| ¿Conque ya no soy rey? ¿Ya no soy nada? | |
| ¿En un momento se acabó mi imperio? | |
| ¿Ya desaparecieron mis amigos | |
| cual veletas que mueve el fácil viento? | |
| Sí, todo se acabó. ¡Qué cruel fortuna! | 5 |
| Toda tu elevación ha sido un sueño. | |
| Ayer era un monarca respetable, | |
| a cuya faz humilde acatamiento | |
| me hacían los potentados y los sabios, | |
| los ignorantes, pobres y plebeyos, | 10 |
| y hoy estos mismos, sin rubor ninguno, | |
| me llenan de baldones e improperios. | |
| ¡Oh, Agustín Iturbide! ¡Oh, alma débil! | |
| ¡Oh, corazón de joven inexperto! | |
| Tú te dejaste guiar de aduladores, | 15 |
| sin oír de tus amigos los consejos. | |
| Tú que concluiste la obra majestuosa | |
| de los grandes Hidalgos y Morelos | |
| en siete meses, con fortuna rauda, | |
| y fuiste de tu patria el embeleso, | 20 |
| hoy yaces abismado en el olvido, | |
| lleno de execración y hecho el objeto | |
| de la ira, la venganza y el encono | |
| de tu misma nación... Sí, de la misma | |
| que supe libertar del yugo férreo | 25 |
| de la España opresora, con mi espada, | |
| con mi combinación y mi talento. | |
| Entonces... ¡Ah! ¡Recuerdos infructuosos! | |
| Entonces... ¡Qué dolor! ¿Y yo me atrevo | |
| a traer a la memoria los aplausos, | 30 |
| las felicitaciones, los obsequios | |
| que esta misma nación agradecida | |
| me tributa con sincero pecho? | |
| Sí, que es un lenitivo en la desgracia | |
| de las pasadas glorias el recuerdo. | 35 |
| Yo liberté la amada patria mía | |
| de la dominación del suelo ibero. | |
| Me coroné de honor. Héroe me aclaman, | |
| padre y libertador todos los pueblos. | |
| Por doquiera que paso me celebran | 40 |
| con cánticos, con himnos en mil metros. | |
| Las sencillas pastoras, las aldeanas | |
| salen a los caminos al encuentro, | |
| y arrebatadas de su patriotismo, | |
| su genio tutelar reconociendo | 45 |
| en mi persona, con fragantes rosas | |
| orlan mis sienes y valiente pecho, | |
| cantándome la gala con ternura, | |
| con entusiasmo tal, con tal requiebro, | |
| que a la diosa de Chipre, si la viera, | 50 |
| en ese instante causarían mil celos. | |
| En medio de estas glorias y alabanzas, | |
| cercado de placeres lisonjeros | |
| entré en la capital... ¡Oh, veinte y siete | |
| de setiembre del año de ochocientos | 55 |
| veinte y uno!, tu memoria siempre grata | |
| me será, aunque en momentos pasajeros. | |
| ¡Con qué magnificencia!, ¡con qué fausto | |
| esta triunfante entrada previnieron | |
| todos los mexicanos! A porfía | 60 |
| inundaba las calles todo el pueblo. | |
| Yo vi, sí, no me engaño, los semblantes | |
| llenos de gratitud y de respeto | |
| al héroe del Anáhuac, que tal nombre | |
| entre otros muy honrosos me dijeron. | 65 |
| Las calles adornadas de cortinas, | |
| flámulas, gallardetes, dulces versos | |
| que dictara el amor y el entusiasmo | |
| a su libertador; del bello sexo | |
| los homenajes recibí más dulces, | 70 |
| tan cariñosos como siempre honestos. | |
| En los balcones todas colocadas, | |
| realzando su hermosura trajes nuevos, | |
| galanes y graciosos, derramaban | |
| sobre el entonces tan feliz guerrero | 75 |
| flores diversas; tantas, que bastaron | |
| a labrar una alfombra en todo el suelo | |
| que mis tropas pisaron; los cañones | |
| que fueran de la muerte el instrumento, | |
| con salvas repetidas anunciaban | 80 |
| mi victoria, mi triunfo y vencimiento. | |
| Las campanas alegres con repiques | |
| llenaban de alegría los tibios pechos | |
| de los capitulados o enemigos | |
| de nuestra libertad aún encubiertos. | 85 |
