El periodismo y Miguel Hernández
Francisco Esteve Ramírez
Uno de los aspectos menos estudiados en las biografías y análisis crítico de la vida y obra de Miguel Hernández quizá sea su labor periodística. Se han realizado importantes estudios de los aspectos poéticos, literarios, teatrales y narrativos de Miguel Hernández. Sin embargo, el abundante trabajo periodístico realizado por este escritor oriolano, cuyo cincuentenario de la muerte se celebra ahora, no ha sido, a mi juicio, suficientemente tratado. Hay que reconocer, previamente, el considerable esfuerzo de búsqueda hemerográfica realizada por los profesores Juan Cano Ballesta y Robert Marrast, especialmente en los textos hernandianos publicados en la prensa de la época de guerra, y que dieron a conocer en su obra Poesía y prosa de guerra y otros textos olvidados, editada por editorial Ayuso. Asimismo, hay que destacar el trabajo de investigación llevado a cabo por el hispanista francés Claude Couffon -Orihuela y Miguel Hernández, editorial Losada- en las publicaciones oriolanas de la etapa juvenil de Miguel Hernández. Por su parte, Francisco Martínez Marín, en su libro Yo, Miguel, de la editorial Félix de Orihuela, realiza una interesante aportación al estudio hemerográfico de la obra hernandiana.
Inicios periodísticos
Una de las profesiones preferidas de Miguel Hernández fue la de periodista, según manifiesta él mismo en una carta dirigida al canónigo de Orihuela, don Luis Almarcha, el 10 de octubre de 1932: «He leído, en el Debate del sábado 8 la convocatoria que hace dicho periódico a los aspirantes a periodistas, así como los planes de estudio en su Escuela de Periodismo. Recuerdo que a mi primera, como la segunda, desdichada vuelta de Madrid me habló usted de la tal «Escuela de Periodismo»
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Aunque Miguel Hernández no pudo ver realizado su deseo de estudiar periodismo, sin embargo sí que pudo iniciar sus colaboraciones en la prensa de la época. La primera colaboración periodística de Hernández fue en el periódico local El Pueblo de Orihuela, en su número del día 13 de enero de 1930, contando Miguel diecinueve años de edad. En dicho número publicaba Miguel su poema «Pastoril», secundando la invitación del director del periódico, don Luis Almarcha.
A partir de entonces se prodigan las colaboraciones periodísticas de Miguel Hernández, tanto en la prensa local, como en la provincial. Así, durante el año 1930 se publican diversos poemas de Miguel en varios periódicos locales, como Voluntad, Actualidad, Destellos, etc. Asimismo, el 15 de octubre de 1930, inicia sus colaboraciones periodísticas en el diario alicantino El Día, dirigido por el oriolano Juan Sansano, con el poema «La bendita tierra».
Otro de los géneros utilizados por Miguel Hernández en sus colaboraciones periodísticas fue la crónica costumbrista. En el diario La Verdad de Murcia publica Miguel, en su juventud, varias crónicas que recogen aspectos costumbristas de su época. Así, el 20 de noviembre de 1932 publica «Camposanto»; el 3 de agosto de 1933, «Ciudad de mar ligero y campo rápido»; el 9 de noviembre de 1933, «Espera- en desaseo», y el 24 de mayo de 1934, «Monarquía- de luces». Se trata de relatos breves escritos en una bella y cuidada prosa poética. En sus colaboraciones periodísticas también aborda Miguel la crítica literaria, como «Trasluz», aparecida el 20 de diciembre de 1933 en el Diario de Cádiz, donde analiza la obra Trasluz de Pedro Pérez Clotet. En el diario madrileño El Sol publica Miguel, el 2 de enero de 1936, la crítica al libro Residencia en la tierra de Pablo Neruda con una extensa reseña.
«Altavoz del Frente»
La etapa de mayor colaboración periodística fue durante los años de guerra civil. En este período, Miguel Hernández prodiga sus colaboraciones en los periódicos del frente como El Mono Azul, Ahora, Al Ataque, La Voz del combatiente, Acero, Frente Sur, Ayuda, Frente extremeño, Lucha, Hierro, Alicante rojo, Nuestra Bandera, Voz de Madrid, Socorro rojo, Frente Rojo, Nuestro ejército, Avanzadilla, etcétera.
Estos periódicos eran, en su mayoría, órganos de expresión de diversas organizaciones vinculadas con la actividad bélica. Así, por ejemplo, Al Ataque era el órgano de la brigada de «El Campesino», Comisario pertenecía al Comisariado del grupo del ejército de la zona central, Acero es el órgano de la Agrupación Modesto, etcétera.
