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1.      La obra que aquí indica el autor así como la titulada Fuerza y naturaleza, han sido traducidas también a nuestro idioma, habiéndose hecho varías ediciones de la primera.

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2.      M. Saint-René Taillandier es el primero que ha hecho conocer en Francia esta curiosa desviación del hegelianismo (Revista de los dos mundos, 15 de Julio 1874).

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3.      M. de Reichlin-Meldegg, en la traducción alemana que ha tenido a bien hacer de nuestro libro, indica que este cuadro es un tanto exagerado, y que las universidades continúan aún gozando como siempre de una gran autoridad en filosofía. Debemos tener en cuenta esta rectificación; tal vez hayamos dado demasiada importancia al ruido que hacía la filosofía extra-universitaria, la de Schopenhauer por un lado, y la de Moleschott y Büchner por otro. En la actualidad parece un poco calmado dicho ruido, y la enseñanza de la escuela desprovista más y más de todo espíritu de sistema sigue siendo el principal foco de la actividad filosófica en Alemania, actividad que ha decaído de un modo singular.

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4.      Vease, sobre este filósofo, el curioso libro do M. Foucher de Careil, Hegel y Schopenhauer, del cual hemos tomado nuestras citas. Después de la primera edición francesa, M. K. Rihot ha publicado sobre Schopenhauer un trabajo interesantísimo (Biblioteca de filosofía contemporánea).

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5.      Indicamos aquí para los que pudieran ignorarlo que Oberman, no es, como tal vez se crea, un filósofo alemán, sino el título de un romance francés de M. de Senancour. Oberman, el héroe del romance, es una especie de Werther de Jabopo Ortis: bajo su nombre, el autor se abandona a una misantropía atroz y atea que tiene alguna analogía con la de Schopenhauer.

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6.      M. de Reichlin-Meldegg hace notar, como nosotros, que Feuerbach y Moleschott conducían a los mismos resultados: solamente que éste procede de fuera a dentro y el otro de dentro a fuera.

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7.      La primera edición de esta obra es de 1852. La traducción francesa apareció en la Biblioteca de filosofía contemporánea.

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8.      Menschenschopfung und Seelensubstanz, Guetinga, 1854.

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9.      Lease a Laugel Ciencia y filosofía (París, 1862); Del problema del alma. Se encuentran en este artículo interesantes detalles sobre la historia de la cuestión que nos ocupa.

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10.       Indicaremos además dos obras de M Büchner que completan y desarrollan la doctrina de la primera: 1. Una colección de trabajos críticos reunidos bajo el título de Ciencia y Naturaleza. 2. El hombre según la ciencia. Ambas están traducidas al español.

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11.      Anthropologie, die Lehre der menschischen, Scele. Leipzig, 2. edición, 1861. M de Reichlin-Meldegg indica que la doctrina de Herm. Fichte, hablando con propiedad, no es el espiritualismo sino el realismo-ideal (ideal realismus). Fichte combate el espiritualismo exclusivo, que opone sin cesar el espíritu a la materia; es monista, es decir, que, según él, el cuerpo y el alma constituyen una sola entidad. Sólo -añade- y esto basta para justificar nuestra afirmación, que la unidad real del hombre no reside más que en el espíritu, en la esencia supra-sensible. Como se ve, es una cuestión de palabras. El espiritualismo puede interpretarse de varias maneras, y ser más o menos exclusivo: pero colocar la realidad del hombre en el espíritu, es ser lo que nosotros llamamos espiritualista. Después de nuestra primera edición, M. H. Fichte publicó una importante obra sobre la vida futura: Die Lebens Fortdaner (Leipzig 1867), en la cual defiende la doctrina de la inmortalidad personal.

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12.      Aquí cabe la misma observación que en la nota anterior. El traductor alemán quiere que se diga sólo que la dirección de esta revista es anti-materialista. Pero ella trata de elevarse sobre la oposición vulgar entre el materialismo y el espiritualismo. Sea, pero resulta que siempre es una cuestión de palabras. Nosotros admitimos el término espiritualismo en el sentido estricto, en el laxo, a nuestro juicio no es más que el anti-materialismo. Indicaremos además otra revista filosófica de Alemania publicada bajo la dirección de la escuela de Herbart, Zeitschrift fur die exacte philosophie, no menos anti-materialista que la precedente.

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13.      Ambos han fallecido después de publicada nuestra primera edición.

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14.      Leipzig, 1852.

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15.      Ibid, 1858.

