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Epístolas

Ramón de Campoamor



  —144→  

Portada






ArribaAbajoPrimera




ArribaAbajoA mi madre


    Miedo me da el pensar lo que en mí siento
y por eso en sus males, importuno,
sólo sabe ir a ti mi pensamiento.
   Por tus renglones, que besé uno a uno,
ya se que están en nuestra humilde casa,  5
todos muy bien, aunque feliz ninguno.
   Que arrastren, como yo, su dicha escasa
con católica fe, con pecho fuerte;
que la vida es cruel, mas pronto pasa.
   Y sufriendo por Dios, tendrán la suerte  10
de vivir esa vida de alegría,
que no muere en el día de la muerte.
   ¿Quieres saber mi historia, madre mía?
¡Ay! si el saberla yo me da tormento,
el contártela a ti, ¿qué me daría?  15
   De un pesar que no espera es mi lamento;
por eso hoy busca tu materno lado,
maniático de ti, mi pensamiento.
   Del hijo más que todos desdichado,
abre tu corazón a sus gemidos,  20
por la vida tan triste que le has dado.
   Pensando en goces, para siempre huidos,
mi mano sofocando la agonía,
del corazón retiene los latidos.
   ¡Cuánto recuerdo ahora, madre mía,  25
aquel dulce mirar con que afrentabas
al sol de otoño al acabarse el día!
   ¡Cuántas dichas entonces me augurabas,
mientras viendo nacer mis sentimientos,
con el alma en los ojos me mirabas!  30
   Y aunque las dichas se volvieron cuentos,
¡como, en recuerdo de tan bellos días,
hoy te besan los pies mis pensamientos!
   Al fijar tus pupilas en las mías,
como es la voz del alma tu mirada,  35
¡qué de cosas, callando, me decías!
   Ya mi mente en tu espíritu filtrada,
dejaré deslizarse mi existencia
en tu augusta belleza vinculada.
   Tú sola en mi dolor me das paciencia,  40
pues siempre con tu imagen me acompañas,
confidente leal de mi conciencia.
   Tú de luz pura el pensamiento bañas,
la infernal lobreguez trocando en cielo,
del hijo, antes feliz, de tus entrañas.  45
   Pueda hoy contigo desahogar mi duelo,
pues sabe bien tu natural tristeza
que el placer de llorar es gran consuelo.
   Turbios mis ojos; blanca mi cabeza,
perdí con la esperanza la energía,  50
y ya hasta tengo de vivir pereza.
   Fue tan larga y terrible mi agonía,
que por tu hermosa senectud te juro
que, a no vivirme tú, me moriría.
   De tanto ser como encontré perjuro,  55
ya dejo hasta el recuerdo, que maldigo,
por tu amor siempre grande y siempre puro.
   Desde este día a tu mejor amigo
ya no le importa oscuridad o gloria,
gusto o pesar, sufriéndolo contigo.  60
   Del alma, que consagro a tu memoria,
presto los males curará la muerte,
desenlace final de toda historia.
—145→
   Y antes la edad, más que las penas, fuerte,
me dará poco a poco ese desvío,  65
que la tristeza en hábito convierte.
   Buitre de las pasiones, el hastío
con sordo afán mi corazón devora,
y el pecho se me queja a pesar mío.
    Mas así iré viviendo hora tras hora  70
hasta que ponga fin a mi existencia
aquel Dios que es más Dios del ser que llora.
   Y querrá, en su. bondad, la Providencia,
mientras llega ese fin, dar a mi mente
la angustia que se abisma en la paciencia.  75
   ¿Recuerdas la tersura de mi frente?
¡Oh, qué ¡ay! darías sus arrugas viendo,
de esos que dais las madres solamente!
   Mas concluyo esta carta, porque entiendo
que lo mismo que a mí cuando te escribo,  80
te se caerán las lágrimas leyendo.
   No llores, madre mía, pues concibo
que es pagar con un ¡ay! con mucho exceso
la ruin parte de vida que ahora vivo.
   ¡Cuánto lloras mi mal! A cuenta de eso,  85
para estampar en tu anchurosa frente,
además de otros mil, te guardo un beso.
   Dame tu bendición, que yo impaciente
a darte voy cuanto tu amor desea,
que es la ansia eterna de tenerme enfrente.  90
   Y si Dios no permite que te vea,
de mi vida los últimos alientos
besos serán que te daré en idea.
   Desde que hallé insufribles mis tormentos,
cuantas horas los días han tenido,  95
tuve yo para ti de pensamientos.
   Adiós, mi santo amor; tú siempre has sido
el ángel para mí de las mujeres;
recuerda sin cesar que no te olvido,
y escríbeme a menudo que me quieres.  100




