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1

Fryda Schultz de Mantovani, Apasionados del nuevo mundo, Buenos Aires, Raigal, 1952.

 

2

Ezequiel Martínez Estrada, Sarmiento, Buenos Aires, Argos, 1946.

 

3

Lucio V. Mansilla, Rosas, Ensayo histórico-sociológico, Buenos Aires, 1945, p. 143.

 

4

Amalia, Buenos Aires, Estrada, Colección Clásicos Argentinos, 1955, 1.ª, XIII, p. 197.

 

5

Por ejemplo, el retrato de Salomón: «Era este un hombre como de cincuenta y ocho a sesenta años, alto y de un volumen que podía muy bien poner en celos al más gordo buey de los que se presentan en las exposiciones anuales de los Estados Unidos; cada brazo era un muslo, cada muslo un cuerpo y su cuerpo diez cuerpos» (1.ª, XIII, 193).

 

6

Esta imagen de Manuelita fue adelantada por Mármol en 1849, en un folleto publicado en Montevideo, Manuelita Rosas. Rasgos biográficos.

 

7

Raquel Weinbaum, en un interesante artículo publicado en Contorno sostiene que la dicotomía establecida por Mármol en su novela, común a la establecida por todos nuestros románticos, tiene su raíz en la actitud bifronte de aquella generación de escritores, con un ojo puesto en Europa -el mundo refinado de Amalia- y el otro en la realidad Americana -el mundo rústico y brutal de Rosas.

«Se podría objetar que Mármol intencionadamente desarrolla esa dicotomía Rosas-Amalia, rusticidad-urbanidad. Claro, sin duda alguna que ese paralelismo corre a lo largo de la novela en virtud de la voluntad del autor. Impugnación e ideal. Pero es que así ve él el mundo, dividido y simplificado de esa manera en virtud de ese corte: un ojo hacia Europa y otro hacia todo lo de aquí, hacia América. Y todo lo de Europa -todo lo que está referido explícita o implícitamente a allá-, como ocurre con la descripción de Florencia Dupasquier (este apellido incluso) y con la habitación de Amalia, resulta bello, idealizado y -lo que interesa poner de relieve- falso, falso estéticamente, frustrado. Y lo de aquí, aun cargando con un realismo elemental, aun desdeñado por la remisión a ese ideal, resuelve una verdad, una verdad estética» (Contorno, Buenos Aires, setiembre 1955, n.º 5-6. p. 4).