581
Semejante al marino a quien horrorosa tempestad arrojó a la playa, el niño viene a la tierra desnudo, sin palabra, desprovisto de todo auxilio para la vida desde el instante en que la naturaleza lo arrancó violentamente del seno maternal para que diera la luz. Llena con sus quejumbrosos gritos el lugar donde nace, ¿y cómo no ha de llorar el infortunado a quien esperan tantos males? Por el contrario, las fieras y los animales domésticos crecen sin dolor; no necesitan sonajeras ni tampoco el lenguaje infantil de nodriza cariñosa; la diferencia de temperatura no las obliga a mudar de vestido; tampoco han menester de armas para defender sus bienes ni de fortaleza para guardarlos, puesto que de su seno fecundo la naturaleza les prodiga sus inagotables beneficios. LUCRECIO, V, 253. (N. del T.)
582
Porque cada animal tiene conciencia de sus fuerzas lo mismo que de sus necesidades. LUCRECIO, V, 1032. (N. del T.)
583
Al principio la tierra produjo espontáneamente y brindó a los mortales sus verdes campiñas, sus cosechas doradas y sus viñedos risueños. Hoy apenas logramos arrancar los tesoros de su seno al cabo de prolongadas fatigas, después de agotar las fuerzas de los labradores y de los bueyes. LUCRECIO, II, 1157. (N. del T.)
584
Así, en el obscuro enjambre de un hormiguero se ven algunas que parecen abordarse y hablarse quizás para espiar los designios y fortuna recíprocas. DANTE, Purg., c. XXVI, v. 34. (N. del T.)
585
Los pájaros mudan de canto según el estado del tiempo... Algunos hay a quienes una estación nueva inspira nuevos acentos. LUCRECIO, V, 1077, 1080, 1082, 1083. (N. del T.)
586
Todo está encadenado por los lazos del destino. LUCRECIO, V, 874. (N. del T.)
587
Todos los seres tienen su carácter peculiar; todos guardan las diferencias que las leyes de la naturaleza establecieron entre ellos. LUCRECIO, V, 921. (N. del T.)
588
Quémame, consiento en ello; abrásame la cabeza, atraviésame el cuerpo de parte a parte con la espada y desgarra mis espaldas a latigazos. TIBULO, I, 9,21. (N. del T.)
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La cigüeña alimenta a su cría con las serpientes y los lagartos que encuentra lejos de los caminos transitados... el águila, favorita de Júpiter, caza en los bosques la liebre y el cabrito. JUVENAL, XIV, 74, 81. (N. del T.)
590
Alusión a la enfermedad pedicular de que murió Sila a la edad de sesenta años. (N. del T.)