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ArribaAbajoJosé Lamarque de Novoa




ArribaAbajoA Cervantes


ArribaAbajo   Astro de soberana inteligencia,
brilló en su patria el inmortal Homero;
genio entre genios fue; su patria, empero,
le dejó sucumbir en la indigencia.
   Él, en pago ofreciole por herencia  5
su fama, que aún asombra al mundo entero,
y es de Grecia el honor más duradero
de sus cantos sublimes la excelencia.
   Tú, Cervantes, cual él, abandonado,
viste a do llega la maldad del hombre  10
si es por odiosa ingratitud guiado.
   Y hoy que tu patria mira su renombre
en las sombras huir de lo pasado,
para hacerla inmortal basta tu nombre.

Sevilla, 1895.

(Del libro Poesías líricas)



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ArribaAbajoBernardo López García




ArribaAbajoCervantes


ArribaAbajo    ¡Gloria a Cervantes! Loor
al genio que en alto vuelo
mojó en raudales del cielo
la pluma del escritor:
¡gloria al genio seductor  5
que asombra, encanta y divierte!
¡Lauros al atleta fuerte
que con sus hercúleos lazos
arrojó su mundo en pedazos
a las plantas de la muerte!  10

   Él con su genio profundo
y la fe por estandarte,
cual nuevo Colón del arte
buscó para el arte un mundo:
con entusiasmo fecundo  15
trabajó, artista y guerrero;
y al fin consiguió altanero
con gloria que aturde al hombre,
fijar su potente nombre
junto a Dante y junto a Homero.  20
—122→

   Él vio otra aurora lucir
por en medio del nublado,
e hirió de muerte al pasado
presintiendo el porvenir:
dejó en la tierra, al morir,  25
su nombre, que el mundo aclama;
de su inspiración la llama
que brilla radiante y pura,
y una copa de amargura
tan grande como su fama.  30

   Titán de la inspiración,
con la distancia creciendo,
va un aplauso recibiendo
de cada generación;
y es tan grande la ovación  35
que da el mundo a su memoria,
que si cantando victoria
se alzase en la tumba fría,
en la tumba se hundiría
bajo el peso de su gloria.  40

   Al escuchar los rumores
que produce su talento,
toma vuelo el pensamiento
para otros mundos mejores:
porque son tan seductores  45
y es tan pura su belleza,
que cuando a escribir empieza
—123→
sobre el mundo, su proscenio,
todas las cumbres del genio
se humillan a su grandeza.  50

(Del Álbum literario dedicado a la memoria del Rey de los ingenios Españoles -Madrid 1876.)



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ArribaAbajoLuis Montoto




ArribaAbajoUn hombre y un libro3



Tiene el genio su calvario
en la insensatez humana,
y en él, como Dios, redime
con su sangre y con sus lágrimas...



ArribaAbajo    Es media noche: dormida
entre las sombras calladas,
yace la ciudad hermosa,
que el Betis ondoso baña.
   ¡Media noche! Si rendido  5
el débil cuerpo descansa,
si el mundo de la materia
a su paso se desmaya,
el espíritu gigante
tiende a los cielos sus alas.  10
—125→
   ¡Hora en que brota la idea
del cerebro, que se abrasa,
con la fuerza con que brota
del volcán la ardiente lava;
   hora en que el mar proceloso  15
de la inteligencia humana,
lentamente se enriquece
con nuevas gotas de agua!

   De la cárcel de Sevilla
en una medrosa estancia,  20
cautivo suspira un hombre
por la libertad preciada:
   no es el criminal que lucha
con la conciencia que mata;
la soledad no le importa,  25
la noche no le acobarda.
¡La inocencia, entre prisiones,
vive en apacible calma:
del hierro de sus cadenas
cetros y coronas labra!  30

   Nació en la famosa villa,
que el Henares, circunvala;
pobre cuna fue; su cuna,
y tan pobre como honrada.
   Honra y pobreza, por dote,  35
—126→
le dio el cielo en abundancia,
y corazón generoso,
y fe que todo lo allana.
   Brotó el dolor implacable
doquiera puso la planta,  40
porque es destino del genio
vivir en un mar de lágrimas.
   Soldado, vertió su sangre
en los campos de batalla,
y suspiró entre cadenas,  45
lejos de la Madre Patria.
   Diose al cultivo fecundo
de las Letras castellanas;
soldado del pensamiento,
valiente esgrimió la espada.  50
   Con torpe labio, la envidia,
trató de nublar su fama,
que hoy se extiende por dos mundos
y sus ámbitos abarca.
   Rico de fe, de entusiasmo,  55
el hambre llamó a su casa.
¡Único huésped que al pobre
en su orfandad acompaña!
   Más por irónica burla
que por caridad cristiana,  60
viéndole morir, le dieron
humildísima soldada.
   Cebose en él la calumnia
y prendiéronle sin causa...
¡La inocencia, entre prisiones,  65
—127→
vive en apacible calma:
del hierro de sus cadenas
cetros y coronas labra!

   Cervantes, lejos del mundo,
del que las sombras le apartan,  70
un mundo de pensamientos
lleva en su frente abrasada.
«¡Pobre, corazón -murmura-
y por cuán poco te afanas!
¡Amigos!... ¡No tiene amigos  75
el que vive en la desgracia!
   Si mi dolor conocieran,
de mi dolor se burlaran...
preso está el cuerpo: ¡no importa!
¡En libertad vive el alma!  80
Dos hombres, dos, en mí siento
que rudamente batallan,
el uno me grita: ¡duerme!,
el otro me dice: ¡anda!
   Loco está el mundo, muy loco;  85
unos lloran y otros cantan:
¡si hoy el espíritu vence
el cuerpo triunfa mañana!
   ¡Si un rayo me diera el cielo
de su lumbre inmaculada,  90
que las profundas tinieblas
de mi frente disipara!
   ¡Si yo pudiera en un libro
—128→
compendiar la vida humana,
esa universal locura,  95
de sensatez disfrazada!...».

   Calló Cervantes: la noche
sobre su frente pesaba,
en su espíritu evocando
ejércitos de fantasmas.  100
   Sombras de vagos contornos
invaden la oscura estancia:
no son fingidas visiones
de la mente acalorada;
son realidades tangibles;  105
apariciones extrañas,
que tienen la dulce atmósfera
de los sueños de la infancia,
la luz apacible y tenue
de la risueña alborada.  110
   Parecen blancos girones
en que las nieblas se rasgan,
vapores que las lagunas
y los arroyos exhalan.
   En silencio, poco a poco,  115
de la sombra se destacan,
y ve Cervantes que toman
forma y apariencias claras,
de la misteriosa Luna
a un rayo de lumbre pálida.  120
   Son hidalgos, escuderos,
—129→
trovadores, castellanas,
dueñas, pajes, ricos-homes,
representantes de farsas,
duques, príncipes, juglares,  125
plebeyos y altivas damas,
que ante sus ojos absortos
¡pasan, y pasan, y pasan!...
   Y ve, entre todos, Cervantes
dos cuerpos, que se levantan  130
como entre débiles mimbres
las dominadoras plamas:
uno es enjuto de carnes,
de tez seca, avellanada,
y de un rocín a los lomos  135
meditabundo cabalga.
   Armado de caballero,
y armado de todas armas,
es el lema de su escudo:
«Por mi Dios y por mi Dama».  140
   El otro cari-redondo,
obeso y de recia espalda,
comiendo pan y cebolla,
sobre un jumento descansa.
Hidalgo el uno, suspira  145
y al cielo los ojos alza,
escudero el otro, come
y al rucio en el lomo rasca.
   Lanza Cervantes, al verlos,
irónica carcajada,  150
y «¡Eh, -grita- vuesas mercedes
—130→
del rocín y el asno caigan!
¡Hidalgo, que está en la tierra!
¡Que hay también cielo, seor Panza!».
   Mas ni hidalgo ni escudero  155
sus razones escuchaban,
que, poco a poco, perdiéndose
fueron, como sombras vanas,
con escudero e hidalgo,
trovadores, castellanas,  160
dueñas, pajes, ricos-homes,
representantes de farsas,
duques, príncipes, juglares,
plebeyos y altivas damas.