ArribaAbajoSegunda




ArribaAbajoEpístola moral


A don F. F. Golfín

   Aunque ausente de ti, Golfín amigo,
presa feliz de tu inmortal memoria,
dejo el mundo, entro en mí, y hablo contigo.
   Y al recordarte mi doliente historia,
daré consejo a tus precoces canas,  5
diadema de tus días y tu gloria.
   Mis esperanzas ¡ay! fueron tan vanas,
tanto el placer de la ciudad me hastía,
que ni de ser feliz tengo ya ganas.
   Trueca tu vida por la vida mía,  10
o pagarás, cual pago, la flaqueza
de creer de la corte en la alegría.
   ¿Ves la dicha mayor de la grandeza?
Pues es mucho más grande y más risueño
el goce con que sueña la pobreza.  15
   ¿Y qué vale el ser grande, si al pequeño
en premiar su martirio se desvela
el alto cielo en su aparente sueño?
   Al campo por salud mi mente vuela;
que el mal de corte, que se llama hastío,  20
¡ay! como el viento del sepulcro hiela.
   Hoy, como ayer y siempre, amigo mío,
que te lleve con fruto, a Dios le ruego,
las muchas bendiciones que te envío.
   Alabado ya Dios, te escribo, y luego  25
llevo el próvido afán de mis amores
al huerto que he plantado, y que ahora riego.
   Y después, convertidos en olores,
el viento, al despertar, me vuelve y cuenta
gratísimos mensajes de las flores.  30
   Créeme, Golfín; sólo la paz se asienta
aquí donde la envidia no asesina
con su mirada de Caín sangrienta.
   Todo en la corte a la ambición inclina,
como el mar, con sus bruscas tempestades,  35
las almas de los débiles fascina.
   ¿Qué brota esa Babel, sino maldades,
para el que son, de intemperancia ajeno,
un poblado desierto las ciudades?
   Un mes hará que de cuidados lleno,  40
te dejé donde atroces las pasiones
prueban el hierro, el fuego y el veneno.
   Y ya henchido de impuras ambiciones,
como arrastra la arena, va arrastrando
el viento del desierto las naciones.  45
   ¡Cuánto Nerón la libertad va alzando,
conforme va sus hierros, oprimida,
al rostro de los siglos arrojando!
   Ven donde el aura a respirar convida
en la parte del bosque más oscura,  50
alientos de salud, soplos de vida.
   Deja del mundo la región impura,
pues casi de rodillas te lo pido
por nuestros cortos días de ventura.
   Lucharás como yo, y al fin, rendido,  55
cual cae helado con la noche el viento,
tu espíritu vital caerá abatido.
   ¿Quieres decir que es de un cobarde aliento,
cuando el ocaso de la edad avanza,
buscar desesperado el aislamiento?  60
   Mas ¿qué valor a resistir alcanza
los humanos dolores sin medida,
las desdichas que matan la esperanza?
—146→
   De tanto batallar mi alma rendida,
sin pena ni placer, deja impasible  65
estas tristes riberas de la vida.
   ¡Subir para caer! ¡Destino horrible!
¡Qué lástima da a un alma generosa
ver al hombre luchar con lo imposible!
   Porque el genio mayor ¿es otra cosa  70
que un insecto que vive recorriendo
la vasta soledad de alguna rosa?
   Obediente a mi voz, ya te estoy viendo
de la ambición, del mundo y de ti mismo,
como quien huye de su sombra, huyendo.  75
   Aléjate de ese antro, en cuyo abismo,
tras la esperanza, hasta la fe arrojamos,
y la santa pasión del patriotismo.
   Y en tanto que aquí paz juntos hallamos,
que sirvas, ruego a Dios, con buena estrella  80
la patria en que sufrimos y gozamos.
   Esa patria, Golfín, siempre tan bella,
