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El laberinto de Creta

Tragedia de Lope de Vega Carpio dedicada a la señora Tisbe Fenix en Sevilla

Lope de Vega



El breve poema de Tisbe y Píramo, aunque dilatado en la majestad de los versos y el estilo, que ha días llegó a mis manos, de quien Vm. la mitad del argumento, y el todo de la idea de su autor, me puso codicia entonces de conocer sujeto que pudo hacer probable lo que Ovidio escribió con encarecimiento de poeta y por quien dijo el antiguo Montemayor:


   Dos amantes, que dotar
de tal gracia y hermosura
naturaleza procura,
que no les dejó lugar
do cupiese la ventura.



Después, el favor y honra que hace Vm. a mis escritos, de que no me ha faltado embajador y Mercurio, ha convertido lo que fue curiosidad en obligación de reverenciar esta deidad oculta, y celebrar su divino entendimiento, dado a conocer por sus papeles, y su hermosura, acreditada por quien con mayor conocimiento le aseguraba, y yo debo creerlo así, pues sobre el testimonio de Sóphocles hace mayor probanza de la beldad de Teórides, y grosero sería quien negase que Salauca había sido entendidísima habiéndolo afirmado Aristóphanes. Mucho menos que todo esto excede el corto valor de tan desigual presente, en que ofrezco a Vm. El Laberinto de Creta, mientras con mayor musa (corrida esta cortina misteriosa) a dueño descubierto manifieste la inclinación con que deseo honrarme de este nombre. Y hame venido bien el de la fábula, pues tengo de vivir en esperanza y silencio hasta que Vm. se digne de hacerme este favor, y yo me libre de tanta escuridad a la luz de su conocimiento, con seguridad de no ser ingrato al hilo de oro. Dios guarde a Vm.

LOPE DE VEGA CARPIO.



PERSONAS DE LA TRAGICOMEDIA
 

 
REY DE CRETA.
FENISO,    capitán.
Soldados.
FINEO.
DÉDALO.
CILA.
LAURO.
FLORELO.
LISENO.
POLINECES.
TESEO.
ALBANTE.
FEDRA.
ARIADNA.
ORANTEO.
UN ALCAIDE.
LUCINDO.
DORICLEA.
FABIO.





ArribaAbajoActo I

 

Salen MINOS, rey de Creta; FENISO, capitán, y soldados.

 
MINOS
   En cuanto la humana gloria
deleites, Feniso, alcanza,
el primero es la venganza,
y el segundo es la victoria.
   Hoy entrambos los poseo, 5
pues he tenido, Feniso,
con la victoria de Niso
la venganza de Androgeo.
   Matáronme los de Atenas
mi hijo, y Júpiter santo 10
quiere que con otro tanto
tengan consuelo mis penas.
   Si a mi hijo dieron muerte,
tu hijo a Niso mató;
con que de Grecia me dió 15
la ciudad más noble y fuerte.
   Después que por tantas veces
su muro habemos cercado,
tres vueltas el sol ha dado
desde el Aries a los Peces. 20
   Mas si mil siglos dilata
los rayos de su tesoro,
ya en el vellocino de oro,
ya en las escamas de plata,
   no era posible gozar 25
la venganza y la ocasión
menos que con la traición
que nos dió puerta y lugar.
   Mató Cila, patricida,
al Rey, su padre, por mí, 30
a quien la palabra di
indigna de ser cumplida.
   Entregarme la ciudad
lo prometió, y lo cumplió;
pero no pensaba yo 35
que fuera con tal crueldad.
   Ni amor es justo que mande
llegue tal mujer a Creta;
que puesto que amor sujeta.
no para crueldad tan grande. 40
    La ciudad entrado habemos,
y aunque la puerta me ha dado,
yo quedo desobligado,
porque los reyes queremos
   de la victoria, el valor, 45
por traidor o por leal,
pero es cosa natural
aborrecer al traidor.
FENISO
   Invicto Rey, no pudiera
ser la ciudad conquistada 50
si no es que Cila, engañada
de su amor, la puerta abriera;
   porque el gallardo Teseo,
y otros griegos generosos,
la guardaban codiciosos 55
de ganar honra y trofeo.
   Ella, con la confianza
de que tu mujer sería,
te dió, Minos, en un día
ciudad, victoria y venganza. 60
    Agora no sé si es bien
que la dejes de este modo.
MINOS
Los dioses lo han hecho todo,
y nuestra dicha también:
   Némesis, la diosa airada 65
de la venganza, ha querido
que Cila pierda el sentido
de loca y de enamorada,
   y que yo quede vengado
de la muerte de Androgeo. 70
FENISO
Bien dejarás su deseo
bastantemente burlado,
   porque, a no tener amor,
no hubiera humano interés.
 