   Dobla Cervantes la frente,  165
de pensamientos preñada,
y «No es la visión de un sueño
lo que he presenciado, -exclama-
es que ha tomado la idea
forma y apariencia humana,  170
que del libro que yo pienso
se han animado las páginas!».
   Febril se agita en la sombra,
algo buscando en la estancia,
y a tientas da con un libro  175
que tiene las hojas blancas;
   a tientas toma una pluma
y escribe con mano rápida;
del libro en la primer hoja:
En un lugar de la Mancha...  180
—131→
   Entre sombras concebido,
luz por los mundos irradia
ese sublime poema,
que Don Quijote se llama.
   No en la cárcel de Sevilla  185
acabaron sus desgracias:
libre ya de las prisiones,
vuelve a la Corte de España.
   No es mendigo que discurre
por corredores y cuadras  190
con la lisonja en el labio
y el rencor en las entrañas:
   ¡Mal su rectitud se aviene
con la mentida alabanza;
mal se aviene su franqueza  195
con la doblez cortesana!
   Soldado de otra milicia,
emprende nuevas campañas
en el campo de las Letras,
no en los campos de batalla.  200
   ¡Mas cuánta no es su amargura,
cuánta su tristeza, cuánta,
viendo que la ciega envidia
contra él sus dardos dispara!
   Le motejan por ser manco,  205
¡de lo que más se ufanaba!
¡Lo fue en la ocasión aquella
de los siglos la más alta!
   De su pobreza se burlan
y se mofan de sus canas;  210
—132→
de su hidalgo Don Quijote
con desdén o risas hablan;
   y el Fénix de los Ingenios,
a quien encumbra la fama,
es su más fiero enemigo,  215
quien le hiere con más saña.
   ¡Tiene el Genio su calvario
en la insensatez humana,
y en él, como Dios, redime
con su sangre y con sus lágrimas.  220

   De la amistad a las puertas
con voz abatida llama,
y nadie a su voz responde:
las puertas están cerradas.
   El hambre no le abandona,  225
pide una humilde plaza,
que le niega de Felipe
la Majestad Soberana.
   Mas no porque le persiga
tenazmente la desgracia,  230
pierde la fe que le alienta,
y va guiando su planta.
¡Es cristiano, y en Dios tiene
la más ciega confianza!
   Puesto ya el pie en el estribo,  235
con las postrimeras ansias,
escribe al Conde de Lemos,
que es su postrera esperanza.
—133→
   Ni una queja, ni un reproche
de la pluma se le escapa:  240
siéntese morir, y escribe...
¡con sus obras se amortaja!

   Lejos del rumor del mundo,
lejos de sus pompas vanas,
el Manco sano su espíritu  245
rinde al Creador de las almas.
   Ni la sombra de una nube
su noble conciencia empaña;
aún más que la hidropesía
ingratitudes le acaban.  250
   Aquel soldado valiente,
que allá en Lepanto mancara,
no teme el golpe violento
de la muerte despiadada;
   para él ha sido la vida,  255
en verdad, penosa carga,
y anhela llegar en breve
a la postrera jornada;
   y él, que se abrasó en el fuego
de la fe, de la fe santa,  260
ve otra vida, tras la muerte,
donde la dicha le aguarda.
   Merced a mano piadosa,
pan y lecho no le faltan.
¡Dios premie al buen sacerdote,  265
que compasivo le ampara!
—134→
   De sus labios, ya marchitos,
brota ferviente plegaria;
bálsamo dulce, inefable,
de la religión cristiana.  270
   El Sol camina al ocaso,
la muerte agita sus alas,
la luz, que en sus ojos, arde,
trémula brilla y se apaga...
todo es sombra, todo luto:  275
¡la luz la lleva en el alma!
   Murió Cervantes; su cuerpo
eternamente descansa
en el fondo de una tumba,
de los hombres ignorada.  280
¡El Genio muere en la sombra
y alumbra al mundo su llama!

   Tres siglos hace que un libro
mares y fronteras salva
y recorre el mundo entero  285
como tierra conquistada.
   Ya provocador de risas,
ya provocador de lágrimas,
no hay puerta que se le cierre,
todas las encuentra francas...  290
   En él se miran los siglos,
que rápidamente pasan:
de la humanidad espejo,
a la humanidad retrata.
—135→
   De un loco y de un cuerdo, el libro  295
es la peregrina fábula,
y en sus hojas se compendia
fielmente la vida humana:
¡Esa universal locura,
de sensatez disfrazada!  300

1874



  —136→  

ArribaAbajoRafael Obligado




ArribaAbajo El alma de Don Quijote


ArribaAbajo    ¡Buenos-Aires! ¡Venezuela!
¡Una de otra digna hermana,
donde el alma americana,
crujientes las alas, vuela!
¡Confines donde revela  5
mi alta raza su ardimiento,
y el audaz aturdimiento
y las heroicas pujanzas
que las hizo quebrar lanzas
contra molinos de viento!  10

   ¡San Martín! ¡Bolívar! Gloria,
llama, luz de un sol naciente,
que irradiando a un continente,
lo abrió al día de la historia.
¿Quiénes sois?... ¿Tanta victoria  15
es vuestra? -Tú, paladín
del Andes; tú, de Junín
vencedor, del godo azote-,
¿quiénes sois?... ¡Sois Don Quijote,
Bolívar y San Martín!  20
—137→

   Por eso en vuestras entrañas,
arde el intento brïoso
que abrió el carro temeroso
del león de las Españas;
y en vuestras locas campañas,  25
hay el mismo impulso ciego
de justicia a sangre y fuego,
del perenne ideal fecundo
que difundió sobre el mundo
el alma del gran manchego.  30

   Él, en vano, mil proezas
por la Mancha derramara
no hubo bestia que no hollara
de aquel grande las grandezas.
¡Cuántas, cuántas gentilezas  35
del hidalgo allí se hundieron!...
En vosotros renacieron;
y, en honor de los mortales,
los hidalgos ideales
en América vencieron.  40

Buenos Aires, 1905.