que al recordar su no sé que divino,
hace llorar al que se ausenta de ella.
   Dile ya al mundo adiós; que es desatino  85
loco sufrir todo el azar que encierra
ese anónimo eterno del destino.
   Y a quien sirve al azar, rey de la tierra,
sin gozar del presente ni el pasado,
la execración del porvenir le aterra.  90
   Vive así, si esto es vida, atormentado
tu corazón, que es bueno entre los buenos,
en su ataúd de carne aprisionado.
   Yo, entretanto, por valles siempre amenos,
de la calumnia me atraeré, escondido,  95
si nunca caridad, silencio al menos.
   Perdón hasta a mis émulos les pido,
que ha tiempo que en las copas de las flores
bebí de mis venganzas el olvido.
   Hastiado de placeres y dolores,  100
sólo amo de las selvas la espesura,
amor que curó en mí locos amores.
   ¡Qué honda es la paz cuando la noche oscura
deja caer, por entre sombras, yerta
la luz de los amores sin ventura!  105
   ¡Qué dulce es aquí el aura, cuando incierta
hace un ruido, en los árboles fluyendo,
que aduerme, y cuando aduerme no despierta!
   Ven, y felices a tus hijos viendo,
la muerte aguardarás que nos espera,  110
espectro que se acerca y va creciendo.
   Y al lado de la dulce compañera,
que, enseñándote a creer, tu fe asegura,
porque nunca el que cree se desespera,
   Labrando seguiréis vuestra ventura,  115
con el amor juntando la inocencia,
y uniendo la virtud a la ternura.
   Que el bueno sabe bien por experiencia
que el que quiere tener sueños dorados,
purifica primero su conciencia.  120
   ¡Cuán venturosos son, aunque olvidados,
sin saber lo que es gloria ni riqueza,
los pastores que van por estos prados!
   Hay gente tan dichosa en su pobreza,
que con escaso abrigo y pan tasado,  125
no recuerda ni un día de tristeza.
   Mas tu vendrás, por el dolor guiado,
como las aves van, emigradoras,
a un país que no han visto y que han soñado.
   Verás que en estas playas seductoras,  130
si ajena de placer se pasa alguna,
vacías de dolor corren las horas.
   ¡Oh carga del poder, siempre importuna!
dando aquí Dios su gracia por consuelo,
¿qué se nos marcha al irse la fortuna?  135
   ¡Bendigamos al sol que ilustra el cielo,
que hace flores brotar a las arenas,
árboles a las rocas, fruto al hielo!
   ¡Nombre infausto el de corte, que las penas
recuerda, así como los ecos vanos  140
recuerdan al esclavo sus cadenas!
   Reina aquí el Dios que trajo a los humanos
el mando dulce, la incruenta gloria,
fe sin, superstición, paz sin tiranos.
   Ven, y mata con tiempo tu memoria,  145
mucho antes que tu nombre eche la suerte
a ese lago de sangre de la historia.
   Por no verme, Golfín, cual podrás verte,
ya he puesto entre la corte y la pradera
una ausencia absoluta cual la muerte.  150
   Que venga yo a expirar, el cielo quiera,
donde al morir, zagalas y pastores,
se sienten tristes por la vez primera.
   Y dejad que entretanto, sin dolores,
donde olvidado ya, todo se olvida,  155
me sobreviva a mi cogiendo flores.
   Mas ¡ay! bien pronto a esta mansión querida
te arrastrará la edad, pues cautamente,
sin más que andar el tiempo, obra en la vida.
   ¡Siempre contigo, aunque de ti me ausente,  160
herido el corazón, mas todo entero,
te dará su amistad eternamente;
que nada inspiras tú perecedero!