(Sale CILA, dama.)

 
CILA
¿Está aquí el Rey?
FENISO
Ella es.
75
MINOS
¿Qué haré?
FENISO
Escucharla, señor.
CILA
   Rey Minos, a quien se humillan
los altos muros de Creta,
como agora a tu victoria
los imposibles de Atenas: 80
bien sabes los muchos años
(testigo esta misma cerca)
que no pudiste llegar
a ver sus famosas puertas,
y que el sol, tu armado campo, 85
cuando el aurora comienza
a dar vida a cuantas cosas
se la quitan las tinieblas,
hasta que por el ocaso
van haciendo las estrellas 90
corona a la obscura noche,
diamantes de su cabeza,
hallada en la escarcha helada
del invierno, y en la siesta
del caluroso verano, 95
sin poder hacerle ofensa;
hasta que yo, desde el muro,
para desdicha tan cierta,
te vi gallardo a caballo
armado de todas piezas; 100
no de otra suerte que a Marte
pintan en la quinta esfera,
desde la lustrosa gola
a la dorada esquinela.
Daba la blanca celada, 105
de varias plumas compuesta,
a los aires tornasoles
y a sus alas ligereza.
Ibas haciendo escarceos
con tanta gracia, que apenas 110
volvías el rostro, cuando
llevabas tras ti la media
del alma, porque quedaba
la otra para la vuelta,
más obediente a tus ojos 115
que tu caballo a la espuela.
Con esta imaginación
pasé mil noches enteras,
también hallándome el alma
en más peligrosa guerra; 120
hasta que, venciendo amor
la razón y las potencias,
te ofrecí de darte, Minos,
la ciudad y el alma abiertas
si me llevabas contigo; 125
y tú, como si no hubiera
dioses que el vicio castigan
y que las virtudes premian,
falsa palabra me diste,
pues dicen que me la quiebras, 130
y que te quieres partir
y dar a los vientos velas.
Pero guárdate, que vas
a peligro de tormenta;
que va en mis ojos el mar 135
y mis suspiros en ellas.
Por ti, al tiempo que dormía
mi padre (crueldad sangrienta),
corté el cuello y vertí sangre,
la misma que dió a mis venas. 140
Las llaves te di, y entraste
la ciudad, de quien saqueas
mas oro que ve el aurora
donde con marfil se peina.
Buen pago de amor tan grande 145
será dejarme en la tierra
que he vendido, y que está toda
bañada en sangre paterna.
No lo harás; que no eres tú
nacido en las libias selvas, 150
ni en los montes de Tesalia
te dieron leche sus fieras.
Pero si como ellas fueres,
una cosa me consuela:
que no hay desdicha en la vida 155
que con la muerte lo sea.
MINOS
   Cila, a mí me pesa mucho
de que. en fin, por mi ocasión
hayas hecho la traición
que ya de ti misma escucho. 160
   De Atenas quise vengarme,
mas no con tanto rigor;
que era venganza mayor
vencella sin infamarme.
   Verdad es que yo te di 165
la palabra, que cumpliera
si por otro medio fuera
el bien que tengo por ti.
   Nunca entendí que mataras
al Rey; que por ese modo 170
antes lo, perdiera todo
que tu intento ejecutaras.
   ¿Qué dirá el mundo de mí
si a Creta, Cila, te llevo,
sino que en caso tan nuevo 175
consejo y armas te di?
   Pero ¿es justo que le infame
tan glorioso capitán,
por antojos que te dan
de que yo mujer te llame? 180
   No, Cila; no puede ser
infamarme por tu gusto,
ni repudiar fuera justo
a Pasife, mi mujer.
   Fuera de eso, si llevara 185
en mi nave tu alevoso
corazón, era forzoso
que la mar se alborotara.
   Mejor te podrá sufrir
la tierra que te ha criado, 190
el mar no; que el mar sagrado
no te querrá consentir.
   Llevo mis dioses conmigo,
que también se enojarán.
CILA
¡Qué justamente me dan 195
de mi locura castigo!
En fin, ¿me dejas?
MINOS
No puedo
llevarte; que quiero el mar
tranquilo, por navegar,
Cila, a mi patria sin miedo. 200
CILA
   El cielo se muestre airado
de suerte que nunca veas,
ni la patria que deseas,
ni el fiero mar sosegado.
   Salgan de su cueva obscura 205
los vientos que alteran tanto
las aguas, y en su azul manto
no esté la luna segura.
   Vayas a tus hijas bellas
en relación, no en persona; 210
o te quite la corona
un vil vasallo por ellas.
   Y aunque los muros ganados
te den por venganza gloria,
infame aquesta memoria 215
la gloria de tus pasados.
   Y si ausencia suele ser
del honor ladrón sutil,
seas el hombre más vil
que fue jamás por mujer. 220
   No se cuente de ninguno
la ofensa cue de ti cuenten;
todos los hombres se afrenten
de que cupiese en alguno.
   No se acompañen de ti 225
por hombre que mereció
tener mujer que llegó
a despreciarse de sí.