  —138→  

ArribaAbajoJosé María de Ortega y Morejón




ArribaAbajoEn el Centenario de Cervantes


ArribaAbajo    No acierta ya mi lira a producir sonidos
que en armonioso ritmo se puedan escuchar;
mis himnos de otras veces son ecos doloridos
que el corazón responde con débiles latidos
y apagan, con sus nieblas, la duda y el pesar.  5

   Ya no hay, ante mis ojos, espléndidos colores
ni ráfagas brillantes de hermoso amanecer;
ya toco las espinas donde antes hallé flores,
ya la corneja lúgubre mató los ruiseñores,
y el hoy positivista al ideal de ayer...  10

   Ya, si en las viejas torres voltean las campanas,
no escucho sus tañidos como triunfal canción
sino cual voces roncas, dolientes y lejanas
que me hablan de las muertas grandezas castellanas
de angustia y vencimiento, de encono y de traición.  15

   Así me repetía, con hondo desconsuelo,
sin fe y sin esperanza mi patriotismo fiel,
después de aquellas horas, en que, irritado el Cielo
hizo beber a España, sumida en hondo duelo,
hasta las mismas heces el cáliz de la hiel.  20
—139→

   Así me repetía; pero mirando ahora,
como otras muchas veces, al Genio resurgir,
la noche de mi pena, trocándose en aurora,
me habla de un sol eterno que los espacios dora
y esmalta la sublime región del porvenir.  25

   No es el sangriento Genio donde el dolor se encierra
y empapa en roja sangre la espada hasta la cruz,
no ciñe los laureles amargos de la guerra
¡es Genio de venturas que, al abarcar la tierra,
cubre a la tierra toda con piélagos de luz!  30

   ¡Miradle! Dejó un libro que vence las edades.
Nació cuando las flores, en Mayo encantador,
anuncio de que huyeron las negras tempestades
y llegan las tranquilas, las dulces claridades
del tiempo en que despiertan las flores y el amor.  35

   Con flores ha enlazado las razas más distantes,
con el amor las lleva su gloria a proclamar,
encumbra a los pigmeos, humilla a los gigantes,
y, compendiando a España, el nombre de Cervantes
convierte al Universo en castellano hogar.  40

   En el hogar augusto de santas ilusiones,
de heroicas aventuras que absorto el mundo ve,
en el hogar que ostenta, con épicos blasones,
leyendas imborrables y excelsas tradiciones
de abnegación, de idilios, de hazañas y de fe.  45
—140→

   Desde un hogar idéntico y en el dolor sumido,
el libro que nos honra la tierra recorrió,
y el ideal que entraña, mil veces abatido,
renace poderoso, triunfante del olvido
y siendo el sol que un tiempo mi España esclavizó.  50

   ¡Por eso nada importa que con desdén o pena
nos miren los que al oro ferviente culto dan,
que el soñador Hidalgo, de amor el alma llena
continuará triunfante la marcha que encadena
con los pasados siglos los siglos que vendrán!  55

   Y aunque alguien nos contemple con atención extraña
y piense que es la prosa para vivir mejor,
allá, en regiones fértiles que el mar tranquilo baña
las adoradas hijas de la inmortal España
se fundirán con ella en éxtasis de amor.  60

   ¡A ellas llevó el Hidalgo su espíritu gigante,
sus ansias de grandeza, su sed de libertad,
y aun cuando el odio en ellas centelleó un instante,
se disipó ante el Genio purísimo y brillante
a cuyo pie sumisa cayó la Humanidad!  65

   Con nombres y con notas de idéntica armonía,
allí y aquí se expresa la pena de vivir,
la misma sangre cálida nos une todavía
y con igual ternura se dice ¡madre mía!,
y con el mismo aliento se afronta el porvenir.  70
—141→

   ¡Quijotes de los mundos, marchemos animosos
fundiendo nuestras almas en lazo fraternal,
que libres, pero unidos, ni importan los colosos
ni las borrascas duran, ni hay días tenebrosos
ni estrépitos que ahoguen nuestra canción triunfal!  75

   ¡Sonría, la esperanza, y, en vívidos albores,
la gloria de otros tiempos comience a renacer.
¡Ya las espinas Mayo sepultará entre flores,
y, para nuevos triunfos, en nuevos trovadores,
renacerá en mi Patria el ideal de ayer!...  80

   Y si queréis vosotras, espléndidas bellezas,
eternas Dulcineas encantos del hogar,
no faltarán hidalgos que, en épicas proezas,
a vuestro paso rindan laureles y grandezas
tan altos como el Cielo, tan grandes como el mar.  85

   Y así la voz augusta del Manco de Lepanto
retumbará en los cielos cantando nuestra unión,
haciendo ver al mundo que ni es eterno el llanto,
ni, aunque se viva lejos, se rompe el nudo santo
que, atravesando mares, nos une el corazón.  90

(Composición leída en la fiesta de la Unión Ibero-Americana, 15 de mayo 1915.)



  —142→  

ArribaAbajoJ. de Dios de la Rada y Delgado




ArribaAbajoA Cervantes


ArribaAbajo    Aunque es mucho atrevimiento
que a ti de los genios pasmo,
en alas del entusiasmo
levante mi pensamiento,
no es que con osado intento  5
presuma de inspiración,
es que con pura emoción
al mirar tu excelsitud,
la bendita gratitud
conmueve mi corazón.  10

   Al mundo que antes gemía
envuelto en sombras y errores
le diste los resplandores
del más esplendente día.
A su luz la patria mía  15
en su idioma se recrea;
y para que eterno lea
su renombre sin segundo,
con tu hidalgo diste al mundo
la redención de la idea.  20
—143→

   Fue tu agitada existencia
por el dolor combatida,
mas nunca amargó tu vida
el grito de tu conciencia.
Tu preclara inteligencia  25
combatió en vano la suerte,
que al morir tu cuerpo inerte
poderoso el pensamiento,
daba vida tu talento
con las ansias de la muerte.  30

   Tus gigantes y pastores,
tus enanos y vestiglos,
son el paso de unos siglos
hacia otros siglos mejores.
Son los puros resplandores  35
de un sol, que en su ardiente foco,
teniendo este mundo en poco
funde la humana locura
y enseña al mundo cordura
con los delirios de un loco.  40

   Agradecida te canta
loores mil la humanidad
de una edad en otra edad
tu renombre se agiganta.
Monumentos te levanta  45
con tardo empeño infecundo,
sin ver que el genio profundo
—144→
jamás desciende al abismo,
que es su monumento, él mismo,
y es su pedestal el mundo.  50

   Destello del Dios clemente,
como emanación divina,
el ancho mundo ilumina
el resplandor de su frente.
Genio y Dios Omnipotente  55
van confundidos los dos;
por eso al marchar en pos
del claro sol del ingenio,
ofrendas hechas al genio
son alabanzas a Dios.  60

Madrid 10 de abril de 1869.



  —145→  

ArribaAbajoDr. Récipe

Silverio de Lara





ArribaAbajo Cervantes y su obra


Lema: «Per augusta, augusta»



«Accesit» en los juegos florales de hoy sobre diez competidores; quedando el premio ofrecido, según el competente jurado, «desierto».