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ArribaAbajoEpístola necrológica



Dirigida al Sr. Marqués de Molins


Director de la Real Academia Española
Por don RAMÓN DE CAMPOAMOR
Individuo de la misma1


DON LUIS GONZÁLEZ BRABO2


   No quisiera escribir, Marqués amado,
la vida del ilustre consejero
del principio y del fin del gran reinado.
   ¿Qué he de decir del noble compañero
que adoró lo pasado con vehemencia,  5
mientras yo amé con fe lo venidero?
   Estoy pronto, Marqués, a la obediencia;
mas ¿no es hacer a la razón agravios
que escriba yo una epístola sin ciencia.
   Cuando pueden honrarle con sus labios  10
Canalejas, Molins, Ferrer del Río,
Plutarcos de valer de tantos sabios?
   Su talento sabrá, mejor que el mío,
pintar sucesos tristes o risueños,
que yo he olvidado, o de que ya me río.  15
   ¡Qué bien hace el que imita a los pequeños!
Mientras buscó el poder, otros buscaban
sus libros, sus quimeras y sus sueños;
   Y, cuanto más sus alas se elevaban,
más ante él unas dichas engañosas,  20
como Ítaca ante Ulises, se escapaban.
   Pues yo sólo se de él, entre otras cosas,
que tuvo una mujer hermosa y buena,
y tres hijas discretas y donosas3,
    Con su mucha bondad, de encanto llena,  25
Escosura, Oliván, Ochoa y Puente,
que hacen su gloria de aumentar la ajena,
   Pueden decir con ánimo indulgente
si fue un hombre de estado, el que en su vida
nunca supo ser frío interiormente;  30
   Y si su fe, por la pasión vencida,
por no ser más tenaz, cayó en el yerro
de verse en inconstancia convertida,
   Jamás en el poder, ni en el destierro,
pudo pasar, como otros, su existencia  35
con dos o tres propósitos de hierro.
   Yo declaro que creo en mi conciencia
que por orden fatal de su destino
siempre hubo en el más genio que prudencia.
   Dotado de pasión y estro divino,  40
fue común en su olímpica oratoria
el hacer de una idea un torbellino.
   Marqués, puesto que saben de memoria
Guerra, Hartzenbusch, Cañete y Juan Valera
lo que sueña, al dormir, la humana historia,  45
   Que pinten describiendo su carrera
(mejor que quien tan poco en esta vida
los peldaños gastó de su escalera)
   De su fortuna la ilusión perdida;
la ingratitud siguiendo a su desgracia;  50
su rápido subir; su gran caída;
   Su saludo a la joven democracia4;
su GUIRIGAY5, que de juzgar me abstengo
por dudar de su mérito y su gracia.
   ¿No tienen más saber que el que yo tengo  55
Cutanda, Rivas y Manuel Silvela,
tan doctos por derecho de abolengo,
—148→
   Para historiar, desde la misma escuela,
la vida de nuestro héroe, más variada
que la misma ficción de la novela?  60
   Y como amigo fiel y camarada,
¿no miráis a Pezuela a vuestro lado,
del último Borbón primera espada,
   Que lo tuvo en Ardoz como soldado6,
y que sabe que fue su vida entera  65
un riesgo eternamente transformado?
   El decirnos podrá de qué manera
defendiendo a León, una memoria
dejó en el mundo grande y duradera7.
   Y, con ejemplos de su misma historia,  70
dirá también que obcecación es ésa
que el poder equivoca con la gloria,
   Y que, en su anhelo, de aspirar no cesa
a un renombre que llega solamente
a dos pies más allá de nuestra huesa.  75
   ¡Cuán poco piensa en general la gente
que, excepto lo que amamos y nos ama,
es el resto del mundo indiferente!
   No respondáis a la ambición si os llama.
Nos causan menos mal nuestras flaquezas,  80
que esa idea maldita de la fama.
   ¡Dichoso el que desprecia las grandezas,
y vive con su mesa abastecida
de queso, pan, legumbres y cerezas!
   Podía con su gracia sin medida  85
describirnos Segovia al poderoso
que subió, sin pensar en la caída,
   Y también unos años de reposo
en que espejo fue a ser de embajadores,
siendo en Lisboa y Londres venturoso8;  90
   Y, al fin de este descanso en sus dolores,
cual sabio embajador, decirnos Cueto
cómo ha seguido Ulises sus errores.
   Y ¡qué trabajo harían tan completo
Rubí, Tamayo y Adelardo Ayala,  95
como hijos de Shakespeare y de Moreto,
   Si, al recorrer de la pasión la escala,
quisiesen hoy decirnos de qué modo
ahuyenta a la amistad la suerte mala,
   Qué es la ambición, que lo trastorna todo,  100
que en un mundo tan grande y tan pequeño
nada hay debajo de ella, incluso el lodo!
   ¿Cómo saldré, Marqués, de este arduo empeño,
yo, pecador, que a la virtud ultrajo,
la holganza entremezclando con el sueño?  105
   ¿Por qué no dais a Olózaga el trabajo,
a quien Brabo acuso, como él decía,
«poniendo su cabeza sobre un tajo?»9.
   ¿Fue el vivo acusador donde quería?
El hombre va donde lo arrastra el viento,  110
y, siempre que se mueve, Dios le guía,
