31
M. Norbert Ubarri ha puesto de relieve la cancelación de los espacios figurativos en la simbología nupcial, que se entrevera en la espacial (Las categorías de espacio y tiempo en San Juan de la Cruz, Espiritualidad, Madrid, 2002, p. 288).
32
Como ha puesto de manifiesto J. Martín Velasco, «El fenómeno místico en la historia y en la actualidad», en este mismo volumen, pp. 18-22.
33
«Por el 'muro' se entiende el vallado de paz y virtudes y perfecciones que ya tiene el alma donde está ya amparada, que es el muro y defensa del huerto de su Amado-, por lo cual la llama Él en los Cantares (IV, 12) 'Hortus conclusus soror mea', que quiere decir: 'Mi hermana es un huerto cercado'; por tanto, no le toquéis a este muro»
(CA, 30, 12).
34
Se ha advertido recientemente una especie de panteísmo figurativo o poético en estas imágenes: «El aire domina la escena: Dios pasa por el huerto como el aire, haciendo correr divinos olores. En este sentido, lo eglógico nos remite al panteísmo poético que hemos advertido anteriormente. Así, la alegoría nos permite imaginar una divinidad convertida en aire, existente y operante en el huerto»
(M. Norbert Ubarri, op. cit., p. 282). Un pasaje ilustrativo al respecto es el siguiente: «Pero algunas veces hace Dios tales mercedes al alma esposa, que, aspirando con su espíritu divino por este florido huerto de ella, abre todos estos cogollos de virtudes y descubre estas especias aromáticas de dones y perfecciones y riquezas del alma y, abriendo el tesoro y caudal interior, descubre toda la hermosura de ella»
(CA, 26, 5). Claro está que la reminiscencia de Pentecostés es evidente: «En este aspirar del Espíritu Santo por el alma, que es visitación suya en amor a ella, se comunica en alta manera el Esposo Hijo de Dios a ella; que por eso envía su Espíritu primero -como a los Apóstoles-, que es su aposentador, para que le prepare la posada del alma esposa, levantándola en deleite, poniéndole el huerto a gesto, abriendo sus flores, descubriendo sus dones, arreándole de la tapicería de sus gracias y riquezas»
(CA, 26, 7). Para más detalles, puede verse nuestro trabajo «El elemento aéreo en la obra de San Juan de la Cruz: léxico e imágenes»: Criticón 52 (1991), pp. 7-24.
35
Puede verse al respecto A. Ruffinatto, «Un chiuso giardino e una fonte sigillata»: Rivista di Storia e Letteratura Religiosa (1998), pp. 503-541, especialmente, p. 529.
36
«Tant'é che un fenomeno apparentemente anomalo come l'assenza di un verbo reggente nelle strofe iniziali del secondo quadro no determina soltanto gli effetti di senso su cui è pariato, ma appare anche in grado di produrre, per analogia, un universo senza tempo o, per meglio dire, un universo nel quale tutti i tempi dei passato, del presente e dei futuro si collocano sulla medesima linea atemporale»
(A. Ruffinatto, art. cit., p. 527).
37
Véase J. Ackerman, «El ensanchamiento del alma: La doctrina de San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús sobre el efecto de la gracia en el alma»; San Juan de la Cruz 7 (1991), pp. 9-21.
38
F. J. Sánchez Cantón, «¿Cabe hablar de San Juan de la Cruz y las artes?»: Escorial IX (1942), pp. 301-314, referencia en p. 306.
39
R. Senabre, «Las condiciones del lector», en J. M. González Calvo y J. Terrón González (eds.), Actas de las III Jornadas de metodología y didáctica de la lengua y literatura españolas: lingüística del texto y pragmática, Universidad de Extremadura, Cáceres, 1995, pp. 35-51. La referencia se encuentra en la p. 41; «Sobre la composición del Cántico espiritual», en Actas del Congreso Internacional Sanjuanista I, Junta de Castilla y León, Valladolid, 1993, pp. 95-106.
40
L. Nieto, «La naturaleza en el Cántico espiritual», en Simposio sobre San Juan de la Cruz, Miján, Ávila, 1986, p. 166.