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16.      A los autores mencionados debemos añadir los siguientes entre los que han combatido el materialismo de Moleschott: M. M. Schaller, autor de Cuerpo y Alma (Leib und Seele), libro al cual ha añadido después una obra de menos polémica y más ciencia sobre la Vida espiritual del hombre (das Seeoleuleben des Menschen, Weimar 1860); Westhoff, Materia, fuerza y pensamiento (Stoff, Kraft und Gedanke, Munster, 1862); Drossbach, Esencia de la inmortalidad individual; Dr. Michelis, El materialismo erigido en artículo de fe del carbonero; Robert Schellwein, de Berlín, La crítica del materialismo, etc. Después de la primera edición de esta obra, en Alemania, Francia y otros países se entibió la polémica entre el materialismo y espiritualismo; la filosofía tiende más y más a la experimentación y a tomar a las ciencias como punto de partida, pareciendo inclinarse a las ideas de Comte y de los ingleses. En este sentido, citaremos la Psicología poco ha publicada por M. Brentano (Leipzig, 1874), a Kant y a Helmotz en su Óptica fisiológica. En el campo materialista, pero en el materialismo idealista inspirado por la doctrina de Schopenhauer, ha conseguido un éxito extraordinario en estos últimos tiempos La filosofía de lo inconsciente, de Hartmann. Indicaremos, en otro orden de ideas franca y decididamente materialistas, la última obra del Doctor Straus La fe antigua y la fe nueva (Der alte und neue glaube). En fin para completar los datos históricos tan insuficientes que aquí exponemos, se deberá consultar La historia del materialismo de M. Lange (Geschischte des materialismus und seine Bedeutung in der Gegenwart, Iserlohn 1866).

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17.      El autor cita el libro de Darwin en la 8. edición, pág. 85, y remite al examen qua hace de esta obra en su libro Ciencia y Naturaleza.

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18.      Melloni, De la identidad de todas las especies de rayos (Biblioteca, universal de Génova. 1812). Vease sobre los trabajos de Melloni, un interesante estudio de M. Janim en la Revista de los Dos Mundos del 15 Diciembre de 1854.

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19.      Verdet, Teoría mecánica del calor, pág. 16.

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20.      Tratado elemental de física por MM. Almeida y Bontan.

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21.      Müller, Fisiología. T. II, I y IV. Nociones preliminares.

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22.      Laplace, Sistema del mundo. T. III, C. II.

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23.      Aristoto, Física, T. VIII.

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24.      Euler, Cartas a una princesa de Alemania, 2. parte, carta V.

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25.      Stuart-Mill nos dice en su Lógica que este argumento es un círculo vicioso, que supone precisamente lo que se trata de demostrar. En efecto -dice- sólo a condición de que la materia sea inerte, se concederá que no posee razón alguna para moverse, con espontaneidad: si por el contrario, tuviera en sí una virtud motora, sería una razón determinante; por lo demás, nada prueba a priori que ésta se halle fuera más bien que en sí misma Pero entonces se admitiría que tal argumento a priori es insuficiente, y quedaría siempre el hecho de que, en todos los experimentos, la materia se conduce exactamente como si no tuviese consigo razón alguna interna para moverse o no; esto basta para nuestro raciocinio.

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26.      Euler, la misma carta.

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27.      Diderot, Principios filosóficos de la materia y del movimiento. M. Vacherot, en su libro de la Metafísica y de la Ciencia, presenta también la misma objeción. (Prefacio P. 17, 2. edición).

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28.      La inercia de la materia es principalmente notable en los movimientos celestes, los cuales no han sufrido alteraciones sensibles, desde hace un gran número de siglos. (Laplace, Sistema del Mundo, t. III. c. II.)

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29.      Newton, Principia matematica, London, 1726, p. 6.

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30.      Newton, id., id.

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31.      Ibid., p. 160. Quamvis fortasse, si phisice loquamur varius decantur impulsus.

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32.      Newton, Principia matematica, London, 1726, p. 188.

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33.      Principia matematica, p. 530.

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34.      Carta a Bentley.

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35.      Acabamos de ver por los párrafos precedentes que esto es una aserción muy exagerada, y que Newton parecía inclinarse a la opinión opuesta.

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36.      Euler, Cartas a una princesa de Alemania.

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37.      A esta afirmación Voltaire, d'Alembert y toda la escuela atraccionista oponen la siguiente objeción: la atracción es a la masa, es decir, a la cantidad de materia, mientras que la impulsión sólo lo es a la cantidad de superficie. Esta objeción sería exacta si se tratase de un fluido que no ejerciere acción más que en la superficie. Pero si penetra en el interior del cuerpo, y llena todos los intersticios, quién asegura que no se observa la ley de la impulsión?

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38.      Euler, carta LXVIII.

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39.      Arago, Noticias científicas, t. III, p. 500.

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40.      Se admite en la actualidad, que la ley de la gravitación se realiza en el caso que expone aquí M. Biot. Esto es lo que se llama gravitación estelar.

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41.      Vease sobre este punto: la Física Moderna, por Em. Saigey. Biblioteca de Filosofía contemporánea, París, 1867.

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42.      En química, se llaman isómeras las sustancias compuestas de los mismos elementos, en la misma proporción, y que tienen propiedades radicalmente diversas, en virtud de la diferencia de agrupación.

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43.      Véanse los bellos trabajos de M. Pasteur. Se llaman disimétricas dos sustancias absolutamente semejantes, pero que se oponen una a otra como las dos manos. De esta sola diversidad resultan propiedades muy diferentes.

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44.      Si se dijera que la resistencia misma no es más que el resultado del movimiento, sería esto el más puro mecanismo y se negaría el mínimum de fuerza que atribuimos aquí a la materia.