| En fin, todo era gozo, todo aplauso, | |
| todo vivas, elogios y contento | |
| que no sabrá explicar sino el que entrara | |
| triunfante en Roma, vencedor soberbio. | |
| No al Capitolio fui, ni prosternado | 90 |
| a Júpiter quemé jalsos inciensos, | |
| sino al sagrado templo, donde gracias | |
| rendí al Dios de Sabahot. Vivas sin cuento | |
| no interrumpidos recibí de noche | |
| en el iluminado coliseo. | 95 |
| Pasados los momentos de alegría, | |
| calmando un poco el entusiasta fuego, | |
| traté de organizar con una junta | |
| el necesario y auxiliar gobierno. | |
| Ella se dirigió por mis impulsos, | 100 |
| y como era mi hechura, obedeciendo | |
| hasta mis intenciones, me engrandece | |
| al par de mis designios. Luego luego | |
| me da el mando absoluto de las armas, | |
| con nombre de almirante... ¡Qué inexpertos! | 105 |
| Sin contar con un buque, jefe me hacen | |
| de mar y tierra del soñado imperio, | |
| haciéndome ridículo a los ojos | |
| de cuantos tal absurdo conocieron. | |
| Los escritores, sin prudencia alguna, | 110 |
| guiados de gratitud, y uno previendo | |
| que si nos dominaban los Borbones, | |
| a los que el plan de Iguala pasó a viento, | |
| dejaba de volver a esclavizarnos, | |
| me invitaron por dos y más impresos. | 115 |
| Con la corona, sí, con la corona | |
| del opulento Mexicano Imperio. | |
| Las monjas, que apreciaban mi visita, | |
| fiestas me prevenían en sus conventos; | |
| llenas de adulación o de simpleza | 120 |
| me hicieron mil regalos, mil obsequios | |
| demasiado costosos. ¡Cosa extraña | |
| en las santas que habitan monasterios! | |
| Y todas de consuno proclamaban, | |
| no con palabras solas, sí con hechos, | 125 |
| a su Iturbide el Agustín Primero, | |
| poniéndome doseles y cojines, | |
| coronas ofreciéndome con cetros. | |
| En este tiempo, la interina junta, | |
| junta de personajes lisonjeros, | 130 |
| levantaba mi nombre a las estrellas | |
| y muy más mi amor propio envaneciendo, | |
| con título de Alteza me prepara | |
| para subir al trono del Imperio. | |
| Llegó, por fin, el caso prometido | 135 |
| de convocar a Cortes, y el Congreso | |
| se reunió constituido, las mismas bases | |
| jurando sostener. Con tanto empeño | |
| algunos procuraban que viniese | |
| un príncipe Borbón, que tuve celos | 140 |
| de que llegase a dominar la patria, | |
| mi gloria obscureciendo, un extranjero. | |
| Consulto a mis amigos: me aconsejan | |
| no según la virtud ni el juicio recto | |
| de toda la nación, sino adulando | 145 |
| mi gusto, mi opinión y mis deseos. | |
| ¡Oh, ministros perversos! ¡Oh, malvados | |
| amigos intrigantes, lisonjeros, | |
| que me ocultabais la verdad! Yo, beodo | |
| con vuestra sumisión y acatamiento, | 150 |
| engañado pensé que me estimabais | |
| por mi persona, no por el bien vuestro. | |
| Con este error, por enemiga tuve | |
| toda la parte sana del Congreso; | |
| choqué con el Poder Legislativo, | 155 |
| procuré malquistarlo, inspiré celos, | |
| dando lugar a malas providencias, | |
| asegurado bien de que en su seno | |
| borbonistas había e iturbidistas, | |
| ricos y pobres, necios, de talento, | 160 |
| con opinión, sin ella, que ayudaban | |
| mis intenciones sobre mis deseos. | |
| Con el mayor ardor, del Plan de Iguala | |
| quisieran sostener el llamamiento | |
| de los Borbones, unos, y anularlos | 165 |
| otros que liberales se dijeron. | |
| La división entonces se declara | |
| en el salón de Cortes, en el pueblo. | |
| Todo era confusión y desconfianza; | |
| todo temores, sustos y recelos. | 170 |
| Eran estos instantes muy preciosos | |
| para que se lograran mis intentos; | |
