561
Miramientos o no, es preciso tener una fuerte guardia con la que uno pueda contar, aun cuando hubiera deserción entre las otras tropas, que se apegan muchísimo todavía al pueblo.
562
La comparación es curiosa, atrevida, pero verdadera a los ojos de todo meditador político.
563
Los cardenales hacen, efectivamente, al soberano temporal de Roma, como los magnates de Egipto hacían a su Soldán.
564
El serlo así es la más excelente suerte de la rueda de la fortuna.
565
Hay algo bueno en cada uno de estos modelos; es menester saber escoger. únicamente los tontos pueden atenerse a uno solo e imitarle en todo.
566
¿Quién será capaz de seguir las mías?
567
Perfectamente concluido; pero todavía no puedo desistir de los procederes de Severo.
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Un mismo príncipe puede verse obligado a hacer todo esto en el curso de su reinado, según el tiempo y circunstancias.
569
Habla, y me encargo de las consecuencias prácticas.
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Así obraron los hábiles fautores de la revolución. Haciéndose los príncipes de la Francia, con la transformación que ellos hicieron de sus Estados generales, en Asamblea nacional, armaron inmediatamente al pueblo entero para formarse de él un ejército «nacional» en provecho suyo. ¿Por qué conservaron las guardias urbanas y comunales este título que no les conviene ya hoy día? ¿Guarda cada una de ellas a la nación entera? Es menester que ellas le pierdan, pero gradualmente. No son, ni deben ser, más que guardias urbanas o provinciales; así lo exigen el buen orden y sano juicio.)