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45.      Vease nuestra Introducción a las obras de Leibniz, p. XXVI, París, 1866.

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46.      Müller, Prolegómenos.

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47.      Cuvier, Discurso sobre la revolución del globo.

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48.      Dutrochet, Memoria sobre los vegetales y animales, 1857.

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49.      Dutrochet, Obra citada. Prefacio, p. XIX.

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50.      Quatrefages, Metamorfosis del hombre y de los animales, Cap. I.

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51.      V. Müller, t. I. Lib. II, sec. IV, c. V.

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52.      Memoria sobre la difusión molecular.

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53.      Se encontrará un resumen interesante sobre la cuestión de las generaciones espontáneas en las lecciones de Milne-Edwards, reproducidas por la Revista de los cursos científicos 5, 12 y 19, 1863.

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54.      Ehrenberg, Organisation de Infusions Thiercheu.

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55.      En el curioso libro de M. de Cuatrefages sobre la metamorfosis del hombre y de los animales, se encontrarán ejemplos de todas estas variedades de generación.

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56.      Así es como Lamarck explica el origen de los sexos.

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57.      Quatrefages, c. XIII.

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58.      Id., c. XIII, XIV, XV y siguientes.

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59.      Quatrefages, ibid, c. XIX.

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60.      Quatrefages, ibid, c. XXIII.

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61.      Flourens, Journal des savants, mai 1861.

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62.      Vease Berthelot, Química orgánica fundada sobre la síntesis. Introducción.

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63.      Relación sobre los animales reviviscentes a la sociedad Biológica por el Dr. Broca.

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64.      Memoria sobre los corpúsculos organizados suspendidos en la atmósfera. Vease sobre esta memoria y los otros trabajos de M. Pasteur: Laugel, Descubrimientos recientes sobre la química fisiológica (Revista de dos mundos, 15 de Septiembre de 1863).

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65.      Vease sobre esta cuestión una concisa y erudita nota de monsieur H Saint-Clair Deville, en la notable obra de Alejandro Bertrand, Cartas sobre la revolución del globo. Por su hijo Bertrand.

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66.      Vease su interesante Memoria sobre la metamorfosis de las rocas, premiada por el Instituto, y que ha valido a su autor la entrada en esta gran sociedad.

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67.      Vease para más amplios detalles de esta cuestión nuestro libro sobre el Cerebro y el pensamiento. (Biblioteca de filosofía contemporánea, París 1863.)

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68.      V. p.

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69.      Vease Leibniz, Nuevos ensayos, t. II, c. XXVII, p. 3. Por esta razón, debemos manifestar que los cuerpos organizados lo mismo que los otros permanecen los mismos sólo en apariencia y no en todo el rigor de la palabra. Esto es poco más o menos lo mismo que un río que cambia siempre de agua, o como la nave de Theseo que tenía necesidad de ser reparada continuamente por los atenienses. Pero en cuanto a los cuerpos que tienen en sí mismos una verdadera y real unidad de sustancia, a la que puedan pertenecer las acciones vitales propiamente dichas, y en cuanto a los seres sustanciales, qu uno spiritu continentur, como habla un antiguo jurisconsulto, es decir, que anima cierto espíritu indivisible; hay razón para afirmar que permanecen perfectamente el mismo individuo por esta alma o este espíritu, que constituye el yo en los que piensan.

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70.      Vease más arriba, c. I, p. 20. Nuestra primera edición contenía aquí un último capítulo sobre el darwinismo, y el cual pertenecía a un libro que preparábamos sobre las Causas finales. Para no incurrir en repeticiones lo hemos retirado de la presente edición para restituirlo al libro de que forma parte naturalmente. Creemos que debíamos reemplazarlo por el examen de una obra francesa que, aunque bajo otra forma, ni es más que la reproducción de la de M. Büchner; esto nos permite repasar en su conjunto y bajo otro punto de vista las ideas de esta publicación; es, pues, este capítulo a la vez un complemento y un resumen.

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71.      Deberemos aún descartarlas profundas objeciones de Kant y de Gauchy contra la posibilidad de un número actualmente infinito, lo cual es contrario a la naturaleza del número que no es infinito más que en potencia, pero que por ahora es tal o cual, es decir finito.

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72.      Los alemanes parecen llamar hipótesis de Kant a lo que los franceses consideran como hipótesis de Laplace. Los que quieran tomarse la molestia de comparar la Historia del cielo de Kant con la Mecánica celeste de Laplace, se convencerán fácilmente de que la que en el primero no es más que un germen confuso, toma un verdadero valor científico en la obra del último autor.

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73.      "La naturaleza es pródiga porque es rica, no porque es loca." (Jorge Sand.)

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74.      Vease el magnífico artículo del Diccionario de ciencias filosóficas sobre la Creación, por M. Ad. Franck.

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75.      Vease sobre el desarrollo de estas cuestiones que aquí sólo hemos desflorado rápidamente nuestra última obra sobre la Moral. (París, 1874)

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