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11

G. Gröber, Vügarlateinische Susatratromanischer Wörtes, en ALL, I-VII, 1884-1892.

 

12

W. J. Entwistle, The Spanisch Language together with Portuguese, Cotalan and Basque, Oxford, 1934, p. 63.

 

13

Verg. eclog. II, 1.

 

14

Más sorprendente la conservación del arcaísmo uortex, en un área del sur de la Galia, atribuido también a su presencia en la Eneida por W. von Wartburg, Ein stehengebliebener Zeuge klassisch-lateinischer Bildung, en EMP, III, Madrid, 1951, pp. 211-213. Asimismo, la presencia de asilus en Georg. III, 148, llevó a Servio a prestigiar este vocablo frente al más difundido tabanus; y el pasaje indicado bastó a Séneca (Epist. 58, 2) para admitir que tal denominación del insecto (a su parecer ya olvidada) había sido corriente otrora (M. Díaz y Díaz, Sobre formas calificadas de vulgares o rústicas en Glosarios. Contribución al estudio de vulgo, en ALMA, XXII, 1953, pp. 210-211).

 

15

M. Leumann, en Stolz-Schmatz, Lateinische Grammatik, 5. ª ed., München, 1928, pp. 56 y 61.

 

16

W. J. Entwistle, The Spanish language, loc. últ. cit.

 

17

G. Mohl, Introduction, p. 175.

 

18

Así, en G. Bonfante, Los elementos populares en la lengua de Horacio, en Em., V, 1937, pp. I7-88, con planteamiento general de la cuestión y, en medio de explícitas declaraciones en favor del dualismo lingüístico-social de la Urbe al comienzo del imperio, forzosas concesiones (pp. 72 y 74 especialmente) a un monolingüismo con pluralidad (no dualidad) estilística.

 

19

G. Bonfante, Los elementos populares, p. 72.

 

20

Esta concepción puede apoyarse en la propia distribución que honradamente practica el autor últimamente citado entre las variedades de vocabulario por él recogidas: a) opción entre vocablos usados en ambas «lenguas», pero más en una de ellas que en la otra; b) opción entre pares de vocablos, uno de los cuales no era usado por el pueblo, en tanto que la lengua literaria usaba los dos, pero con alguna diferencia en cuanto al valor semántico o estilístico del «popular»; c) oposiciones entre ternas de vocablos, entre los que hay uno de carácter vulgar (evitado por los «buenos» autores), otro popular, otro selecto; d) oposiciones en que el cultismo y el vulgarismo se oponen netamente. Numéricamente, los tres grupos primeros (vocablos cuya inteligibilidad general está garantizada) alcanzan el doble de las voces del última (36:18). Pero aun entre las de este grupo, las hay perfectamente inteligibles para todos los latinohablantes, por tratarse en unos casos de derivados (auricula / auris, gemellus / geminus; multum o bene fidelis / fidetissimus); en otros, de vocablos desviados semánticamente desde significados contiguos (caballus / equus, casa / domus, dicto / uerbis praeeo, dorsum / tergum, porto / fero o gero, uetulus-uetula / senex-anus). Las palabras no directamente inteligibles representan, pues, el lado del sinnúmero de las comunes y de las inteligibles, una fracción escasa, comparable a la normal entre círculos sociales o profesionales peculiares y cuya importancia se ve todavía aminorada porque la convivencia de elementos de las dos capas extremas (señores y esclavos) bajo un mismo techo había de facilitar el rápido aprendizaje de las variedades usadas en el grupo social opuesto.

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