El cubano Pablo de la Torriente, Comisario político del Batallón del Campesino, describe la «captación» que hizo de Miguel para las tareas periodísticas: «El día 23 [de noviembre de 1936] creo que lo pasé todo en Alcalá. Descubrí un poeta en el batallón, Miguel Hernández, un muchacho considerado como uno de los mejores poetas españoles, que estaba en el cuerpo de zapadores, lo nombré Jefe del Departamento de Cultura y estuvimos trabajando en los planes para publicar el periódico de la Brigada»
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La colaboración de Miguel Hernández en estos medios de comunicación es variada y diversa. Escribe poemas, redacta crónicas, comenta acontecimientos de interés, etc. La mayor parte de sus poemas publicados en estos periódicos de guerra fueron, posteriormente, recogidos en su libro Viento del pueblo.
Gran parte de las actividades periodísticas las realizó Miguel Hernández durante su actuación como director del Altavoz del Frente. Esta institución fue creada en septiembre de 1936, por iniciativa del Partido Comunista como un servicio de Agitación y Propaganda. Su finalidad inicial era difundir las consignas políticas y animar a la lucha a los soldados. Este servicio estaba asignado, en la mayoría de casos, al Comisario de Cultura, cargo que también ostentó Miguel en el frente.
«Altavoz del Frente -como se explica en el núm. 3 del Frente extremeño-, organizado y dirigido por escritores, periodistas, poetas y amigos de la cultura, es el exponente de la política del Frente Popular; es el que entre nuestros combatientes, al lado de los Comisarios de Guerra, ha ayudado y ayuda a forjar nuestro gran Ejército Popular, es el que realiza la agitación entre las filas enemigas; es el que lleva a nuestros hermanos que viven en el territorio de nuestra España pisoteado por las pezuñas extranjeras el ánimo, el aliento para que sigan luchando, para que tengan fe en nuestra victoria. [...] Millares de manifiestos, de periódicos, de folletos educativos han sido distribuidos gratuitamente por Altavoz. Poetas de Altavoz del Frente recitan a diario en los frentes de Madrid, del Sur, del Este, del Norte poesías de nuestra gesta armada para defender nuestra libertad»
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Miguel Hernández fue nombrado jefe del Altavoz del Frente Sur a mediados de febrero de 1937, siendo destinado a Jaén y, posteriormente, a Castuera (Badajoz). En Jaén participa activamente en la organización del periódico Frente Sur, donde publica, en su núm. 1, el poema «Aceituneros». En este periódico publicaría, aparte de diversos poemas como «Jornaleros» (núm. 6), «El incendio» (núm. 16), etc., varias crónicas de guerra como «En el frente de Extremadura» (núm. 3), «La ciudad bombardeada» (núm. 7), «La rendición de la Cabeza» (núm. 13), etc. También publica en este periódico un ensayo sobre la Fiesta del Trabajo en el núm. 12, así como artículos de opinión como «El hogar destruido» (núm. 8), «Sobre el Decreto del 8 de abril. El fascismo y España» (núm. 9), etcétera.
El periódico Frente extremeño fue fruto también del esfuerzo de Miguel Hernández. En efecto, el 13 de junio de 1937 llega a la localidad de Castuera, en la provincia de Badajoz, donde se encontraba instalado el Cuartel General de la Columna de Operaciones de Extremadura. Entre sus principales cometidos se encontraba, aparte de dirigir el Altavoz del Frente, el de organizar el periódico Frente extremeño. A los pocos días de llegar Miguel a Castuera aparece el primer número de este periódico -20 de junio de 1937-. Nos atrevemos a sugerir que el editorial de presentación de este primer número, «¡Salud, Extremadura!», que aparece sin firma, podría atribuirse a Miguel Hernández, ya que utiliza un estilo similar al de otros artículos hernandianos de la época. En el núm. 2 de Frente extremeño aparece, por vez primera, su poema «Campesino de España».
Miguel Hernández a lo largo de su intensa producción literaria manifiesta sus ideas y sentimientos a través de la poesía, el teatro, la comunicación epistolar y el periodismo. En todas estas facetas literarias se descubre un mismo deseo: «parar en las manos del pueblo. Sólo esas honradas manos pueden contener lo que la sangre honrada del poeta derrama vibrante»
, según frase del propio Hernández en su dedicatoria de Viento del pueblo a Vicente Aleixandre.