 (Vase.) 

MINOS
    ¡Bravos enojos!
FENISO
Mujer
airada, ¿qué efetos quieres? 230
MINOS
Es afrenta de mujeres,
y piensa que yo he de ser
   de los hombres, capitán,
la infamia y el deshonor;
y aunque ausencias dan amor, 235
a mí ninguno me dan.
   Llamad a los principales
de Atenas, porque tratemos
que en libertad los dejemos,
pero con medios iguales: 240
   que me han de reconocer
por señor.
FENISO
Ese tributo
será de esta empresa el fruto.
MINOS
Con esto pienso volver
   a la patria que mi ausencia 245
siente con tanto rigor.
FENISO
Tres años ha, gran señor,
que le falta tu presencia.
 

(Sale POLINECES.)

 
POLINECES
    ¿Dónde está Minos?
MINOS
Aquí,
¡oh Polineces famoso! 250
¿Bueno de la patria vienes?
POLINECES
Gracias al cielo que pongo
mi boca en tus pies.
MINOS
Levanta.
¿Qué hay de Creta?
POLINECES
Que está en hombros 255
de tu fama todo en paz.
MINOS
¿Mis hijas?
POLINECES
No mira Apolo
cosa más bella en el Asia.
MINOS
¿La Reina? ¿Vuelves el rostro?
¿Callas? ¿Qué es esto? Responde. 260
POLINECES
Señor, si no te respondo
no es sin ocasión.
MINOS
¿Qué dices?
POLINECES
Que estoy, señor, temeroso.
MINOS
¿Es muerta?
POLINECES
¡Pluguiera al cielo!
MINOS
Notables sospechas tomo 265
de algún accidente fiero.
POLINECES
No se vió de polo a polo
mayor desdicha.
MINOS
La Reina,
¿mayor mal que muerta? ¿Cómo?
Habla, yo te doy licencia 270
si el caso es más afrentoso
que se, ha contado en el mundo.
POLINECES
Siendo fuerza darte enojos,
y no pudiendo excusarse,
el justo silencio rompo, 275
aunque fuera bien estar
mudo amor, el honor sordo,
ciego el mundo, el sol sin rayos,
para no volverse locos.
Sabrás que Pasife, ¡ay cielo! 280
iba con hábito corto
por un bosque cierto día,
cuando al cristal de un arroyo
cortesano, en murmurar
a la espalda de unos olmos, 285
bajaban de tus pastores
las vacas, que en los cogollos
de la hierba entretenían
la sed, con pies perezosos.
Puso los ojos Pasife 290
en un blanco y rubio toro,
novillo de pocos años,
más doméstico que hosco,
tan pintado de la piel,
con varias manchas el lomo, 295
que sólo por las estrellas
es el del sol más hermoso.
Las puntas de media luna
que tiene menguado el rostro,
corto de nariz y cuello, 300
y de esmeraldas los ojos;
donde no ha probado el yugo,
con un remolino rojo
tan bello, que parecía
revueltas madejas de oro. 305
Enamoróse Pasife
de este animal, dando, asombro
a Creta, aunque hay opiniones
que es Júpiter poderoso,
que como a la bella Europa, 310
de quien tomó el nombre heroico
la tercer parte del mundo,
enamoró cauteloso
en forma de toro blanco:
tienen por cierto. que él sólo 315
pudo hallar en sus deseos
de la ejecución el modo.
Pasife, en fin, ha parido,
si es de Júpiter, un monstruo
medio toro y medio humano; 320
y es tan público y notorio,
que vienen de varias partes
a verle por espantoso
prodigio en naturaleza,
pero conviniendo todos 325
en que es de Júpiter hijo,
siendo efecto prodigioso
de imaginarle Pasife
en forma de blanco toro:
así lo entienden los sabios 330
y los filósofos doctos;
tal es la fuerza que tiene
la imaginación en todo.
Está en dos años tan grande,
tan fiero y tan riguroso, 335
como un toro que sus celos
escribe en los verdes troncos,
haciendo a golpes que tiemble
y que le responda el soto.
Júpiter a nadie afrenta: 340
por eso a Júpiter nombro
por dueño de aquesta hazaña;
que a no ser suya, era poco
perder el seso y la vida,
pues no menos victorioso 345
halló el fuerte Anfitrión
vencido el casto decoro
de Alcumena, cuyo hijo
ganó tan altos despojos,
que el gran Hércules Tebano, 350
antes de salirle el bozo,
dijo bien qué padre tuvo
con hechos tan valerosos.
MINOS
   No prosigas mi afrenta y desventura,
trágico embajador; nunca yo vea 355
la patria ingrata, aunque mi bien procura,
y el dueño de mi mal Júpiter sea;
eclipse el claro sol su lumbre pura,
apáguese la lámpara Febea,
porque no pueda ver la mortal gente 360
tal monstruo de mi honor eternamente;
   que de imaginación de un blanco toro,
en que Júpiter vino transformado,
Pasife, indigna del real decoro,
haya el monstruo que dices engendrado, 365
no fuera tanta ofensa del tesoro
que en el honor divino está guardado;
mas nunca el vulgo juzga bien; que en todo
elige siempre el más indigno modo.
   Vengado se ha de mí, vencida Atenas, 370
pero yo haré que llore mi deshonra.
FENISO
Aquí vienen sus fuertes defensores.
 