   ¿Cuál de ellos olvidó por un momento,
en ansia de mandar arrebatado
que es la virtud más grande que el talento?
   ¡Oh sangrientas antítesis del hado!  115
Muchos años después, lejos de España,
siguió el acusador al acusado,
   Y algo llevó en su faz por tierra extraña
de aquella luz que fulguró en el trecho
que recorrió Moisés por la montaña.  120
   Es tan brutal la autoridad del hecho,
que, aun siendo justa, es la justicia odiosa
cuando hace entrar en cólera al derecho.
   ¡Cómo empieza a cubrir la eterna losa
recuerdos tan ardientes y hoy tan fríos!  125
¡Cuánto rumor para tan poca cosa!
   Mas ¿por qué en vez de los tercetos míos.
no han de cantar su vida en alto coro
Castelar, Nocedal, Cánovas, Ríos,
   Que en este siglo, ante sus leguas de oro,  130
con perdón de la Grecia, el gran tribuno
tal vez sería un orador de foro?
   Ellos pondrán pintarnos, cual ninguno,
a ese vulgo que grita imperturbable
¡muera Jesús! porque lo grita alguno,  135
   Y hablarnos de aquel genio inimitable
que en diez discursos repitió la historia
del motín de una noche memorable10.
   ¿Qué fue de aquel poder y aquella gloria?
Es ya vano decirlo, aunque no es vano  140
el dar algún repaso a la memoria.
   ¿Qué fue de él? Para el cielo soberano
no es un héroe mayor que un hormiguero,
y es lo mismo una flor que el Océano.
   Él fue donde, quitándose el sombrero,  145
fueron reyes también y emperadores:
a pedir pan y paz al extranjero.
   Echemos ya sobre su tumba flores.
Calumniado cayó como vencido.
¿Caerán con más honor los vencedores?  150
   De un grande a esta miseria reducido,
¿qué nos queda? Una pálida memoria,
y una sombra de un bien desvanecido.
   Si fue o no justo, lo dirá la historia;
pues no siempre el pendón de los mejores  155
se lleva en este mundo la victoria.
   Y ¿fueron de él tan sólo sus errores,
hoy que al más bravo corazón consterna
el dirigir a pueblos de habladores?
   Faltó en pensar, cual todo el que gobierna,  160
si en la forma (no el fondo) es preferible
el dorio al jonio: la cuestión eterna.
   Y ¿faltó en más? No sé; pero es posible.
Él creyó gobernar con los mejores,
perpetua aspiración a un imposible.  165
—149→
   Mas lleguemos al fin, que odios y amores
muy pronto un mismo polvo los espera,
confundiendo a oprimidos y a opresores;
   Y, suceda en el mundo lo que quiera,
ya sus prados traerá de flores llenos,  170
como el año anterior, la primavera.
   Todos se creen los más y los más buenos,
hasta que viene a revelar la muerte
cuál vale más, esto es, cuál vale menos.
   Se humilla al débil y se teme al fuerte,  175
y el vulgo nunca ve con simpatía
ni a las virtudes ni a la buena suerte.
   Siempre pasó lo mismo, desde el día
en que estaba en el mar Sierra Nevada
escondiendo la frente todavía.  180
   ¡Luchar! ¡Subir! Y al fin de la jornada
hallar calumnias, decepciones, males...
Debe haber Dios, sino... todo esto es nada.
   ¿Por qué querrán las leyes inmortales
que sea todo triunfo pasajero  185
y haya más enemigos que imparciales?
   Siendo un león más dulce que un cordero,
ya herido, le acosaron con encono
la envidia y la ambición, el mundo entero.
   Pero yo en nombre suyo les perdono,  190
como el arriba perdonando, cuenta
a los muchos apóstatas del trono.
   ¡Calcule el alma, de rencor exenta,
lo triste que habrá muerto un gaditano
bajo un sol que ni alumbra ni calienta!11.  195
   ¡Premie el cielo dolor tan sobrehumano,
cuando el mérito pese de este duelo
el que pesa los astros con la mano!
   Halló en Biarritz, por fin, su desconsuelo
la postrera estación de su calvario,  200
bajo un vaho que en Francia llaman cielo.
   Así un liberto, en punto solitario,
a Pompeyo enterró bajo la arena
con la ayuda de un pobre legionario.
   Morir en el destierro es grande pena;  205
mas nos marca la entrada y la salida
el que saca los siglos a la escena.
   Una tragedia griega harto sabida:
-«Volved» dice «los ojos ¡oh mortales!
hacia el último día de la vida.»-  210
   ¡Qué rancias vanidades terrenales!
Cuando se va a morir todo es locura,
y verdades y sucios son iguales.
   Murió; pero nos dice la Escritura:
- «No lo busque entre muertos quien le llora,  215
que está lleno de vida allá en la altura»-
   Está en la altura, el que ya sabe ahora
lo que le dice el río a su ribera,
el mar al sol y el pájaro a la aurora;
   El hombre que al llegar su hora postrera  220
-«¡Mis hijas! exclamó. «¡Perdón, Dios mío!»-12
la última hora es la existencia entera.
   Y después de este fin solemne y pío,
que haría merecer la santa palma
a toda una existencia de extravío,  225

