En la hora veintitrés [veinticinco]
Ricardo Gullón
Const. Virgil Gheorghiu es el autor de un libro famoso -La hora veinticinco- y de otro -La segunda oportunidad- que está en camino de serlo. Es decir, estaba en camino, pues la revelación de que ahora hablaremos tal vez ponga plomo en las alas del brillante rumano, dispuesto a mantenerse indefinidamente en la lista de best-seller.
Pues rumano emigrado es el señor Gheorghiu, que venía pasando por víctima de la tremenda catástrofe desencadenada sobre su país y sobre Europa entera. Víctima continúa siéndolo, pero no es ya tan seguro que sea víctima inocente. Antes de llegar a la hora veinticinco, la hora de la desesperación y los trenos, la hora apocalíptica ulterior al desastre; antes de lanzar a diestro y siniestro, contra alemanes y rusos, contra americanos e ingleses, patéticas quejas; antes de golpearse el pecho y ponerse ceniza sobre la cabeza, el autor de las novelas mencionadas había publicado otra -Las orillas del Dniester arden- en Bucarest, año 1941, donde quien luego se ha presentado como antitotalitario acérrimo, defensor de los judíos y de los oprimidos, canta las persecuciones y el odio a los hebreos y elogia a los «hombres nuevos» que los destruyen.
Jean Sénard publicó en Le Figaro littéraire un artículo ilustrado por la reproducción fotográfica de dos fragmentos de la vieja novela de Gheorghiu, fragmentos elocuentes que no dejan dudas respecto a la tendencia del libro, ferozmente antisemita. Uno de los párrafos reproducidos acaba con una frase que traducida literalmente dice así (refiriéndose a los judíos): «¡Cuán clemente castigo la pena de muerte para ellos y para sus crímenes!».
Y ésa es la misma pluma que ha escrito luego los «libros de los judíos», incluidos en La segunda oportunidad. Sénard concluye su artículo moderada, pero categóricamente: «M. Gheorghius tiene talento. Desearíamos que tuviera un poco de pudor».