(Salen TESEO, ALBANTE y FINEO, criado de TESEO.)

 
TESEO
Aquí tienes, gran Minos, tus vencidos.
ALBANTE
Aquí tienes, señor, a tus vasallos.
MINOS
Valeroso Teseo, Albante noble, 375
no me llaméis el vencedor, que el cielo
me quita de las manos la victoria
con un suceso de portentos lleno:
nació en mi casa un monstruo en esta ausencia;
que en ausencia, atenienses, de un marido, 380
¿qué puede sino un monstruo haber nacido?
Cuantos males nacieron en el mundo,
hijos crueles fueron de la ausencia;
vengados estaréis de que Pasife
pariese un medio humano y medio toro, 385
hazaña infame del lascivo Júpiter,
deidad indigna de tan alto nombre,
pues tiene acciones y bajezas de hombre.
Si cuando yerra un rey dicen que tiene
indignamente el cetro. no conviene 390
que tenga el de los cielos dios lascivo
que, en toro transformado, me ha quitado
la honrosa vida del honor sagrado;
porque cuando es secreto el adulterio,
no viene a ser con tanto vituperio. 395
Mas no penséis que no os alcanza parte;
que en parias quiero cine me deis cada año
diez hombres de vosotros, que devore
y coma aqueste monstruo de Pasife.
TESEO
Serás obedecido como mandas. 400
MINOS
En dejando presidio en vuestros muros,
parto a la patria a ver mi desventura,
si dura hasta llegar vida tan dura.
 

(Váyanse, y queden TESEO, ALBANTE y FINEO.)