   Porque el cielo le dé la eterna calma
recemos hoy con corazón ferviente,
cual por nosotros rogara su alma
a la diestra del Dios omnipotente.




ArribaAbajoMadrigales

Imagen


ArribaAbajo- I -




ArribaAbajoA. B.


   -Relámpago es el genio; a su destello,
lo triste causa horror, lo bello es bello;
cuando luce ante el sol, el día alegra,
la noche ante su luz se hace más negra.-
   Esto tu madre te contaba un día,  5
y al contártelo así, decir quería
que, si en un alma, cual la tuya, encanta,
en un mal corazón el genio espanta.




ArribaAbajo- II -




ArribaAbajoA N.


   Me asomé cierto día,
y apenas me asomé, Natalia mía,
vi atmósferas más anchas y más bellas
que esos campos cerrados por estrellas;
caos de irresistible devaneo,  5
de miedo, de inocencia y de deseo,
donde el término a ver jamás se alcanza
de la dicha, el placer y la esperanza.
   Abismo que me atrae fascinado,
como atrae la muerte a un desgraciado,  10
allí mi alma aspiró, de encanto llena,
un néctar delicioso que envenena;
y allá dentro miré tímidamente,
como mira el que tiene el sol enfrente,
mil sombras, que dejaron por despojos  15
almas que en lo hondo asesinó tu encanto...
   ¿Que adónde me asomé para ver tanto?
Me asomé... a la ventana de tus ojos.




ArribaAbajo- III -




ArribaAbajoA M. L.


   Cantar quise tus ojos, Luisa mía,
mas fue gentil quimera:
¿cómo su lumbre retratar podría,
si de esos ojos, que cantar quisiera,
nadie el color ha visto todavía?  5




ArribaAbajo- IV -




ArribaAbajoA M. B.


   Tanta virtud tu corazón inspira,
que piensa el vulgo, de entusiasmo lleno,
que, al mirarlo tan bueno,
el mismo Dios que lo crió lo admira.




ArribaAbajo- V -




ArribaAbajoA L.


   No sé por qué alaban tanto
tu hermosura y gentileza,
pues yo, Luz, en tu belleza
veo tu menor encanto.
   Te juran por lo más santo  5
que tu hermosura enamora;
mi fe, que tanto te adora,
por lo más santo te jura
que, aparte de la hermosura,
eres, Luz, encantadora.  10




ArribaAbajo- VI -




ArribaAbajoQuien canta llora


EN EL ÁLBUM

   Alegra el ruiseñor las espesuras
cuando canta el dolor de sus venturas,
en tanto que la tórtola las llena
con la eterna alegría de su pena.
   Más triste que la de ambos es mi suerte,  5
Pilar, por conocerte;
ruiseñor que te canto si te miro,
tórtola, si te pierdo, que suspiro,
cuando imaginó o sueño en tu belleza,
canto de mis placeres la tristeza;  10
mas cuando pienso o sueño
que tienes otro dueño,
como tórtola fiel, deshecho en llanto,
las alegrías de mis penas canto.



  —151→  

ArribaAbajo- VII -




ArribaAbajoA Natalia y a Gonzalo Segovia, en sus bodas


   No vi más gentil doncella
ni más apuesto doncel,
ni más envidiosas de ella,
ni más envidiosos de él.








ArribaAbajoLas estaciones


   Joven, pensé, pero pensaba en vano;
ya viejo, no sé amar lo que amar quiero.
Trae rosas abril, fruto el verano,
hojas secas octubre, escarcha enero.
   Tal es la fuerza del destino humano;  5
lo que ha de ser después, nunca es primero,
espera la niñez, el joven quiere,
piensa el adulto, y la vejez se muere.






ArribaAbajoEpitafio


Escrito sobre un pensamiento de mi ahijada Julia, para el sepulcro de su madre Doña María del Carmen Arana de García

   Mientras de unirme a ti se acerca el día
tu amor recuerdo y tu virtud imito;
tu virtud que era inmensa, madre mía,
y tu amor maternal, que era infinito.






ArribaAbajoEpitafio


Para el sepulcro de mi ahijado Mariano de la Paz Ordóñez y García

   Bajó del cielo a ver la luz del día,
mas, sintió tanto los humanos duelos,
que, sin cumplir medio año todavía,
nació... vio el mundo... y se volvió a los cielos.