ArribaAbajo    Nace en Golconda singular diamante
envuelto en térrea costra, y aunque el precio
de ubérrima región encierra, sólo
de vil guijarro la apariencia ofrece;
pasa al taller del bátavo, y a golpes  5
de la acerada muela y roce rudo
de adiamantinos átomos, descubre
la intrínseca virtud; por mil facetas,
surtidores de luz, rayos arroja;
fúlgido esplende, a par del Sol radiante,  10
y, en fin, de las joyas se proclama,
rico remate de imperial diadema:
Tal la vida del genio; el infortunio
lábrala a duros golpes y aquilata,
y él por todos los siglos esclarece.  15

   El sendero que a eterna fama guía,
todo es ardua aspereza, todo abrojos;
no en los lechos de Síbaris se logra
—146→
fama imperecedera, alto renombre.
La frente del varón que ungió la gloria  20
sombrío estigma de tristeza lleva
desde la cuna hasta la helada tumba:
«Tu vida por mi vida», dice el numen
a su predestinado, y desde entonces
la dulce copa del deleite aparta  25
de sus labios, su asiento en el banquete
de la vida, do el necio se arregosta,
y pone su porción con parias viles.
Los más preclaros genios de la Historia
el duro yugo de esta ley sufrieron.  30
¡Homero, Milton, Camoéns, Cervantes,
míseros inmortales! Vuestros libros,
luz del mundo, escribisteis, ministrando
hiel y llanto el dolor a vuestras plumas.

   Nace en Compluto el gran Miguel de alcurnia  35
no rica más que de honra; el mundo avaro
cuna y pañales míseros ofrece
al que le ha de colmar de regocijo;
tesoro de su ingenio, al oro afrenta;
mozo ya, siente arder en sed de gloria  40
el levantado pecho, siente henchida
de grandes pensamientos la alta mente:
¿Y cuál teatro le depara el mundo?
¿Cuál teatro? La abyecta servidumbre.
Si el águila imperial las raudas alas  45
plegara dócil entre red o rejas,
rindiera él la cerviz a tal coyunda.
—147→

   Llega a su oído el eco resonante
del guerrero clarín que a ambas Hesperias
convoca bajo el lábaro de Cristo:  50
Cristiano y español, la fe heredada
e ingénito valor le impulsan; presto
viste la cota, empuña el hierro, corre
a alistarse a la voz del Noto ilustre,
ramo de César, capitán famoso,  55
si no lo fuera ya por tal soldado.

   Encuéntranse en Lepanto las armadas
cristiana y turca, iguales en braveza,
si en lo demás contrarias; que allí luchan
la Cruz contra la Luna, el Evangelio  60
contra el Corán; tus artes, culta Europa,
contra la atroz barbarie, y la sagrada
libertad contra tártara coyunda.
Atruena el aire la naval contienda
y en sus profundos senos trema el Ponto  65
al embestir de las ferradas proras;
en las cóncavas naves truena el bronce,
entre humo y llamas vomitando muerte
con pavoroso horrisonante estruendo;
nave con nave trábanse, y los garfios  70
aferran una en otra, cual sus garras
el tigre bravo en la humeante presa;
hachas, picas, espadas y gumías
entrechocan hambrientas de matanza
rajan, cercenan, pungen, tajan, hienden  75
y en sangre inebrian los aceros duros.
Desde las cofas, con tronido horrendo
—148→
mortífero granizo envuelto en rayos
los arcabuces lanzan; y entre el ronco
fragor y estruendo horrísono, se pierden  80
del matador el insolente grito
y el estertor del triste moribundo.

   ¡Cervantes! Aun entonces la fortuna
ceñuda le miró; usurparle quiso
el laurel de Lepanto: del Averno  85
a la fiebre llamó, y mandó a esta furia
que le oprimiese con ardiente garra
en lecho de dolor, do fuese oscuro
espectador de la naval tragedia.
Mas su ánimo esforzado prevalece  90
contra fortuna airada, contra fuerzas
de la infernal dolencia, contra el ruego
del propio capitán, y ármase y entra
hasta do más violento arde el combate.
Triunfa la cruz, y su siniestra mano  95
con sangre generosa deja escrita
su gloria de héroe en el undoso golfo.

   La fortuna, ya que el lauro insigne
cobraste a precio cruel, ya que aplacada
contemplo tu deidad, ¿cuál le previenes  100
premio al glorioso Manco? -El cautiverio-.
¡Alma heroica! Aparéjate al martirio
y el lauro arranca de tu egregia frente:
Mientras a menor valer sus puertas abre
el triunfal Capitolio, la de oscura  105
—149→
mazmorra a ti te encierra, y estridentes
el quicio herrado y los cerrojos suenan.

   Doble sus golpes la fortuna esquiva,
aherroje al genio, oprímale y quebrante;
lábranle, no le ofenden, sus injurias:  110
El ánimo común en trance adverso
se postra y envilece; el generoso
se fortifica y templa, y a la suerte
con el sufrir magnánimo sonroja,
honra a la humanidad el gran Cervantes  115
donde otros la hacen vil. Tal esforzado
en la batalla de la vida como
en las que Marte y negra muerte rigen,
de respeto divino le circunda
la barbarie de Argel; su noble porte  120
quiebra las iras del castigo, y fija
la admirada codicia tasa ingente
de príncipe al que, siéndolo en constancia,
es misérrimo pobre en el rescate.

   Pagáralo él con denodado acero,  125
si a ingenio y valor dicha asistiera.
¿Quién sin admiración verá a Cervantes,
de la cautiva grey jefe animoso,
sus hechos levantar, urdir conjuras,
aquel de servidumbre odioso alcázar  130
minar, y una y cien veces arrojarse
a conquistar la libertad perdida;
y del hado sañudo contrastado,
y de la vil traición vendido, el peso
—150→
de la culpa común dar a sus hombros,  135
y a los tormentos víctima ofrecerse
y el cuello adelantar al hacha y tajo?

   Tú, bey Azán, cruelísimo homicida,
lo encareciste redoblando hierros
y a su estridente son diciendo: En tanto  140
aseguren cadenas al valiente
mutilado español, tendré seguros
naves, ciudad, cautivos y tesoros
más que su patria en recobrarle, supo
su precio en le guardar África inculta.  145
¡Caridad celestial! Jamás ingratos
olvidarán los hijos de los hombres
que del genio mayor que vieron siglos
acudiste al rescate, a su pobreza
con tus pobres limosnas ayudando.  150