 
TESEO
    Extraño suceso.
ALBANTE
Extraño,
y que venganza nos diera 405
a no ser por nuestro daño.
FINEO
Diez hombres para una fiera,
fiero tributo de un año;
   pedid que resuelva en uno,
si no es más de sentimiento 410
tributo tan importuno.
ALBANTE
No lo, hará, que no le siento
para partido ninguno.
FINEO
   Pues si de aquel blanco toro
la señora, su mujer, 415
se enamoró sin decoro,
¿no fuera mejor querer
parias y tributo en oro?
   ¿Qué culpa le tiene Atenas?
¡Ah, mujeres! ¿Qué no haréis? 420
TESEO
Respeta, necio, las buenas.
FINEO
¿Agora toros corréis,
de extraños antojos llenas?
   ¡Ah, señor, que aquellos son,
los daños que se cometen 425
con capa de religión!
Dioses dicen que se meten
en toros; ¡linda invención!
   Lo mismo es el ir al templo,
vengo, del templo, contemplo, 430
doy al templo, y lo interior
es todo vicio y error,
como lo dice este ejemplo.
TESEO
   Menester es que pensemos
cómo un hombre se ha de dar 435
cuando ser uno alcancemos;
que una vida no hay pensar
que por dineros la hallemos.
FINEO
   ¿Cómo no? Mil hallaréis
cuya vida, así a la sorda, 440
como de un puerco, veréis
que la quieren corta y gorda,
y ésta comprarla podréis.
   Aquel que su vida emplea
sólo en vicios, no repara 445
en que larga o corta sea,
porque solamente para
en cumplir lo que desea.
   Hombre he visto yo tan malo,
que por un mes de regalo 450
seis años de vida vende.
TESEO
Quien esa vida pretende,
a tales bestias le igualo.
ALBANTE
   Paréceme a mí, Teseo,
que para excusar las muertes 455
de aqueste tributo feo,
se echasen comunes suertes
y se hiciese igual empleo.
TESEO
   Dices bien, que, en general,
todos tendrán esperanza, 460
y será la ley igual;
que no es ley la que no alcanza
del plebeyo al principal.
FINEO
   ¡Vive el cielo, que no quede
hombre en Atenas!
TESEO
Si hará,
465
pues la ley a nadie excede.
FINEO
Necio está Minos.
ALBANTE
Querrá
vengarse.
TESEO
Vengarse puede.
FINEO
   ¿No fuera más acertado
que este Minos, o cominos, 470
matara este monstruo airado,
que no por tales caminos
dar a la fama cuidado?
    ¿Está loco?
ALBANTE
Puede ser.
FINEO
Hará bien, pues su mujer 475
ha dado en esta flaqueza;
de aquel toro, en la cabeza
las armas ha de tener.
   Y desde hoy queda sabido
que por este blanco toro, 480
el desdichado marido
a quien se pierde el decoro,
queda en toro convertido.
 

(Vanse, y entran ORANTEO, príncipe de Lesbos, y ARIADNA.)

 
ARIADNA
   No puedo significar
mi pena con más rigor. 485
ORANTEO
Yo no me quejo de amor,
que amor no puede agraviar;
de mí me debo quejar,
no por el alto sujeto,
mas porque no fui discreto 490
en amar tan confiado,
causa que nunca ha dejado
de producir tal efeto.
ARIADNA
   Si mi padre quiere darme
a Feniso por marido, 495
y lo que allá le ha servido
pagarle aquí con matarme,
mejor puedo, yo agraviarme
de la pena que me alcanza
por mi necia confianza; 500
pero, discúlpome luego,
pues le guía, como a ciego,
siempre al amor la esperanza.
   Por servicios de la guerra
me han escrito que me dan 505
a este fiero capitán,
que toda mi paz destierra;
si Minos, mi padre, yerra,
presto lo dirá el efeto;
si obedecerle es preceto, 510
yo le prestaré obediencia;
pero para vuestra ausencia
corta vida me prometo.
   No me puedo, resistir,
aunque no es la causa el miedo; 515
mas si resistir no puedo,
bien sé que puedo morir.
Sin vos no quiero vivir,
y bien me podéis creer;
que aunque mujer, puede ser 520
porque cuando, tiene amor,
no hay fortaleza mayor
que la más flaca mujer.
ORANTEO
   ¡Hermosa Ariadna mía,
como el alba pura, hermosa, 525
centro del alma dichosa
que por su cielo os tenía!
Ya se acabó mi alegría
y comenzó mi tristeza;
que puesto que mi firmeza 530
vuestros agravios resista,
¿quien vivirá sin la vista
de vuestra rara belleza?
   Estoy tan agradecido
de ver vuestro sentimiento, 535
que ha crecido mi tormento
y mi obligación crecido;
menos hubiera sentido
en verme en tan triste estado
siendo de vos olvidado. 540
ARIADNA
Luego ¿pésaos de tener
este amor que me deber?
ORANTEO
¿Qué os debo si os he pagado?
   Desconciertan mi sentido,
señora, vuestros conciertos; 545
siendo los daños tan ciertos
como las nuevas lo han sido;
quien tanto bien ha perdido
en esta injusta mudanza,
¿en qué tendrá confianza, 550
quedando en esta ocasión,
quien creyó la posesión,
apenas con la esperanza?
   Pero no podrá mi suerte,
ya que de vos me divida, 555
quitarme tanto la vida
que se dilate mi muerte;
todos mis males concierte;
que no podrán sus enojos
triunfar de tantos despojos 560
que lleve el tiempo la palma,
pues más os deja en el alma
que os aparta de los ojos.
   Fortuna contraria intente
mostrar en mí su poder, 565
que no ha de poder hacer
que no os quiera eternamente:
tan dueño seréis ausente,
como siempre lo habéis sido,
y por consuelo he tenido, 570
si le tiene pena igual,
que no ha de hacerme otro mal
después de haberos perdido.
   Temores han de matarme
de que puesto que juréis 575
que en el alma me tendréis,
estáis cerca de olvidarme,
de cuanto bien pudo darme
quien me puso en tal estado,
hoy quedo desobligado, 580
y de mi dicha quejoso,
pues no fuera yo dichoso
para no ser desdichado.

