas, como las recetas a la Botica. Esta liberalidad admirable de este sagrado sacerdote, que sabe de raíz las obligaciones del Episcopado, que podremos llamar extemporáneas, no disminuyó ni un ápice de las otras copiosas limosnas ordinarias, que acostumbra dar su Señoría Ilustrísima. Antes redobló las atenciones a los infelices y las ansias de dar hasta el Sagrado pectoral, insignia de la eminente jerarquía del Sacerdocio. Al genio filosófico del autor, no hay muchas cosas que, siendo populares y debiendo saberse, las ignore. Así pudo sacar una demostración aritmética de lo que el señor Obispo expendió en el espacio de dos meses, y consiguió la adjunta lista de efectos gastados; la que va fiel y legalmente sacada, para su propia instrucción, para la edificación del pueblo, y para satisfacer a la agradecida y piadosa curiosidad de este mismo que desea conocer a qué cantidad subió la que derramó en su alivio su Pastor. (N. del A.)88.1
|
|
||
| 88.1 |
En el manuscrito no se halla la lista. (N. del E.) |
|
89
Del mismo modo el Muy Ilustre Cabildo de esta ciudad, cumpliendo por su parte con las obligaciones de Padre de la República, hizo muy frecuentes ayuntamientos, directos todos a procurar la salud pública. Llamó a los físicos a su sala de ayuntamiento, les acordó los cargos de su oficio, oyó sus consultas y pareceres, los indujo a las observaciones anatómicas, destinó a cada uno de ellos a un barrio de la ciudad, para que hiciese las visitas de enfermos en compañía de un Regidor, Diputado también a la asistencia de éstos, a librar boletas a la casa del señor Obispo, y a firmar las recetas que hacían los físicos, con cuya suscripción despachaba la Botica del Hospital lo que se le pedía, bien que asegurada de quedar pagada de propios de la ciudad. Y como en este mismo tiempo llegase un impreso de don Francisco Gil acerca de la preservación de viruelas; con este motivo, y el deseo que se suscitó de promover con todo el fervor posible los ramos de la policía médica, dio este Muy Ilustre Cabildo al Autor de las presentes reflexiones la libertad y comisión de exponer en un papel toda especie de aquellas que perteneciesen a la Física, Política, Economía y Moral; ya se ve, que por hacerle el distinguido y no merecido honor de reputarlo Filósofo instruido, y sujeto aficionado a cultivar la universal Literatura. (N. del A.)
90
El Señor Presidente Regente de esta Real Audiencia y superintendente general don Juan José de Villalengua y Marfil ha tomado las medidas necesarias a fin de libertar a este Pueblo de su ruina. Las órdenes, los influjos, las sugestiones; las copiosas limosnas: todo lo ha puesto en uso, y en aquel grado, y como lo pedía la infeliz constitución de Quito. Mas por lo que mira al proyecto de exterminar las viruelas; consta por acta capitular cuanto se interesó en solicitar su verificación, y en promover su establecimiento con el celo que pide la materia. (N. del A.)