   Por fin, España, tu hijo más insigne
vuelve a pisar tu umbral. Mírale. Un lustro
padeció, por la fe que tú blasonas,
amargo cautiverio; y si fortuna
no hubiese contrastado el noble intento,  155
a tus plantas trajera a Argel esclava;
soldado fue en Lepanto y no la parte
menor le debe la mayor victoria
que ilustra tus anales; de sus hechos,
la guerra misma, con sangrientos signos,  160
dio testimonio: el pecho acribillado
y mano estropeada le proclaman,
aunque sin voz, emérito glorioso
—151→
¿Callas? ¿Dudas? Comprendo: está indecisa
la gratitud, del mérito abrumada;  165
estimas corto premio abrir tu erario
a tal varón, si ya de ti eso logra
la ociosidad, sin mérito, atrevida;
sin duda que excogitas en tu mente
qué joyel de tus Indias, qué presea  170
traerán tus flotas de valor tan alto
que ose al merecimiento equipararse
mas ¡qué veo! ¿La faz esquiva vuelves?
¿Al varón benemérito desdeñas?
¿Le abandonas al hambre? ¡Iberia, Iberia!  175
¡Fiera nación! La Historia te proclama,
pródiga de la vida; yo te digo
pródiga de tus genios y tus héroes:
Tú con fiero desdén los desconoces,
o los castigas, o con cruel despego  180
del materno regazo los arrojas,
para que sean entre extrañas gentes
a par tu oprobio y tu ornamento. ¿Cómo
ver sin rubor pudiste al gran Cervantes
publicano, exactor aborrecido,  185
pobre, aherrojado en cárcel? ¿No en su frente
viste del genio la divina llama?
Sí viste, sí, que Europa la veía,
cuando Pritaneo le acordaba honroso
su estimación. Y hasta en la oscura tumba  190
lloraron tu desdén sus tristes manes:
Mientras que Albión, herida de igual golpe,
lloraba a su gran trágico, y piadosa
sus restos recogiendo en urna de oro,
—152→
en regio panteón los reponía,  195
tú, ni señal ¡ingrata!, hincar quisiste
en la fosa común, que del vil vulgo
las cenizas del genio distinguiese,
ni pocas letras en exigua losa
grabar, que a descendencia menos dura  200
curasen de decir: «Aquí Cervantes».
¡Nación ingrata!, aunque fecunda seas
madre de héroes y genios, no eres digna
de heredar sus reliquias venerandas.

   Mas ¿qué oso proferir? Perdona ¡oh patria!  205
Razones de un demente. ¿Acaso injusta
la patria puede ser? El hado en bronce
escribe sus sentencias, y ni Jove
poderoso sería a revocarlas.
Cumplía a ley fatal que el más festivo  210
libro que alegre musa dictar pudo
brotase en cárcel tétrica, de un alma
lacerada, cual de áspero peñasco
surte risueña, cristalina fuente;
cumplía que el rencor, la envidia, el dolo  215
la ingratitud, la inquina, cuantos guarda
la vida, crueles áspides, la sangre
del ínclito Inventor apeteciesen
y, acechando sus pies, del bajo suelo
alzar le hiciesen a la excelsa altura  220
que el genio señorea, libre y grande.

   De allí la vista de águila espaciando,
la inmensa humanidad abarca, al modo
—153→
que el microscopio a su visión sujeta
mundo ignorado en cristalina gota  225
su vista perspicaz arranca al mundo
su secreto: penetra ambos resortes,
que la humanal mecánica gobiernan,
y en admirable síntesis los copia
y en sendos tipos los infunde, y soplo  230
de vida inspira en ellos; semejante
a Prometeo, que animó su hechura
y allá va la ilusión con sus castillos,
debelados gigantes, doncellicas
menesterosas, núbiles princesas  235
que ruegan con su amor y un trono en dote;
y en pos la realidad con ventas, sandios
alcaides con entrañas venteriles
que cobran la posada, zafias mozas
mal olientes y no mejor amantes,  240
puños de arriero que aun las celan, zambra
costal, quebrantamiento y candilazos;
nocturno afán, negro remate al día
de la lluvia de leña en Valdestacas.
Y allá el ensueño va, de nuevos mundos  245
creador, donde el portento es común orden
y lo imposible calla, donde el logro
presto acude al deseo, presto es fruto
la flor en el vergel de la esperanza;
y allá, despierto, en pos, va el buen sentido,  250
en su asno caballero, lento el paso,
con los ojos palpando y con la mente
cuanto, como él, hay sólido. Y entrambos
andantes, siendo el mundo la floresta
—154→
y sus salidas las edades todas  255
con tristes aventuras y risueñas
el gran poema de la vida tejen.

   A este abreviado mundo, a esta divina
creación del gran Miguel, perenne aviso
y fiel espejo de la humana vida,  260
llamársele debiera El Libro, y noble
énfasis declarara la obra insigne,
el rico emporio del hispano idioma,
la norma del estilo, el gran tesoro
de la elocuencia y del saber, la cifra  265
del donaire, el archivo de gracias
el de las almas regocijo eterno.
¡Libro admirable! Él solo basta al lustre
de una nación, él solo, si otros timbres
España no tuviese, culminante  270
puesto le diera entre naciones cultas.

   Envídiansele todas; sus monarcas
el habla hermosa de Castilla aprenden
para gozar su original belleza;
hablas, dialectos, cuantos son lenguajes,  275
a beber su raudal continuo acuden
y en propios arcaduces lo transfieren:
Rechinan sin vagar, multiplicando
sus inmortales páginas, las prensas;
el lápiz y el pincel como a porfía  280
beben su inspiración, e infatigable
en su adorno, el buril las planchas muerde.
—155→

   Honor de bibliotecas, no hay alguna
que puesto principal no le consagre,
sus ediciones prístinas comenta  285
el saber, atesóralas la estima;
simples, discretos, ignorantes, doctos,
los que arrastran carroza y los que oprime
la egestad con su planta, todos beben
sedientos su lectura. Su alabanza,  290
de siglo en siglo inagotable corre,
cual río undoso que el caudal aumenta
cuanto más de su fuente el curso alonga.
Es libro antiguo, pero el gusto olvida
el tiempo en su dulzura, y siempre es nuevo:  295
Nuevas sentencias cada vez descubre
en él, nuevos primores y donaires
que con lazos de rosas le cautivan.

   ¡Libro inmortal! El tiempo se te postra,
más que el bronce de insignes monumentos,  300
y a ti el cetro inflexible dobla y rinde.
Mientras la lengua castellana dure
¿qué digo, si es el libro el que afianza
al patrio idioma, duración eterna?
Mientras la tierra, en torno al Sol, la ruta  305
que el dedo le marcó de Dios, recorra,
el libro vivirá; y aun roto el globo
(que, al fin, despedazarse es su destino),
flotando irá en sus átomos dispersos
el espíritu eterno del Quijote.  310

De Córdoba (República Argentina).



  —156→  

ArribaAbajoE. E. Rivarola




ArribaAbajoPoesía del himno a Cervantes


ArribaAbajo    Remueva el pasado memorias eternas,
detengan los siglos su marcha triunfal;
resurja la gloria con lumbre perenne
y brille Cervantes, ingenio inmortal.

   Ingenios son astros de luz esplendente  5
que bañan el mundo de vivo fulgor...
¡Ingenios son astros, ideas son mundos!
¡Tú eres, Cervantes, el centro y el sol!

La Plata, 1904.