 (Vase.) 

ARIADNA
   ¿Adónde vas amenazando ausencia,
dueño del alma venturosa mía? 585
que no se suele olvidar el que porfía,
porque donde hay memoria no hay paciencia.
   Amenaza atrevida la presencia;
mas luego que la vista se desvía,
vuelve en su fuerza amor, que a sangre fría 590
no sabe hacer al gusto resistencia.
   Amor, cuando se ha dado por despojos,
no muda la pasión mudando cielos;
que ven las almas si no ven los ojos.
   Juegan los que aman si lo son desvelos; 595
mas no se ausente nadie por enojos,
que lo que saca amor vuelven los celos.
 

(Sale FEDRA, hermana de ARIADNA.)

 
FEDRA
   ¿Con ese cuidado estás?
Luego ¿no escuchas la salva
que hoy ha hecho el mar al alba? 600
ARIADNA
En mí a la noche dirás.
   Porque, partido Oranteo,
¿qué me puede haber venido
que iguale al bien que he perdido,
ni satisfaga al deseo? 605
FEDRA
   ¿Y si dicen que es el Rey?
ARIADNA
¡Mayor mal si con él viene
Feniso!
FEDRA
Amor nunca tiene
con su misma sangre ley.
ARIADNA
   ¡Ay, Fedra, que no hay consuelo 610
para tan grave dolor,
porque es la ausencia en amor
un rayo ardiente del cielo!
   Que como a un árbol desnuda
de sus hojas y sus ramas, 615
y en sus abrasadas llamas
su verde esperanza muda,
    así, donde ausencia alcanza,
aunque son sus fuegos hielos,
trueca en lo azul de los celos 620
lo verde de la esperanza.
FEDRA
   Pésame de verte ansí;
pero si la fiera ausencia
es del amor resistencia,
lo mismo será de ti: 625
   si te olvida, olvidarás.
ARIADNA
Amor juzga lo presente,
y yo presumo que ausente
querré más, penando, mas.
    ¿Qué voces son éstas?
FEDRA
Creo
630
que se acerca el Rey.
ARIADNA
Si fuera
mi muerte, mejor viniera
a mi esperanza y deseo.
 

(Salen MINOS, FENISO, soldados y cajas.)

 
MINOS
   Echad esas banderas por el suelo,
como conviene a un capitán sin honra. 635
FENISO
Mira que ofende tu dolor al cielo
en presumir que Júpiter deshonra.
ARIADNA
Si tus hijas te pueden dar consuelo,
padre y señor, su cuello y brazos honra
de los que tantos reinos han vencido. 640
MINOS
Vencido vengo yo, mi honor perdido.
    ¿Dónde está la cruel?
FEDRA
Tu furia huyendo.
MINOS
Hijas, yo vengo como veis; que es justo
perdone amor si con mi honor le ofendo.
ARIADNA
Carece de consuelo tu disgusto. 645
MINOS
Dejadme aquí mientras venganza emprendo,
de un poderoso no, puesto que injusto;
pero de la cruel que me ha ofendido...
FEDRA
Guárdete el cielo.
MINOS
Aún vida no le pido.
    ¡Hola! ¡Llamadme a Dédalo!
FEDRA
Aquí viene
650
el mayor arquitecto que respeta
Grecia, ni ha visto el Asia.
DÉDALO
Den los dioses
a tu venida prósperos sucesos.
MINOS
Dédalo amigo, ¿qué sucesos prósperos
puede esperar un hombre desdichado, 655
a quien, para consuelo de sus penas,
ponen la culpa al poderoso Júpiter,
y ha sucedido a Marte, que tenía
envidia de mis armas y victorias,
tomó venganza, oscureció mis glorias? 660
¿Has visto acaso el monstruo que ha infamado
la bella, en variar naturaleza,
y aquí tan fea, bárbara y disforme?
DÉDALO
Sí, gran señor.
MINOS
Pues ¿cómo haré una fábrica
donde pueda encerrar aquesta fiera, 665
de tan sutil ingenio y artificio,
que el que entrare una vez salir no pueda?
DÉDALO
Después que me escribiste que tenías
esa intención, y que encerrar querías
este monstruo feroz, a quien la fama, 670
de toro y Minos, Minotauro llama,
yo hice y estudié varios diseños,
y de tantos modelos y artificios
hice elección del que verás presente,
que aquí te le tenía prevenido, 675
para que, si te agrada lo pintado,
quede en madera y piedra ejecutado.
 

