101
Ver Le Goff, Temps de l'Église et temps des marchands, en Annales. Economies, Sociétés, Civilisations, XV-3, mayo-junio, 1960, páginas, 417 sigs. Jean de Garlande propondrá esta pseudo-etimología al gusto de la época: «Campane dicuntur a rusticis qui habitant in campo, qui nesciant judicare horas nisi per campanas». Las campanas son el instrumento de los hombres que habitan en el campo para conocer ciertos momentos de su tiempo. Los burgueses, en la ciudad, son las gentes que se sirven del reloj. (N. del A.)
102
También en la Tercera Celestina se da la misma situación: el reloj cuenta en todo y es nombrado a cada paso -«el relox nos llama», pág. 225. (N. del A.)
103
Las Brujas y su mundo, Madrid, 1961, págs. 151, y 153. (N. del A.)
104
Hechicera y alcahueta van juntas en la formación del tipo: «el arte de hechicería que ayuda mucho según dicen para ser afamada alcahueta», Tercera Celestina, pág. 33. (N. del A.)
105
Veblen, ob. cit., págs. 50 a 55. (N. del A.)
106
Alguno ha objetado que la mansión de Pleberio no parece hallarse en un barrio muy distinguido. También en esto La Celestina, a nuestro parecer, se atiene a la imagen social de su tiempo, en el cual tales barrios no existen. Heers, excelente especialista en la Historia social y económica del siglo XV -cuyo estado de cosas hay que pensar que refleja Rojas al empezar la centuria siguiente-, ha hecho ver que «el hombre de negocios no se aísla; el reparto (topográfico) de viviendas y fortunas en el interior de la ciudad confirma esta impresión... el hombre de negocios continúa cerca de la calle y del pueblo» -sólo más tarde, en el XVII, se aparta con sus iguales en barrios distinguidos, en ciertas ciudades, como Génova (ob. cit., págs. 230-231). (N. del A.)
107
Ed. cit., pág. 57. (N. del A.)
108
«¡Allá yrás con el diablo tú y malos años!», pág. 162. (N. del A.)
109
Es posible que estadísticamente siguiera siendo superior el número de casos de remuneración en especie. Pero lo nuevo, que el historiador ha de tomar en cuenta para explicarse los cambios de la época, era el régimen salarial, dotado en ese tiempo de una gran fuerza de expansión. Un historiador actual de la economía ibérica, Gentil da Silva, sobre la base de informaciones concretas, entre ellas las Relaciones topográficas de Felipe II, ha sostenido la difusión del salariado, comprobada por lo menos en las provincias de Madrid, Toledo y Ciudad Real. Ver su obra En Espagne, Paris, 1966, págs. 28, 48 sigs. (N. del A.)
110
Libro de Agricultura, Madrid, 1513, prólogo. (N. del A.)