El mito en la literatura
Ricardo Gullón
En «Partisan Review» (diciembre 1950), Richard Chase publica un buen artículo acerca de la utilización del mito en la literatura. Los mitos le parecen en gran parte vacíos, insípidos y aburridos: los célticos (salvo el ciclo del Rey Arturo) constituyen un vago y disparatado conjunto, los teutónicos una especie de comedia monstruosa y confusa. Los mitos griegos son la radiante excepción.
Pero -añade- si lo excelente escasea en el mito (como en todo), conviene recordar que éste es un cuento mágico. «Esto subraya su carácter literario e indica que si mito es literatura, es también cierta clase de literatura, principalmente aquella en la cual personajes y acontecimientos son animados por una sobrehumana o casi trascendente fuerza o resplandor y tienen en torno a ellos un aura de rara y prodigiosa significación. Se dice con frecuencia que los mitos pueden ser reconocidos por la generalidad o representación simbólica de la idea que ellos parecen explicar o ilustrar.
»Los mitos no pueden ser equiparados a los sueños o a las ilusiones de la neurosis; están a mitad de camino entre los sueños y la literatura no-mítica». Y añade Chase: «Los mitos están más cerca del inconsciente que la literatura corriente, y por eso son valiosos para los críticos literarios. Como el psicoanalista aprende el funcionamiento de la mente normal estudiando las neurosis, así el crítico literario se instruye sobre la imaginación creadora por el estudio de los mitos». La presencia del mito da a ciertas obras literarias (así las novelas de Melville) una calidad singular y sitúa bajo el personaje, como en filigrana, la alusión a quimeras recognoscibles, que son al mismo tiempo instrumentos adecuados para penetrar en el corazón del enigma, en parte también revelado por el sueño y la poesía.