ArribaAbajoRomance


Del Romancero de la guerra de África


Asunto
Resuélvese la expedición a Tetuán.- Apertura del camino.- Noche-Buena en el campamento.- Combate del 25

   ¡Gran presidio de presidios,
África, en monstruos feraz,
que un día llevaste al orbe
la coyunda universal!
hoy tu gloriosa barbarie  5
mata por siempre jamás
el mundo con su desprecio,
y Dios con su voluntad.
En esa tienda, que brilla
como un cisne sobre el mar,  10
un consejo de valientes
que preside un general,
decide sobre tu suerte,
pueblo, que maldito estás,
aun después que Jesucristo  15
vino la tierra a amnistiar!
   Por eso, aunque en nuestro campo
alguno empiece a cantar:
-Esta noche es Noche-Buena...-
no suele escucharse más,  20
porque en confuso tropel
vienen la estrofa a truncar
la lluvia, el viento, el cansancio,
y porque está cada cual
a la tienda del consejo  25
mirando con ansiedad,
y en vez de cantar, murmura:
-¿Qué será, qué no será?...-
   Mucho al cielo y al infierno
debe esta causa importar,  30
pues representando de ambos
la paciente eternidad,
dos sombras del otro mundo
rondando la tienda están:
la una augurio del bien,  35
genio la otra del mal.
   Y mientras tanto que, activo,
el gran moro Satanás,
asomándose a la tienda
mira aquí y escucha allá,  40
y esto en silencio medita
con desesperado afán,
«¡en cuántos cuerpos sin alma
va España un alma a crear!»
—152→
volviendo al mundo la sombra  45
del gran rey de Portugal
que, en el África muriendo,
arrancó a Herrera aquel ¡ay!
murmura en torno a la tienda,
cual voz de duelo eternal:  50
-¡Valor! ¡y a Alcázar-Quivir,
y a Guadalete vengad!-
-Esta noche es Noche-Buena...-
vuelve a decir el cantar;
mas vuelven a interrumpirle  55
la lluvia y el vendaval,
y también la incertidumbre
con que, en patriótico afán,
este diálogo pasando
de un puesto a otro puesto va:  60
-¿Qué población la primera
iremos a cristianar?-
-Rabat, -dice uno; otro, -Arcilla;-
-Tánger, -éste; aquél, -Tetuán.-
   Mas en torno de la tienda,  65
en silencio sepulcral,
tan sólo giran las sombras
del diablo y don Sebastián;
y hasta de los centinelas
el -¡alerta! ¡alerta está!-  70
va despertando el silencio,
para que se duerma más.
Y vuelve a oírse a lo lejos
el estribillo vulgar
de -esta noche es Noche-Buena...-  75
y vuelve a no oírse más;
hasta que, abierta de pronto
la tienda del general,
saliendo el bravo Quesada,
dice, acabando el cantar:  80
-Esta noche es Noche-Buena...
porque vamos a Tetuán.-
-¡A Tetuán! -voz que, pasando
desde el cabo al general,
de éste a aquél, de aquél al otro,  85
del otro al de más allá,
del valle asciende a la cumbre,
de la cumbre baja al mar;
discurre de tienda en tienda
y de vivac en vivac;  90
y cambiando la consigna
del -¡alerta! ¡alerta está!-
la voz de los centinelas
-¡a Tetuán! dice, ¡a Tetuán!-
-¡Ay! -rencoroso un suspiro  95
dando al viento Satanás,
-¡ay de la ciudad sagrada!-
grita de aduar en aduar;
a cuya alarma los moros,
como una turba infernal,  100
con ese ciego valor
que raya en temeridad,
nuestras trincheras asaltan
con una fiereza tal,
que fueran ellos los héroes,  105
si otros no lo fuesen más.
   ¡Oh, sí, sí, según se baten,
aun acordándose están
que han bebido agua del Tajo
esos sectarios de Alá!  110
   Mas vanamente el destino
quieren, cual siempre, afrontar,
pues cuando el destino llega,
todo lo demás se va,
y así es que dando a los moros  115
recuerdos del Cardenal,
les dice la artillería:
-¡Hijos de Tarif, atrás!-
Y a un -¡viva Isabel Segunda!-
alto, fiero, universal,  120
que en su tumba a la Primera
hizo de gozo saltar,
a bayoneta calada
después con más claridad,
repite la infantería:  125
-¡Atrás! ¡mucho más atrás!-
   Y entretanto que Zamora
los empieza a acuchillar,
y por el centro la Albuera
los va llevando hacia allá,  130
Barcelona por la izquierda,
con gran generosidad,
les deja elegir la muerte
entre la espada y el mar.
   Uno -dos -veinte -cuarenta,  135
ochenta... ¡qué mortandad!
Con estos y con los otros,
por Dios, que empiezo a pensar
que así, cual de Guadalete,
dice un sabio musulmán:  140
-¡El Dios que los ha criado,
los puede sólo contar!-
-Vencistéis con la bravura
de un nuevo Gran Capitán-,
dijo al general Quesada  145
el Capitán general.
   Y mientras que aun los moros
se baten, pero hacia atrás,
juntando a los zapadores,
dice Prim: -¡Paso a Tetuán!-  150
y bajando de repente
a peón, de general,
—153→
venciendo como a los hombres,
la tierra, el viento y el mar,
-Haced de ese monte un llano,  155
y adelante, ¡voto a San!...-
dijo alzando aquella espada
que hiere una vez no más.
   A su voz los zapadores
hacen la tierra temblar,  160
y abren a un bosque una senda
que el sol no ha visto jamás,
por donde la tropa marcha
al África, a quien va a dar,
por tantos siglos de oprobio,  165
fe, cultura y libertad.
Y al partir, para barrer
ese inmenso lupanar,
O'Donnell ríe, Prim vota,
llora y jura Satanás;  170
y esto en sueños dice Ros
que habló con don Sebastián:
-¡Valor! ¡y a Guadalete vengad!-
-Salve, ¡oh rey! Guad-el-Jelú
su Guadalete será!  175
-¿Nos veremos? -Nos veremos.-
¿Cuándo? -El seis. -¿Dónde? -En Tetuán.