(Corriendo una cortina se vea en un lienzo pinta el Laberinto, y el Minotauro dentro.)

 
MINOS
   ¡Por los dioses, que es digno de tu ingenio
Y dime: ¿es de esta suerte el fiero monstruo?
DÉDALO
Este, es señor, el monstruo retratado, 680
aquí ha de estar de aquesta plaza en medio;
esta es la puerta; pero no hay remedio
de hallarla el que una vez por ella entrare.
MINOS
Pues ¡alto! A ejecutalla, insigne Dédalo;
que a ti te dará fama en todo el mundo 685
del más supremo e ingenioso artífice,
y a mí del hombre de mayor desdicha.
DÉDALO
Tú verás brevemente en pie la fábrica.
MINOS
Matara el Minotauro; pero temo
la ira del gran Júpiter si es suyo; 690
que para mí, sin diferencia alguna,
es hijo de la envidia y la fortuna.
 

(Vanse, y salen TESEO y FINEO.)

 
FINEO
   No te quiero consolar.
TESEO
No hay en este mal consuelo.
FINEO
Airado tienes el cielo. 695
TESEO
Hoy me mandan embarcar.
FINEO
   ¡Que te cupiese la suerte
entre más de seis mil hombres
de tan diferentes nombres!
TESEO
¡Fuerte mal! ¡Desdicha fuerte! 700
FINEO
   Si fuera para algún bien,
la suerte se te escondiera.
TESEO
Para bien no me cupiera,
ni me dieran parabién;
   para mal, y tanto mal, 705
conmigo acertó mi nombre.
FINEO
¿Cómo permiten que un hombre
tan valiente y principal
   vaya a dar pasto a una fiera?
TESEO
Porque es república justa, 710
y no ha de hacer cosa injusta
cuando, más valor tuviera.
   Aquí, con justicia igual,
sin que a uno falte, a otro sobre,
al que es rico y al que es pobre, 715
se reparte el bien y el mal.
   Estos gobiernos difieren
de otros injustos y odiosos,
adonde los poderosos
se salen con lo que quieren. 720
   ¡Ay del reino en que por fuerza
el pobre ha de padecer,
y el rico hacer y poder
que la ley con él se tuerza!
FINEO
   No entiendo lo que es justicia; 725
mas con los que nobles son,
es justo que haya excepción.
TESEO
Debes de hablar con malicia.
FINEO
   Esto es cosa natural,
puesto que un sabio decía 730
que en la muerte sólo había
justicia a todos igual.
   En fin, ¿te piensas partir
a morir?
TESEO
Si esto conviene
a la patria, un noble tiene 735
obligación de morir.
FINEO
   Acompañarte es forzoso,
de tu valor animado.
TESEO
Eres, Fineo, criado
leal, noble y animoso. 740
   Por lo menos, si la suerte
para morir me ha cabido,
piadosa conmigo ha sido
en la causa de mi muerte.
   Vamos, que aguarda la nave, 745
y el mar bonanza promete.
FINEO
Más que todo se inquiete
con cuantas tormentas sabe...
TESEO
    No llegare a salvamento,
puesto que es el viento tal. 750
FINEO
Para caminar al mal,
a nadie ha faltado viento.
 

(Vanse, y salen ORANTEO y LAURO.)

