Ellison, el invisible
Ricardo Gullón
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Ralph Ellison es un joven intelectual negro norteamericano que acaba de publicar, con mucho éxito, su primera novela: Invisible Man. Fue primero músico: formó parte de una orquesta escolar, estudió armonía y composición... Pero -según informa Eloise Perry Hazard- el contacto con The Waste Land, el profundo poema de T. S. Eliot, le llevó por otros derroteros, y, animado por Richard Wright, otro gran escritor negro, se dedicó a la literatura, publicando cuentos, artículos y críticas.
Su actitud implica
la aceptación y el reconocimiento de lo norteamericano:
«Pienso que [los Estados Unidos] son un
país —266→
maravilloso. Es el único país que conozco y,
naturalmente, lo amo. El artista tiene que vincularse a un
país. No puede rechazar su herencia»
. Se siente
ciudadano y, al escribir, se dirige en primer término a los
norteamericanos. Ésta es la originalidad de su
posición si se la compara con la de escritores de color como
Lanston Hughes o el mismo Wright.
En Invisible Man narra Ellison episodios autobiográficos que tienden a demostrar su invisibilidad, es decir, la incapacidad de quienes con él conviven para considerarle como el ser único que es. No como «el negro» o «el intelectual» o «el revolucionario», sino, simplemente, como el hombre Ralph Ellison, cuya pasión y existencia no pueden confundirse con las de ningún «otro».
La circunstancia de que el héroe sea negro, y por tanto más fácilmente víctima de malos tratos en la sociedad a que pertenece, no es óbice a que la dramática situación expuesta pueda resultar aplicable, en términos semejantes, a cualquier hombre, abstracción hecha del color de su piel, e incluso de sus talentos y condiciones personales.
No es tanto mala fe de los demás como algo aún más grave y difícil de combatir: la imposibilidad de ver al hombre según él, individualizado, aparte de las categorías en donde se le considera inserto.
El novelista rumano Constantin Virgil Gheorghiu, en La hora veinticinco, describe, también en forma novelesca, esta patética imposibilidad y las consecuencias trágicas sobrevenidas en algunos casos, en muchos casos, al no ser posible remontarla y ver al hombre, a nuestro prójimo, como persona.
Ellison, con estilo alucinante e intenso, con lenguaje exaltado y brillante, narra sus decepciones sucesivas y cómo, paulatinamente, desde la inocencia y la credulidad originaria, llegó a convencerse de que sus tentativas para hacerse conocer y querer se estrellaron siempre contra el muro ciego y sordo, como de piedra, que nos rodea.
Cree, con Gheorgiu, en la progresiva burocratización y endurecimiento de las mentes, en la desaparición de las diferencias dentro de las generalizaciones en que los hombres van siendo confinados. Su personaje es símbolo del hombre actual, del hombre a quien gesticulaciones, llanto o risa, no bastarán para hacerle notorio, porque, en definitiva, él -usted, él y yo- es tan invisible como el elocuente Ellison.