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Este ensayo se ha realizado en el marco del proyecto del Plan Nacional «Industrias culturales e igualdad: textos, imágenes, públicos y valoración económica» (FF12012-35390), financiado por el MINECO.

 

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Reproducido en Quiles 2013: 27-28. En otros artículos feministas reivindicó la abolición de la incapacidad legal de la mujer casada, que la supeditaba al marido en todo lo que tuviera que ver con la administración de sus bienes (Oyarzábal, De la emancipación, 3), al tiempo que exigió la reforma del Código legal «que contiene verdaderos atentados contra la dignidad y los intereses del sexo débil» (Oyarzábal, Una nueva obra, 4) y propuso la «justa equiparación del adulterio de la mujer al del marido».

 

3

«Y así ha ocurrido que la mujer, en tanto no realizada con el matrimonio, único porvenir a que aquí se le reconoce derecho, constituye en la mayor parte de las familias de nuestra patria una carga tan denigrante para ella misma como improcedente para el hombre que se acoge al primer destino y prescinde de toda ansia de expansión para atender a su sustento» (Apud. Quiles 2013: 142).

 

4

No abordaré en esta ocasión el desarrollo de la cuestión en Diálogos con el dolor (1944), antología de su teatro publicado, ya abordada en otros ensayos (Vilches-de Frutos y Dougherty; Nieva de la Paz 1993 y 2011; Hormigón; Rodríguez Alonso).

 

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En declaraciones suyas de inicios de los años 30, comenta que había estrenado en Londres una obra con el título La voz del mar, que podría referirse a una versión del título que aquí analizamos (Sibreira-Armestoy). De hecho, ha sido posible localizar una traducción al inglés de la obra con el título The blood of the Sea (Mecanoescrito. Biblioteca Nacional, México D. F.) y también una adaptación para la ópera en italiano (Sangue del Mare. Riassunto dell'opera teatrale Lo que se lleva el mar. Biblioteca Nacional, México D. F.). El conocido actor español Miguel de Molina, exiliado en Argentina y amigo de Oyarzábal, le escribe una carta en 1960 en la que alude a Lo que se lleva el mar y a las gestiones que él había realizado con M.ª Teresa León y Rafael Alberti para que se pudiera estrenar, y con una «ilustre actriz (intérprete afortunada de Casona)». (Buenos Aires, 5 de julio de 1960; Arxiu Nacional de Catalunya).

 

6

«MARTA.- ¡Suéltame! / ANTONIO.- (Sin soltarla.) ¡No! / MARTA.- (Gritando.) ¡Suéltame que quiero hablarte! / ANTONIO.- ¡Hablas así...! (Teniéndole cogidas las manos.) / MARTA.- (Levantando la voz.) Así no... Ten cuidado Antonio y no me desesperes, que ya sabes lo que ha pasado en alguna ocasión. / JOSÉ.- (Saliendo al oír las voces.) ¡Pero hijos, por Dios!» (Lo que se lleva, II, 26).

 

7

«LUZ MARÍA.- (Exaltada.) Lo que has oído. (Dándose golpes en el vientre.) Esto que llevo aquí [...] esto que es hijo suyo y mío no puede ser un... sin nombre. Gabriel y yo tenemos que casarnos porque yo no podré ocultar lo hecho más de unas semanas. (Volviéndose a Gabriel.) Es tu hijo ¿Es que quieres tirarlo a la calle?» (Vidas 14-15).

 

8

«LORENZO.- (Se acerca Lucila y la abraza y besa.) Tonta, más que tonta. Si a nadie puedo yo querer como te he querido a ti. / LUCILA.- (Recalcando.) Eso, como me has querido [...] / LUCILA.- (Con amargura.) Eso sí. De ninguna podrás nunca fiarte como de mí, pero... (Con tristeza.) Eso de quedar para paño de lágrimas habiéndolo sido todo» (La libertad 12).