  —157→  

ArribaAbajoCarlos Roxlo




ArribaAbajoA don Quijote de la Mancha


ArribaAbajo    Si volvierais a nacer,
no os habían de faltar
entuertos que enderezar,
ni agravios que desfacer;
porque hoy lo mismo que ayer,  5
viejo hidalgo sin segundo,
traza con sombras el mundo
la curva de su camino,
prefiriendo lo mezquino
a lo grande y lo fecundo.  10

   Hoy todos, buen caballero,
en nuestra senil cordura,
arrastramos la envoltura
grosera de tu escudero;
hoy del prócer y el pechero,  15
del que aspira y del que alcanza,
la preferente esperanza
y la codicia incesante,
son cambiar tu Rocinante
por su rucio a Sancho Panza.  20

   Combatir por el vencido,
dar libertad al forzado
—158→
y tender emocionado
la amiga diestra al caído;
verse maltrecho y tundido,  25
(tras de desigual pelea),
en defensa de una idea,
sustentando una opinión,
eso es propio del campeón
de la sin par Dulcinea.  30

   Pero nuestra edad, que entraña
un cerebro limpio y sano,
aunque a veces un enano
le parezca una montaña;
nuestra edad, que niega huraña  35
tributo a la fantasía,
(en cuyas alas el día
hasta los astros asciende)
nuestra pobre edad, no entiende
tan neurótica hidalguía.  40

   Manchego ilustre a mi ver,
en tu historia singular
hay virtudes que imitar
y verdades que aprender;
culto venerando hacer  45
del honor y la hermosura,
llevar la piedad más pura
esculpida en la conciencia,
es una santa demencia
y una envidiable locura.  50
—159→

   Falto de seso te llama
el mundo al leer tu historia,
pero no amengua tu gloria
ni desmerece tu fama;
entre esa turba que aclama  55
sólo diosa a la razón
se oye con hiriente son
gritar a los muchos pocos,
que también llamaron locos
a Galileo y Colón.  60

   Deja que el mundo se ría
y recuente en sus tristezas,
el rosario de proezas
que tejió tu bizarría;
alma yerta y alma fría,  65
digna de ultrajante mote,
es el alma, Don Quijote,
del que en ensueños ruines,
no creyó ser de malsines
el fustigador azote.  70

   Todos con veloz carrera,
que lo es del tiempo la huida,
gastamos la fe y la vida
persiguiendo una quimera;
unos, subiendo a la esfera  75
por donde los soles van
forjan con luz del volcán
su espléndido ideal bizarro
—160→
y otros amasan con barro
el símbolo de su afán.  80

   ¡Bendigamos la locura
que a la justicia estrellada
roba su celeste espada,
su no domable bravura;
y mal hayan la cordura,  85
el ingenio y el saber,
si en lucha con el deber
retroceden al hallar,
entuertos que enderezar,
agravios que desfacer.  90

Montevideo, 1892.



  —161→  

ArribaAbajoAureliano Ruiz




ArribaAbajoA Cervantes


(En el aniversario de su muerte)4


ArribaAbajo    ¡Cervantes! ¡Astro de gloria
que el cielo español alumbra!
¡Nombre que la fama encumbra
y apenas cabe en la historia!

   Dios con su aliento fecundo  5
y con su pródiga mano,
le dio ingenio sobrehumano
y entendimiento profundo.

   A sus obras peregrinas
olieron los hombres crueles,  10
si hoy corona de laureles,
ayer, corona de espinas.

   Fue del mal, su ejemplo vivo;
y arrastró con pecho fuerte,
tras el rigor de la suerte,  15
las cadenas del cautivo.
—162→
   Del mundo halló para encanto
y en defensa, de Castilla,
un loco en Argamasilla
y un arcabuz en Lepanto;  20

   prestando a su patria amada,
honra, y prez, y gloria suma,
con los rasgos de su pluma,
con la punta de su espada.

    Y manejando sin par  25
sus armas en paz y en guerra,
su nombre llenó la tierra;
su sangre tiñó la mar.

   Y allí en la naval palestra,
blasón del orbe cristiano,  30
perdió la siniestra mano,
para gloria de la diestra.

   Y aquel noble pensamiento
halló, al desplegar sus alas,
solo mortíferas balas;  35
solo... molinos de viento.

   Que todo a su mal conspira:
—163→
le acosa la envidia necia;
vivo, su edad le desprecia;
y muerto, el mundo le admira.  40

   Y no bastan desde entonces
para grabar su memoria
ni los lienzos, ni la historia,
ni las piedras, ni los bronces.

   Tal del genio, para ejemplo,  45
es en la tierra el destino:
un Calvario es el camino
que va de la gloria al templo.

   Por fortuna los rigores
de la dicha y de la suerte,  50
se terminan con la muerte,
que es el fin de los dolores.

   Pues la vida en su mudanza
va sembrando a mano llena,
sus promesas en la arena,  55
y en el viento su esperanza.

   ¡Cervantes! ¡Astro de gloria
de la española región:
—164→
el genio y la inspiración
grabaron tu ejecutoria!  60

   Si no comprendió tu edad
tu diligencia suprema,
hoy te ciñe su diadema
de luz ¡la inmortalidad!

   Y el galardón que lo esmalta,  65
al fin tu genio recobra:
alto renombre te sobra...
cuando la vida te falta.

   Y hallan en tu pensamiento,
por la virtud encendido,  70
la humanidad, un latido,
y la patria un monumento.

   Y serán del mundo encanto,
de los siglos maravilla,
el loco de Argamasilla,  75
y el soldado de Lepanto.

Granada, 1876.



  —165→  

ArribaAbajoVentura Ruiz de Aguilera




ArribaAbajo Al ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha


Antes de repetir la lectura de su historia


ArribaAbajo    Otra vez, buen caballero,
llanuras, fragosidades
poblados y soledades
recorrer quiero contigo.
Reí con el mundo entero  5
cuando tu historia leí;
luego el mundo conocí
y, de esto acaso te asombres,
apenas vi entre los hombres
un hombre digno de ti.  10

   En la singular quimera
que exalta y nubla tu mente,
el bien, llora amargamente,
el mal, soberano impera.
Porque el bien al fin no muera,  15
luchas con brava porfía;
deja que el necio se ría;
alma en que no hay levadura
—166→
de tu sublime locura,
es alma desierta y fría.  20

   Peligros, tajos, reveses,
¡nada te inspira temores!
Piedras te arrojan pastores,
tunden tu cuerpo yangüeses.
Para que en tu empeño ceses,  25
acumúlanse en tu daño
hambre, y sed, y desengaño,
todas las miserias, todo
lo que afligió de algún modo
al hombre de hoy y al de antaño.  30

   Espejo de paladines,
airado el hierro levantas
para rendir a tus plantas
felones y malandrines.
Jamás propósitos ruines  35
en tu pecho hicieron nido
y aunque cien veces herido
rodaste, de fuerzas falto,
nunca, yo te vi más alto
que cuando te vi caído.  40

   Buscar una noble idea
y dársela al pensamiento
y al corazón por sustento
—167→
¿quién mejor su vida emplea?
¡Desdichado el que no crea  45
en virtud ni en heroísmo!
Su seso el escepticismo
quizá no turbe, ni embote
pero sentirá otro azote...
el desprecio de sí mismo.  50

   Genio que el mundo no olvida
en ti encarnó, y un villano,
con el ideal humano
la realidad de la vida.
A la tierra siempre asida,  55
ésta alzar no puede el vuelo;
aquel, con más puro anhelo,
victoria mayor espera;
bien lo sabes tú... quisiera
hacer de la tierra un cielo.  60

   Extraños locos se han visto;
¡Locos! Así los llamaban,
porque un ideal amaban...
como Sócrates y Cristo.
Con el espíritu asisto  65
a una edad tras otra edad;
y esos locos, en verdad
dignos de perpetua gloria,
son el alma de la historia
y honor de la humanidad.  70
—168→