| confianza me inspiraba la fortuna, | |
| con semblante mirándome risueño; | |
| y en una feliz noche..., ¡ah, buen Pío Marcha!, | 175 |
| de mi desgracia triste compañero, | |
| tú sabes que esa noche, convocando | |
| con tu sagacidad y tu talento | |
| unos cuantos soldados y unos barrios, | |
| me proclamasteis Agustín Primero. | 180 |
| La sorpresa, el terror, el sobresalto | |
| se apoderó del mexicano pueblo, | |
| viéndose amenazado con la grita | |
| y el trueno del cañón, quizá creyendo | |
| que tal alarma, a una hora intempestiva, | 185 |
| del partido borbón era el efecto. | |
| Los repiques y salvas le anunciaron | |
| lo extraño que ignoraba del suceso. | |
| Sorprendiose la tropa y adunose, | |
| no se puede negar, al bajo pueblo. | 190 |
| Con esta fuerza, en el siguiente día | |
| emperador me proclamó el Congreso. | |
| De mi coronación se trata al punto, | |
| y cuando todo estaba bien dispuesto, | |
| cercado de lucida comitiva | 195 |
| y numerosa tropa, voy al templo, | |
| en donde me esperaban los obispos | |
| y los capitulares placenteros | |
| para hacerme ridículo a los ojos | |
| del hombre pensador, y a los de necios | 200 |
| punto menos que santo... ¡Qué ignorancia | |
| y qué ridiculez en este tiempo! | |
| Yo mismo me engañaba. Sí, yo mismo. | |
| Desde que mi brazo con el óleo ungieron, | |
| creí que mi inmunidad era segura | 205 |
| y Dios juraba eternizar mi imperio. | |
| ¡Qué insensatez! ¡Qué error! Yo me sonrojo. | |
| Si tal pude abrigar un día en mi pecho, | |
| me debiera acordar de Bonaparte, | |
| que desfanatizado hizo lo mesmo | 210 |
| por la cabeza de Iglesia Santa | |
| y para alucinar al bajo pueblo; | |
| aunque no le valió, ni a mí tampoco, | |
| pues las ritualidades de los templos | |
| muy inútiles son en estos casos, | 215 |
| si una nación conoce sus derechos | |
| y quiere reclamarlos. De este día | |
| interrupción no hubieron los obsequios, | |
| las felicitaciones, los aplausos | |
| y las adoraciones que los necios | 220 |
| me tributaban. Todos, mi apoteosis | |
| me hicieron sin cesar: ruines inciensos | |
| quemaron a mi vista y de rodillas | |
| me hablaban estos viles embusteros. | |
| Tan repetidas fueron sus lisonjas | 225 |
| que no oí de la Verdad los dulces ecos | |
| con que me aconsejaba cariñosa, | |
| y aún me parece que la vide en sueños; | |
| al poder absoluto aspirar quise, | |
| creyéndome inviolable. Lo pretendo; | 230 |
| se me oponen algunos de las Cortes; | |
| los hago reclusar en los conventos. | |
| Aún quedan otros firmes que contrastan | |
| con valor indecible mis proyectos. | |
| Entonces, poderoso y vengativo | 235 |
| destruyo de una vez todo el Congreso, | |
| dejando de aparato un juntilla | |
| de la mi devoción, que obedeciendo | |
| humilde mis preceptos decretara | |
| lo que había sancionado yo primero. | 240 |
| Todo se trastornaba cada día, | |
| porque todo lo guiaba el desacierto. | |
| Yo me hice aborrecible y lo ignoraba. | |
| ¡De mis amigos tal era el empeño | |
| que tenían en perderme!... ¿Mis amigos | 245 |
| yo he podido decir? ¿Estoy despierto? | |
| ¿Qué amigos han de ser los egoístas | |
| sin valor, sin talento, lisonjeros, | |
| que por no disgustarme me engañaban | |
| por conservar sus sueldos y sus puestos? | 250 |
| ¿Qué amigos han de ser esos traidores | |
| a mi persona y a su patrio suelo, | |
| cuando procaces, imprudentes, ruines, | |
| virtudes le llamaban a mis yerros; | |
| y cuando me amagaba la cuchilla | 255 |
| del odio general, en el momento | |
| que libertad Santana proclamaba | |
| en Veracruz y era mayor mi riesgo, | |