ArribaAbajoA C.


   Dices que en mi faz revelo
aire de perdida calma;
tú harás lo mismo, Consuelo,
cuando hagas, como yo, el duelo
al cadáver de tu alma.  5






ArribaAbajoTransfiguración


   La vida es gota del cielo,
que baja el cieno a formar,
después se filtra en el suelo,
y vuelve pura a la mar.






ArribaAbajoEl perdón


   Mientras viva, está de más
que tú la hayas perdonado;
¡el espectro del pecado
no nos perdona jamás!






ArribaAbajoEfectos contrarios


   Tal vez con el mismo afán
muertos y vivos se quejan;
allá por los que se dejan,
y aquí por los que se van.






ArribaAbajoCompañía eterna


   Siempre por causa de ti,
la amada soledad pierdo,
pues me sigue aquí y allí
tu nombre, fuera de mí;
dentro de mí, tu recuerdo.  5






ArribaAbajoLos celos causan olvido


   Hallé en su sepulcro, un día,
flores que yo no arrojé;
y al ver tan negra falsía,
su alma, que era la mía,
junto a su cuerpo enterré.  5






ArribaAbajoDel alma al mundo


   Sabe mi dolor profundo
que la alegría y la calma
no van desde el mundo al alma,
sino desde el alma al mundo.






ArribaAbajoAmor y celos


   Por todo lo del mundo no daría
el amor que te tengo todavía:
en cambio, prenda amada,
el que me tienes tú, lo doy por nada.






ArribaAbajoLo que es y lo que parece


   Si Dios nos mostrase un día
las cosas cual son en sí,
nadie se conocería;
¡ay! ni yo a ti, ni tú a mí.






ArribaAbajoLa vida


   La vida que nos encanta
del pasado se arrepiente,
se hastía de lo presente,
y lo futuro le espanta.






ArribaAbajoHacerse justicia


   Si uno a sí mismo a juzgar
se fuese a la luz del día,
¡cuánta gente escupiría
sobre su sombra, al pasar!






ArribaAbajoCelos de ultratumba


   ¡Pérfida, has muerto, y ya ves,
cuando vengo a visitarte,
que aun lloro, en vez de aplastarte
el corazón con los pies!



  —154→  


ArribaAbajoLa ciencia y la razón


   Si el erial de la razón
de flores la ciencia adorna,
la razón, en cambio, torna
en erial el corazón.






ArribaAbajoNo vale lo que cuesta


   ¡No sé este vivir maldito
por qué ha de pagarse tanto,
que se compra con el llanto,
y a veces con el delito!






ArribaAbajoLa conciencia


   La conciencia a los culpados
castiga tan pronto y bien,
que hay muy pocos que no estén
dentro de su pecho ahorcados.






ArribaLo más cómodo


   De que se está, estoy bien cierto,
mejor que de pie, sentado,
mejor que sentado, echado,
y mejor que echado, muerto.

  —155→  

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