571
Los grandes forjadores de la revolución francesa no querían armar realmente más que al pueblo. Los pocos nobles a quienes dejaron introducirse en su guardia nacional no los espantaban; sabían bien que no tardarían en echarlos, y teniéndose el pueblo por el único favorecido, fue de ellos únicamente.
572
¿Cómo saldrán de este difícil paso, porque hay muchas guardias nacionales que no están por ellos?
573
No los hay, pues, de esta especie.
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Dudo que los aliados que están en Francia puedan impedir esto; y, por otra parte, saldrán bien pronto de allí.
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Imposible en este momento para ellos; y sería urgente. Pero guardan la mía, para lo que soy todo.
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Hice atención a esto en Italia.
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Los vi con gusto fastidiarse del servicio, y me constaba bien que, pasado el primero de febrero, se cansarían de él.
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No poner para guardar el país conquistado más que regimientos de cuyo apego estoy seguro.
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No debe tomarse literalmente este raciocinio; porque en tiempo de Maquiavelo, los ciudadanos eran soldados, en caso de ataque, de su ciudad. No se cuenta ya hoy con los ciudadanos para la defensa de una ciudad embestida, sino con las buenas tropas que se han puesto en ella. Pienso, pues, como los antiguos florentinos, que es bueno mantener partidos de cualquier especie en las ciudades y provincias, para ocuparlas cuando son de una índole inquieta, en el bien entendido de que ninguno se dirija contra mí.
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Estratagema que me salió acertadamente. A menudo les echo a veces algunas leves semillas de discordias particulares, cuando quiero distraerlos de ocuparse en los negocios de Estado, o que preparo en secreto alguna grande providencia gubernativa.