   Uno, cruza el mar aleve
y nuestro globo completa;
otro, el rayo en pos sujeta,
o guerra a los aires mueve.
Quién, a descifrar se atreve,  75
mirándolo de hito en hito,
lo que hay en el cielo escrito;
quién, oasis da al desierto
y una voz más al concierto
que se eleva al infinito.  80

   Como tú, monstruos un día
acometió su arrogancia;
la esclavitud, la ignorancia,
el error, la tiranía.
Cada uno de ellos tenía,  85
como tú, su Dulcinea;
ya te lo dije; su idea;
y los maltratan, por eso,
verdugos de carne y hueso,
gigantes de vil ralea.  90

   Mas también los que a opresores
siempre fueron importunos;
poetas, sabios, tribunos,
filósofos, inventores,
ayer como malhechores  95
ya en cruz infame clavados,
ya en prisiones sepultados,
—169→
su desagravio verán
en el culto que hoy les dan
los pueblos civilizados.  100

   ¡Oh, soñador sin segundo!
Tu historia otra vez comienzo;
el más portentoso lienzo
que de sí contempla el mundo.
A su sentido profundo,  105
arte se asocia divino;
a lo grande, lo mezquino,
a lo vulgar lo que asombra;
llanto y gozo, luz y sombra
en contraste peregrino.  110

   ¿Quién la escribió?... He de callarlo,
no espere que lo declare;
sufra quien lo preguntare
la vergüenza de ignorarlo.
Conocerlo es admirarlo;  115
fue pobre y fue caballero;
si en desdichas el primero,
por su genio, de una talla
que sólo rivales halla
en Sékspir5, Dante y Homero.  120
—170→

   Principio, pues, a leer;
ya sé que no han de faltar
entuertos que enderezar,
agravios que desfacer.
Mas si locura ha de ser  125
ante la humana cordura,
ir de una en otra aventura
el bien buscando en la tierra,
¡guerra a la cordura, guerra
y bendita la locura!  130



  —171→  

ArribaAbajoRicardo Sepúlveda




ArribaAbajoA Cervantes


(Estrofas vulgares)


ArribaAbajo    ¡Ingrato mundo por cierto!
Cautivo en Argel vivías,
y a la sazón no tenías
sobre qué caerte muerto.
Hoy, universal concierto  5
de voces tu nombre aclama;
su mejor gloria te llama
ese mundo fementido,
que entonces te dio al olvido
y ahora te entrega a la fama.  10

   Menguadas las gentes eran
de tu siglo, de tal suerte
que fue precisa tu muerte
para que te conocieran.
Hoy los pueblos te veneran,  15
te invocan con devoción,
y es tanta la adoración
que a tu nombre tributamos,
—172→
que ya todos le llevamos
grabado en el corazón.  20

   Muchos serán tus pesares,
Miguel, y tus penas muchas,
si desde la gloria escuchas
estas coplas tan vulgares.
Pero al ver los centenares  25
de versos que el mundo ufano
a tu ingenio soberano
dispara elocuentemente,
prefiero hablar, francamente,
en estilo liso y llano.  30

   Hoy eres Miguel, el blanco
de los disparos certeros
de todos esos copleros
que siempre te llaman... manco.
También me atrevo, y me atranco  35
al atreverme contigo,
y bien merezco, en castigo
de mi petulancia suma,
que te dé a entender mi pluma...
que no sé lo que me digo.  40

   Mas no quiero ser molesto,
y solo esta estrofa escribo:
te llaman manco y cautivo
—173→
y no transijo con esto.
¡Manco Miguel! ¡Por supuesto!  45
Yo rechazo esa invectiva;
y si lo fue, mientras viva
el mundo, sabrá el más zote
que... manco, escribió el Quijote
cautivo... a todos cautiva.  50

Abril, de 1876.



  —174→  

ArribaAbajoNarciso S. Serra




ArribaAbajoA Cervantes


ArribaAbajo    Gloria del suelo español,
ingenio de alto renombre,
gran Cervantes cuyo nombre
resplandece como el sol;

   perdóname si atrevido  5
te hice hablar y por ti hablé6,
aunque yo no te falté
al respeto que es debido,

   por vida de Belcebú
que mi pluma acometió  10
grande empresa, al hablar yo
en vez de que hablaras tú.

   Que no era cosa sencilla
dar tu sublime gracejo
al hidalgo pobre y viejo  15
de «El loco de la guardilla».

   Tu fama bien asentada
tan solo nos resta aquí;
—175→
en vano al llorar por ti
busco tu tumba ignorada;  20

   que del mundo los excesos
con sus muchas tropelías,
ni acariciaron tus días
ni respetaron tus huesos.

   Pero en medio, a la oración,  25
sé que a visitarme vienes
en persona, porque tienes,
tu tumba en mi corazón.

(Del libro Leyendas, Cuentos y Poesías -Madrid, 1877.)



  —176→  

ArribaAbajoEvaristo Silió




ArribaAbajoA Cervantes


ArribaAbajo    Tal vez a tu memoria se eleva un eco triste
que a tu mortal destino acusa de cruel,
clamando que en tu patria del mal la presa fuiste
y víctima en Lepanto y mártir en Argel.

   Tal vez a tu memoria un alma dolorida  5
lamenta de la injusta y ciega humanidad
que empiece donde acaba la noche de tu vida
del astro de tu gloria la inmensa claridad.

   Mas ¡ah!, de tu existencia el duelo más profundo
fue mudo y misterioso dolor que no se ve;  10
del genio con las alas cruzando por el mundo
tu anhelo fue más alto, más grande tu mal fue.

   Nacer de luz ansioso, y hallar la noche oscura,
tender al bien los brazos, y hallar los del rigor,
nacer soñando un cielo, y verse en esta hondura  15
do la más alta gloria es sierva del dolor.
—177→

   Sentir el ansia eterna de penetrar el velo
que ha envuelto ya en la sombra generaciones mil,
fijar en las alturas sus ojos con anhelo,
y ciego ser, y esclavo de la materia vil.  20

   Tener sueños de ángel del hombre en la morada,
de la ideal grandeza sentir la inspiración,
la imagen concebida buscar humanizada,
y hallar el desencanto que oprime el corazón.

   Querer del mundo loco regir el rumbo incierto,  25
buscar en las tinieblas el germen de su mal,
soñar con el oasis, y errar por el desierto
llevando sobre el alma la pena universal.

   ¡Tal es el mal gigante que lucha en sorda guerra
con el gigante espíritu del mundo valedor,  30
tal es el mal del genio que cruza por la tierra,
tal fue tu gran batalla, tal fue tu gran dolor!

   -Tres siglos han unido su aplauso a tu memoria,
la humanidad avanza su error dejando atrás,
y aún mira el alma triste, después de tanta gloria,  35
que el mundo, el pobre mundo no puede darte más.

