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El placer de leer

Carme Riera

Este año don Guillermo Díaz-Plaja i Contestí hubiera cumplido cien años. Quiero suponer que serían muchas las instituciones promotoras de homenajes. No solo por haber llegado a una edad tan provecta sino por cuanto escribió, que fue exagerado: doscientos libros, entre ensayos, manuales de literatura y obra de creación, en castellano y catalán. Si hubiera llegado a centenario -murió a los 75- saldría a dos libros por año, pero escribió más de dos libros cada 365 días. No en balde le llamaban «el libro que no cesa».

Además fue profesor y muy bueno; académico de la RAE, en la que ocupó el sillón P, que antes perteneció a Azorín, y de la Reial Acadèmia de Bones Lletres de Barcelona, a la que dejó su estupenda biblioteca. En sus manuales de literatura varias generaciones aprendimos a leer a los autores. El método Díaz-Plaja consistía en acercar los textos a los alumnos. Muchos, entre los que me cuento, en los fragmentos elegidos por Díaz-Plaja descubrimos el placer de leer.