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691

De igual suerte que un ojo arrancado de raíz y separado del cuerpo no puede ver ningún objeto. LUCRECIO, III 562. (N. del T.)

 

692

Pues al interrumpirse la vida, el movimiento abandona todos los sentidos y se extingue por completo. LUCRECIO, III, 872. (N. del T.)

 

693

Esto en nada nos afecta ya, porque nuestro ser existe sólo en tanto que se mantiene uno por el íntimo enlace del alma con el cuerpo. LUCRECIO, III, 857. (N. del T.)

 

694

Arrebató Eneas cuatro guerreros hijos de Sulmona, y otros cuatro criados en las orillas del Ufens para inmolarlos vivos en honor de Palas. VIRGILIO, Eneida, X, 517. (N. del T.)

 

695

Mujer, y no madre de Jerjes. (N. del T.)

 

696

¡Cuántos horrores inspirados por la superstición! LUCRECIO, I, 102. (N. del T.)

 

697

Y la infortunada doncella, cercano el momento de sus desposorios, muere en las manos despiadadas de su propio padre. LUCRECIO, I, 99. (N. del T.)

 

698

¿Cómo los dioses estaban tan irritados contra el pueblo romano que no podían verse satisfechos sino con el derramamiento de una sangre tan generosa? CICERÓN, de Nat. deor., III, 6. (N. del T.)

 

699

A tal extremo llega la perturbación de su inteligencia y la exaltación de sus pasiones que para ser gratos a los dioses cometen crueldades que nuestra mente apenas puedo concebir. SAN AGUSTÍN, de Civit Dei, VI, 10. (N. del T.)

 

700

¿Qué idea tienen de la cólera divina los que así pretenden aplacarla?... Hay hombres convertidos en eunucos por el capricho y por la liviandad de un rey; ¿pero quién accedió a mutilarse a sí mismo por obedecer al mandato de su Señor? SAN AGUSTÍN, Civit. de Dei, VI, 10, según Séneca. (N. del T.)