| vosotros me cantabais dulcemente | |
| porque no despertara yo del sueño? | 260 |
| Viles: ¿os acordáis de vuestros carros, | |
| vuestros arcos triunfales y embelecos | |
| que ridiculizaran mi persona | |
| a los ojos del sabio y los del necio? | |
| Ya desde aquí mi ruina es decretada. | 265 |
| La opinión crece; fáltanme al respeto | |
| en Veracruz las prensas; luego todas | |
| a la nación descubren sus derechos | |
| tantas veces violados; se entusiasma; | |
| sacude de mi yugo el fuerte cuello; | 270 |
| quiérola reducir; las bayonetas | |
| con tal designio en un instante muevo; | |
| pero los jefes y oficiales todos | |
| advierten a la tropa; no hay remedio. | |
| El azar está echado; las provincias | 275 |
| la acta de Casa Mata recibieron | |
| como un don celestial, y en cuatro meses | |
| se evaporó mi trono como el viento. | |
|
(Música triste, y mientras suena, el actor se sienta junto el bufete en actitud de confusión. Después de un rato, levanta la cabeza con languidez, ve la corona y dice en pie:)
|
| ¿Conque ayer era rey? ¿Esta diadema | |
| ceñía mis sienes, y el brillante cetro | 280 |
| empuñaba mi diestra poderosa | |
| en el augusto trono del imperio? | |
| ¿Posible es, Agustín? No, yo me engaño. | |
| Me ocupa un frenesí. Todo fue sueño. | |
| Sí, no hay duda. Soñé, ya he despertado | 285 |
| y en mí no miro más que un prisionero | |
| triste, solo, abatido, sin amigos, | |
| de todos infamado, hecho objeto | |
| del odio y la venganza, sin asilo, | |
| sin recurso ninguno y a un destierro | 290 |
| por favor de la patria confinado | |
| y escoltado de tropa... ¡Santo cielo!, | |
| ¿y aún puedo yo vivir? ¿Aún el ambiente | |
| alcanzo a respirar? O estoy durmiendo | |
| o debo ser de mármol insensible, | 295 |
| pues con tanto dolor morir no puedo. | |
|
(Música; queda un rato en una actitud muy triste, de la que vuelve en sí y dice:)
|
| Si tales son las glorias de este mundo, | |
| ¿cómo hay quien las envidie?, ¿cómo necio | |
| tras ellas corre el hombre temerario, | |
| sin prever los peligros y los riesgos | 300 |
| a que va a exponer? ¿Cómo yo | |
| sin precaución, sin juicio, sin talento | |
| pude aspirar a un trono que no supe | |
| adquirir con razón ni sostenerlo | |
| con prudencia y valor?... ¡Terrible pena! | 305 |
| ¡Reflexiones ociosas! Ya no es tiempo, | |
| no es tiempo, a la verdad, de aprovecharlas. | |
| Ya todo se ha perdido sin remedio. | |
| El imperio, la patria, mis amigos, | |
| aun los que yo tenía por verdaderos, | 310 |
| mi anciano padre, mi querida esposa, | |
| y..., ¡qué pesar!, hasta mis hijos tiernos | |
| me verán con horror. Ya no me queda | |
| el más mínimo apoyo; ya no encuentro | |
| ni en mi propia familia quien me aprecie | 315 |
| y quiera interesarse en mi tormento. | |
| ¡Oh, joven insensato!, te perdiste | |
| por un loco capricho, por un ciego | |
| prurito de reinar, como si fuera | |
| tan fácil cosa gobernar un reino | 320 |
| ni abusar del poder, a lo que incita | |
| la vil adulación contra el derecho. | |
| ¡Cuánto mejor estuve y más tranquilo | |
| cuando me titulé jefe primero | |
| de las bravas legiones trigarantes! | 325 |
| Entonces recibí los más sinceros | |
| y gratos homenajes; la lisonja | |
| aún no profundizaba los cimientos | |
| de mi loca ambición; aún no pensaba | |
| en hacerme monarca. Satisfecho | 330 |
| con la gloria interior de haber servido | |
| a mi patria de apoyo e instrumento | |
| para su libertad, viví seguro | |
| de émulos y enemigos. Si el ejemplo | |
| de San Martín, Bolívar y Washington | 335 |
| yo supiera seguir, ¡oh, qué diverso | |
