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351

El hombre prudente labra su propia dicha. PLAUTO, Trinummus, acto II, esc. II, v. 48. (N. del T.)

 

352

Oíd la voz de la naturaleza. ¿Qué es lo que de vosotros solicita?, un cuerpo exento de dolores; un alma libre de terrores o inquietudes. LUCRECIO, II, 16. (N. del T.)

 

353

Porque en sus dedos brillan engastadas en el oro las esmeraldas más grandes y del verde más deslumbrador; porque va siempre ataviado con ricas vestiduras al disfrutar sus vergonzosos placeres. LUCRECIO, IV, 1123. (N. del T.)

 

354

La felicidad del hombre cuerdo reside en él mismo. La exterior no es más que una dicha superficial y pasajera. SÉNECA, Epíst. 115. (N. del T.)

 

355

Ni los amontonados tesoros, ni las cargas consulares pueden libertarle de las agitaciones de su espíritu, ni de los cuidados que revolotean bajo sus artesonados techos. HORACIO, Od., III 16, 9. (N. del T.)

 

356

El temor y las preocupaciones, inseparable cortejo de la vida humana, no se asustan del estrépito de las armas; muéstranse ante la corte de los reyes, y sin respetos hacia el trono se sientan a su lado. LUCRECIO, II, 47. (N. del T.)

 

357

La fiebre nos os abandonará con mayor premura por estar tendidos sobre la púrpura, o sobre tapiz rico y costoso. Con la misma fuerza os dominará que el estuvierais acostados en plebeyo lecho. LUCRECIO, II, 34. (N. del T.)

 

358

Que las doncellas se lo disputen, que por doquiera nazcan las rosas bajo sus plantas. PERSIO, II, 38. (N. del T.)

 

359

Estas cosas son lo que su poseedor las trueca: bienes, para quien de ellas sabe hacer un uso acertado; males, para quien no. TERENCIO, Heautont, acto I, esc. III, v.21. (N. del T.)

 

360

Esta soberbia casa, estas tierras dilatadas, estos montones de oro y plata ¿alejan las enfermedades y los cuidados de su dueño? Para disfrutar de lo que se posee precisa encontrarse sano de cuerpo y de espíritu. Para quien se encuentra atormentado por el temor y el deseo, todas esas riquezas son como el calor para un gotoso, o como la pintura para aquel cuya vista no puede soportar la luz. HORACIO. Epíst., I, 2, 47. (N. del T.)