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El lenguaje como protagonista

Daniel Moyano






ArribaPicassos en el desván

Antonio Pereira



Ed. Mondadori, 212 páginas, 1820 ptas.

«Estaba harto de las técnicas y las modas y quisiera él volver al agua limpia de la fuente». Lo citado pertenece a uno de los relatos breves de esta obra y define mejor que nada el arte narrativo que Antonio Pereira despliega en ella.

Sobre un paisaje rústico (en realidad un doble paisaje, el descripto y otro subjetivo que está presente por resonancias del lenguaje), las anécdotas hablan por ejemplo de un fotocopista que cambia los datos de los originales (exámenes, novelas para concursos, certificados médicos), a fin de evitarles dolores a sus clientes, porque «son muchos los que vienen a fotocopiar desdichas»; o unos milanos que con sus vuelos intencionados salvan una basílica de pueblo que «los de arriba» intentan trasladar a la capital; o la historia de Paco Lourido, «escritor de mucha obra inédita» a quien le niegan la entrada en los actos literarios por su manía de soltarle el lazo y los botones a las señoras.

Pero lo importante (y este es el mérito principal del arte de narrar de Antonio Pereira) no es aquí la anécdota sino el lenguaje que la expone y la trasciende, verdadero personaje de toda narración que se precie. Un lenguaje que mediante el uso certero de la oralidad y una destreza que se adivina poética, le permite sugerir sin nombrar, con lo cual logra la verdadera presencia de sus objetivos narrativos, como esas gaviotas que mentaba Julio Cortázar, que no debían ser nombradas pero que tenían que estar volando en el relato.

Aparte de las anécdotas, hay también visiones poéticas de situaciones determinadas en textos como Los pasadizos, El espejo o Picassos en el desván, que actúan como tintes metafísicos en esa realidad amable que revelan sus relatos.

En este libro hay tres o cuatro elementos fundamentales que permiten que se lea con una sonrisa en los labios: un erotismo que se revela como las gaviotas, por su vuelo; una permanente intención humorística que se manifiesta tanto en la situación como en el lenguaje; una oralidad que remite a las fuentes limpias de la lengua, y sobre todo, una especie de luz de provincias siempre presente que mezclada con los otros elementos constituye su unidad sonora.

Y digo «sonora» no sólo por la oralidad patente, sino porque a mí estos textos de Antonio Pereira me saben a música de Rossini, donde casi nunca falta lo que el compositor italiano llamaba il basso bufo, instrumento encargado de expresar el humor en muchas de sus obras, como sucede en los relatos de este libro.





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