| hoy fuera mi destino! Yo viviera | |
| de mi familia en el amable seno, | |
| amado de los hombres y tranquilo, | |
| sin padecer el cruel remordimiento; | 340 |
| mis días pasara en paz, y lleno de honra | |
| al sepulcro bajara después de ellos. | |
| Pero yo me olvidé que la fortuna | |
| nunca hace sus favores duraderos. | |
| Pensé, ¡qué mal pensado!, que los reyes | 345 |
| afianzaban su trono con el cetro. | |
| Después del grito aciago de Santana, | |
| aún no supe temer el fin funesto | |
| que se me preparaba, y por lo mismo | |
| el modo no advertí de precaverlo. | 350 |
| Me fie de los amigos..., ¡qué insensato! | |
| Sí, me arrojé en los brazos de los necios | |
| que, al tiempo de adularme, al precipicio | |
| me acercaron con bárbaros consejos. | |
| Contribución directa e indirecta, | 355 |
| papel moneda y auxiliar derecho, | |
| con otras violaciones criminales | |
| de mi pacto social, odioso hicieron | |
| mi trono, mi poder y mi persona, | |
| y en un instante, sí, en un momento | 360 |
| todo despareció; ya no soy nada; | |
| soy un humilde y triste prisionero | |
| de mi feliz nación. Aprended, reyes, | |
| los que tiranos domináis los pueblos; | |
| los que soberbios, vanos y arrogantes, | 365 |
| llenos de orgullo y de confianza llenos, | |
| abatís y ultrajáis vuestros vasallos, | |
| apurando su humilde sufrimiento; | |
| aprended hoy en mí: ved un monarca, | |
| que si bien no lo fue, mereció serlo, | 370 |
| pues nadie, nadie negará que libre | |
| hice a mi patria del dominio ibero. | |
| Ved a un emperador que, circundado | |
| de aplausos, homenajes y respetos, | |
| creyó cual realidad lo que soñaba, | 375 |
| pues creyó que su Imperio fuese eterno. | |
| Pero ved a este rey, a este monarca, | |
| a quien áulicos viles sedujeron, | |
| sin opinión, sin trono, sin asilo, | |
| sin patria..., ¡qué dolor!; sin patrio suelo, | 380 |
| porque toda la patria me abomina | |
| y a la Italia me envía... Yo desfallezco. | |
|
(Se suspende confundido un rato, y en él, música triste.)
|
| Esta corona, sí, esta corona, | |
(Mirándola.) |
| esta púrpura infame y este cetro | |
| comunes al tirano y al piadoso, | 385 |
| al hipócrita rey, al cesar bueno, | |
| lisonjearon mi orgullo, me encantaron, | |
| mis sanas intenciones corrompieron; | |
| por éstos delinquí, por estos dijes | |
| que no son, bien miradlos, sino viento. | 390 |
(Tomando todo en sus manos.) |
| Sí, oro maldito, sí, tu falso brillo | |
| hizo toda mi ruina...; duro cetro..., | |
| púrpura criminal, adornos viles, | |
| de los tiranos fútiles inventos, | |
| bajo cuya apariencia dominante | 395 |
| esclavizaron los humildes pueblos. | |
| ¿De qué me habéis servido..., ¡oh, desgraciado!, | |
| sino de envanecerme lisonjeros, | |
| de borrar mi virtud, de prostituirme | |
| y de encumbrarme al solio, para luego | 400 |
| hacerme odioso y desde la alta cumbre | |
| precipitarme al tenebroso averno? | |
| ¿Y yo os tengo en mis manos? No, os arrojo, | |
(Arrójalos al suelo y los pisa.) |
| os odio, os abomino y os detesto; | |
| os desprecio y mis plantas en vosotros | 405 |
| ultrajen ya las sombras de los necios | |
| que de vosotros fiaron... ¿Mas, qué digo? | |
| ¿Qué es lo que yo hago? ¿Qué discurro o pienso? | |
| Estos muebles son nada, yo soy mucho. | |
| Seres son insensibles, sin talento, | 410 |
| sin alma ni razón... Yo..., ¡miserable!, | |
| no soy oro ni trapo; lo confieso. | |
| Yo, solamente yo soy el culpado. | |
| En esta cruel escena soy el reo. | |
| Ultrajé una nación; fuerza es que sufra | 415 |
| la pena consiguiente al desacierto... | |
|
(Tocan las cajas.)
