11
Apud. P. Sainz Rodríguez, Antología de la literatura espiritual española, Madrid, FUE, 1980, p. 84.
12
NBAE, 16, X, 5, p. 436.
13
«Dos montículos» escribe A. de Santillán, La danza de los efebos, en La Novela Pasional, n.º 137, p. 23; «divinos montículos»
en J. Caballero Soriano, La domadora de machos, en La Novela Pasional, V, n.º 167; «pues ella, tumbada, como dos Teides sus pechos»
, en M. Casariego, La hija del coronel, Sevilla, Algaida, p. 107. Pero también P. Neruda: «Cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos blancos»
(Veinte poemas de amor y una canción desesperada); «los bonitos pezones que se erguían en las colinas nevadas de Pamela»
(G. Bernard, Excitante Pamela, trad. Pomertext, Barcelona, Martínez Roca, 1997, p. 39).
14
«La roja herida de amor» en Loto dorado (trad. M.ª Antonia Trueba), México, Baal, p. 164; «los sumisos y rendidos labios de la herida»
, en J. Cleland, Memorias de Fanny Hill, edic. de Barcelona, Petronio, 1978, p. 91; «atroz herida abierta»
en J. Aeply, Una chica casadera (trad. Margarita Ángel), México, Premia, 1980, p. 24; «su herida sexual»
en A. de Santillán, La danza de los efebos, cit. p. 45.
15
«Cuando yo veía aparecer la espesa felpa de vello de la muchacha...»
(Régine Deforges, Blanche y Lucien, trad. P. Debrigode, Barcelona, Plaza-Janés, 1978, p. 32).