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11

Ob. cit., págs. 136 y 137. (N. del A.)

 

12

Sociología, ed. española, Madrid, 1927, fase. II, pág. 16. (N. del A.)

 

13

Ed. de A. Ernout, en la col. de «Les Belles Lettres», Paris, vol. I, pág. 13. Rojas tenía muy presente el Anfitrión -de él toma el nombre del criado Sosia. (N. del A.)

 

14

Este grupo surge sobre todo en las ciudades con industria de lana y seda y toma mucha parte en los transtornos políticos del final del Medievo -L'Occident aux XIVe et XVe siècle, Paris, 1963; página 221. (N. del A.)

 

15

Ed. de T. R. Hart, Madrid, Clásicos Castellanos, págs. 161-227. Hay, sin embargo, en Gil Vicente, el arranque de una nueva estimación del hombre, bajo el problema de las diferencias estamentales -sobre el tema, ver Dámaso Alonso, «Tragicomedia de Don Duardos», edición, estudio y notas, Madrid, 1942, págs. 27 sigs. (N. del A.)

 

16

Ed. de la Col. de Libros españoles raros y curiosos, Madrid, 1894, páginas 13 y 535. El uso del tópico a que nos referimos, para explicar cualquier conducta desordenada, es común en el XVI. García Cereceda, por ejemplo, se sirve de él para explicar los tumultos en una ciudad: «todos guiados por opiniones y ninguno por razón» (Tratados de las campañas... del Emperador Carlos V, ed. Soc. de Bibliófilos Españoles, Madrid, vol. I, pág. 233). En Antonio de Guevara es muy frecuente: el hombre de aldea, a diferencia del cortesano, «bive conforme a razón y no según opinión» (Menosprecio de corte y alabanza de aldea, Madrid, Clásicos Castellanos, pág. 70). Sobre la base aristotélica de la doctrina, ver L. M. Regis, L'opinion selon Aristote, Paris. (N. del A.)

 

17

La afirmación del libre albedrío contra la fuerza del amor es, en cambio, mucho más decidida, por lo menos doctrinalmente, en la Tercera Celestina (ver ed. cit., págs. 257 sigs.), como obra escrita ya en años que han conocido las graves disputas con los luteranos sobre esa materia del libre albedrío. (N. del A.)

 

18

A esta actitud histórico-espiritual y no a razones psicológicas y menos raciales del autor hay que atribuir el hecho de que la jovialidad, que hallamos en el Libro de Buen Amor; se haya perdido en las páginas de La Celestina. Sobre ese pesimismo del final del Medievo, ver Huizinga, El otoño de la Edad Media, Madrid, 1930, I, página 45. (N. del A.)

 

19

Es curioso observar que en el XV, renovando una observación aristotélica, Alonso de Madrigal proteste de que se pretenda conseguir demasiada unidad en la sociedad, al modo de la utopía platónica. Tal es el origen y tema principal de su «repetitio» De optima politia. (N. del A.)

 

20

Cadira del honor, en el vol, de Obras de este autor, ed. de Paz y Meliá, Madrid, Soc. de Bibliófilos Españoles; pág. 161. (N. del A.)