|
| Mas ya suenan las cajas. Sí, las dianas | |
| avisan que del sol los rayos tersos | |
| señalan nuevo día a mi desgracia. | |
| Pero este día fatal..., ¡qué pesar fiero!, | 420 |
| es el de mi partida: hoy mismo salgo | |
| para no volver más; ¡oh, Dios eterno!, | |
| para no volver más a ver a mi patria, | |
| do feliz respiré primer aliento. | |
| Mas ya es en vano, sí, ya es infructuosa | 425 |
| toda consternación, ya del Congreso | |
| se ha dado la sentencia irrevocable | |
| y sin apelación. Aquesto es hecho. | |
| A Dios, México, a Dios; ya de tu vista | |
| se retira Agustín de oprobio lleno. | 430 |
| A Dios, Valladolid, mi patrio nido, | |
| do vi la primer luz y el sol primero. | |
| Ya Iturbide te deja; ya se ausenta, | |
| en su pecho llevando el desconsuelo | |
| de no volverte a ver. A Dios, mi patria; | 435 |
| a Dios, deudos, amigos, compañeros; | |
| sí, para siempre a Dios: mi cruel destino | |
| me aparta de vosotros; sólo os ruego | |
| humilde, sin poder y consternado, | |
| que perdonéis mis ya pasados yerros. | 440 |
| Mortal como vosotros he nacido; | |
| al engaño y pasión estoy sujeto | |
| como lo estáis vosotros; mis errores, | |
| lejos de subsanarlos, los confieso, | |
| y quisiera poder daros las pruebas | 445 |
| de que es sincero mi arrepentimiento. | |
| No siento la corona que he perdido; | |
| no, mexicanos, no: yo lo que siento | |
| es perder vuestra gracia, vuestro amparo, | |
| vuestra grata amistad y vuestro afecto. | 450 |
| Por eso contristado y ruboroso | |
| perdón os pido de pasados yerros. | |
| Sí, perdonadme, amigos, os lo suplico. | |
| Sois generosos, nobles y discretos. | |
| Habéis sabido perdonar benignos | 455 |
| y aun abrigar en vuestro mismo seno | |
| a vuestros enemigos declarados, | |
| asesinos de Hidalgo, de Morelos, | |
| de Bravo, Matamoros y Galeana, | |
| de vuestros padres, vuestros hijos mesmos | 460 |
| y de vuestra nación... Sólo Iturbide, | |
| sólo yo, fascinado, beodo y lerdo | |
| con tanta adulación, ¿será posible | |
| que no alcance piedad en vuestros pechos? | |
| Eso no puede ser; sería agraviaros | 465 |
| formarme de vosotros tal concepto. | |
| Una indulgencia, un disimulo os pido, | |
| un perdón generoso a mis defectos. | |
| Compatriotas, amigos generosos: | |
| en esta vez de mí compadeceos; | 470 |
| perdonadme, os suplico, y restituidme | |
| a vuestro dulce amor... ¡Oh, santo cielo!, | |
| si vuestra nueva alianza me constara, | |
| alianza de amistad, que más no quiero; | |
| si que me amabais algo yo supiera, | 475 |
| me sería suave y dulce mi destierro | |
| no ya a la Italia, no, sino a la Libia, | |
| y entre las fieras viviría contento, | |
| con saber que vosotros, compasivos, | |
| hacíais de cuando en cuando algún recuerdo | 480 |
| de Agustín desgraciado... Mas, ¿qué digo? | |
| ¿Y yo puedo dudarlo? Sois muy nobles; | |
| vuestro carácter es piadoso y tierno; | |
| no se sabe vengar en el rendido, | |
| está hecho a perdonar. Yo me prometo | 485 |
| vuestra gracia alcanzar, así el Dios justo | |
| os mire compasivo desde el cielo, | |
| os libre de tíranos y os afirme | |
| en un feliz gobierno duradero, | |
| que las venturas haga de la patria | 490 |
| vuestras, de vuestros hijos, vuestros nietos | |
| y las generaciones más remotas | |
| que mueran con el sol... |
|
(Generala.)
|
Mas ya el momento | |
| llega de mi partida, ya las cajas | |
| tocan la Generala. A Dios, mi patria, | 495 |
| a Dios; y si supiste tus derechos | |
| de Agustín reclamar, no se te olvide | |
| este heroico valor, este denuedo, | |
| y a costa de tu sangre conservarlos | |
| jura ante Dios, que yo diré a la Europa | 500 |
| con la sacra elocuencia del silencio: | |
| -Temblad, reyes tiranos, que ya el hombre | |
| dijo: «Quiero ser libre», y ha de serlo. | |
(Éntrase con precipitación.) |