   En medio a la tristeza del mísero abandono,
—178→
para calmar tus sueños, tu ardiente frenesí,
¿qué pudo darte el hombre? ¿Un miserable trono?
Y bien, ¿qué hubiera sido un trono para ti?  40

   El genio, que en el mundo su espíritu no encierra
ya luche con la duda, ya brille con la fe,
cuando halla en su camino el cetro de la tierra
le mira, y desdeñoso, ¡le aparta con el pie!

   Más grande que tu fama, más alto que tu nombre,  45
tu espíritu vivía del bien eterno en pos;
ejemplo tu grandeza y admiración del hombre,
¡honrarla pudo el mundo, premiarla sólo Dios!



  —179→  

ArribaAbajoVentura de la Vega




ArribaAbajoDécimas


ArribaAbajo    Si de norte a mediodía
en uno y otro hemisferio
no abarca ya nuestro imperio
los pueblos que abarcó un día:
Por un nombre todavía  5
somos lo que fuimos antes;
pues los que más arrogantes
las glorias de España ultrajan,
callan y la frente bajan
cuando decimos: ¡Cervantes!  10

   Roma y Grecia, que al acero
del bárbaro el cuello dan,
hoy viven y vivirán
en Virgilio y en Homero.
Contra el destino severo  15
que así en los pueblos se ensaña,
un libro nos acompaña
al eterno porvenir...
¿Puede el Quijote morir?
Pues morir no puede España.  20

   Vosotros, que al grito santo
respondéis de Patria y Gloria,
venid, honrad la memoria,
—180→
del Soldado de Lepanto-.
¡Gloria al que es del orbe encanto!  25
¡Gloria al ingenio fecundo,
festivo a un tiempo y profundo!
¡Gloria al Cautivo de Argel!-.
¡Aún nos llamamos por él
la primer nación del mundo!  30

Abril, de 1862.



  —181→  

ArribaAbajoJosé Velarde




Arriba De cómo nació el Quijote


Al Sr. D. Luis Montoto





I

Arriba   Era una prisión oscura
en bóveda terminada,
bajo tierra socavada
a guisa de sepultura:
lúgubre cual la amargura,  5
tan húmeda como el llanto,
triste como el desencanto,
como la barbarie fuerte,
silenciosa cual la muerte
y horrible como el espanto.  10


II

    Luz tenue que vacilaba
con sus trémulos fulgores,
aquella mansión de horrores
levemente iluminaba.
Un hombre allí dormitaba  15
sobre el desnudo tablado,
—182→
teniendo una mesa al lado,
y en ella pluma, tintero,
el moribundo mechero
y un papel emborronado.  20


III

   A impulso de hondo pesar,
el hombre a veces gemía;
y el lecho entonces crujía,
gimiendo del hombre al par
para su duelo aumentar,  25
la humedad se condensaba
en el techo, y goteaba
parecía que al exceso
de la desdicha del preso
hasta la roca lloraba.  30


IV

    A veces interrumpía
aquel constante clamor,
el ruido atronador
de alegre y cercana orgía.
¡Sólo un muro dividía  35
la buena y la mala suerte;
pero muy fuerte, tan fuerte
como la losa que avara
en el sepulcro separa
a la vida de la muerte!  40
—183→


V

   Creciendo en agitación
el infeliz balbuceaba,
y vibrando se apagaba
lento el eco en la prisión.
A tal llegó su pasión,  45
su delirio y desconcierto,
que entre dormido y despierto
de repente irguiose altivo
con la voluntad de un vivo
y la rigidez de un muerto.  50


VI

   Su actitud causaba horror;
sus ojos centelleaban
y sus labios se agitaban
en convulsivo temblor:
lívido era su color  55
y respiraba con pena;
azulada y gruesa vena
delatábase en su cuello,
y erizaba su cabello
como el león la melena.  60


VII

    Con extraña entonación,
su nombre dijo aquel hombre,
—184→
y a los ecos de su nombre
se estremeció la prisión.
La sonora vibración,  65
que por lo gigante arredra,
rebota en la tosca piedra,
y con eco ronco y duro
repiten bóveda y muro:
«¡Miguel Cervantes Saavedra!...».  70


VIII

   «Aqueste nombre -prosigue-
es emblema del dolor;
¡no hay desventura mayor
que la que a mí me persigue!
No hay bálsamo que mitigue  75
el pesar de mi alma herida;
¡la fortuna maldecida,
negándome sus favores,
eslabonó con dolores
la cadena de mi vida!  80


IX

   »A ser humilde criado
arrastrome la pobreza,
teniendo yo más grandeza
que el más grande potentado:
a bajar vime obligado  85
—185→
la altiva, orgullosa frente
do el genio palpita ardiente,
para comer con afán
el trozo amargo de pan
que se le arroja a un sirviente.  90


X

    »Soldado luché con saña
y un brazo perdí en Lepanto
más tarde derramé el llanto
del cautivo en tierra extraña:
libre, seguí de mi España  95
el victorioso pendón,
y en tan gloriosa ocasión
escribí La Galatea,
dando más fuego a la idea
con el fuego del cañón.  100


XI

   »Después... después escribía
para el sustento ganar,
teniéndome que igualar
al vulgo que me leía.
Nunca en mis obras podía  105
libre el ingenio lucir.
¿Lo que puedo yo decir,
lo puede el vulgo entender?
—186→
¡Escribir para comer
es no comer, ni escribir!».  110


XII

   Dijo: lágrima candente
por su mejilla rodó,
y en la mano reclinó
la sudosa y ancha frente.
Todo en silencio imponente  115
quedose; sólo se oía,
el tablado que crujía,
el techo que goteaba,
y del hombre que lloraba
el corazón que latía.  120


XIII

   Y prosiguió: «Ya que el mundo
me desprecia y martiriza,
le obligaré a entrar en liza
con mi talento fecundo.
Que su ira y rencor profundo  125
la sociedad en mí agote
un libro será el azote;
de esa ciega sociedad.
¡Yo derribaré una edad
con un poema, El Quijote!  130
—187→


XIV

    »Yo la hundiré. ¿Qué no puede
fundado en el bien el genio
sale del mundo al proscenio
y todo a su base cede.
Luz a la sombra sucede,  135
la maldad en vano ruje,
el hondo cimiento cruje
del error, y viene a tierra
cual se derrumba la sierra
de terremoto al empuje.  140


XV

   »Y pues causa al hombre espanto
la verdad seca y concisa,
se la enseñaré con risa,
aunque la escriba con llanto.
Daré del chiste el encanto  145
a la pena que me abruma;
así el sol dora la bruma,
y el mar oculta el tormento
con que le castiga el viento,
alzando risueña espuma».  150


XVI

   -Dijo- marchó de repente
hacia la mesa, llorando,
—188→
y pluma y papel hallando,
después de azotar su frente,
escribió rápidamente  155
con letra corrida y ancha:
«En un lugar de la Mancha,
de cuyo nombre no quiero...»
y prosiguió tan ligero
como rueda la avalancha.  160


XVII

    Algún tiempo era pasado,
la escasa luz se extinguía,
y aun aquel hombre escribía
por su genio iluminado.
Da en tierra, al fin desplomado  165
cual muro que se derrumba...
Apenas el eco zumba,
la luz muere, y la prisión,
mas que del hombre mansión,
parece una horrible tumba.  170

(Del libro Voces del alma -Abril, 1875.)