 
LAURO
    Si no se la pediste,
¿de qué te quejas, que es injusta cosa?
ORANTEO
¡En eso no consiste 755
haber perdido mi querida esposa!
Consiste en las estrellas,
que no importa querer si olvidan ellas,
   ¡Ay, Lauro! Yo vivía
en Creta, de Ariadna enamorado, 760
esperando que el día
que del gobierno militar cansado
Minos cruel volviera,
de mi esperanza posesión me diera.
   Escribióle el tirano 765
que la daba a Feniso en casamiento;
Feniso, a cuya mano
debe su victoriosa fama, a intento
de hacerle rey de Creta,
al cetro trasladando la jineta. 770
Mal hizo, porque Minos
no ignoraba mi amor, ni que desciendo
de los dioses divinos,
y que de Lesbos soy Príncipe.
LAURO
Entiendo
que, si allí te aguardaras, 775
el fin de tu esperanza conquistaras.
ORANTEO
   Lauro, si la ha casado,
¿qué esperanza me queda? Yo soy muerto.
¡Plega al cielo que, airado,
el mar sorba sus naves en el puerto, 780
y en las ondas furiosas
derrame las banderas victoriosas!
LAURO
   Son cortas maldiciones,
para la grande que del cielo tiene,
si a contemplar te pones 785
que a ver un monstruo de deshonra viene.
ORANTEO
Yo he visto en Creta, Lauro,
el fiero y espantoso Minotauro.
   En tanto que fabrica
el Laberinto, que este nombre llama 790
al sitio en que le aplica
infamia para él, y eterna fama
para su gran maestro,
Dédalo insigne, en todas artes diestro,
   y en cercos intrincados 795
se pierden sin poder hallar salida,
a muerte condenados,
los que le sirven de sustento y vida,
yo tendré prevenido
el monstruo, de un ejército lucido. 800
   Este, en el Laberinto,
de naves de alto bordo irá a quitalle,
en término sucinto,
la vida que me quitas, y roballe
a Feniso la joya, 805
como a los griegos el ladrón de Troya
   Ven, porque demos luego
voz a la fama, lienzo al mar, a Marte
materia, a amor más fuego.
LAURO
Ya los consejos son sólo ayudarte. 810
ORANTEO
Dar consejo al que ama,
es animar con soplos a la llama.
 

(Vanse, y salen MINOS, ARIADNA, FEDRA, FENISO y DÉDALO.)

 
MINOS
    La fábrica es excelente.
ARIADNA
Es imposible que en Grecia
haya un edificio igual. 815
FEDRA
Ya por naciones diversas
va discurriendo la fama
con alas plumas nuevas.
DÉDALO
Yo pienso, invicto señor,
que el Laberinto no sea 820
menos que su Minotauro,
monstruo de naturaleza.
MINOS
Yo estoy servido de ti,
y así pienso hacer que tenga
Icaro, tu hijo, el premio 825
del trabajo que te cuesta.
FEDRA
Aquí viene, invicto Rey,
un embajador de Atenas.
 

(Salen TESEO y FINEO.)

 
TESEO
Yo no soy embajador,
supuesto que mi nobleza 830
diera ocasión a la patria
para cargos de más fuerza;
Teseo soy; y aunque fui
duque generoso en ella,
por la suerte me ha cabido 835
ser el más vil de mi tierra;
vengo a morir, con que he dicho
que no soy nada, y quisiera
ser mas, para que estimara
perder la vida por ella; 840
sus ciudadanos te dieron
palabra segura y cierta
de darte cada año, en parias,
diez hombres para esta fiera;
yo soy, rey Minos, el uno, 845
que no me he puesto en defensa
por la lealtad que te digo,
y que a tus pies me presenta;
porque en razón de su honor,
que es una vida me pesa, 850
pues por ella aventurara
cuantas el cielo me diera:
¿Qué quieres hacer de mí?
MINOS
Teseo, la fortaleza
de tu generoso pecho 855
no pudo dar mayor muestra;
pésame que fueses tú,
a quien la pasada guerra
hizo ilustre en mi opinión;
pero si lo quiere Atenas, 860
y tú serle tan leal,
Feniso a una torre lleva
al Duque, en tanto que al monstruo
de su arrogancia sustenta.

 (Vase.) 

TESEO
Voy contento de saber 865
que por tales medios quieras
encubrir tu deshonor.
 

(Vase TESEO, y asga ARIADNA a FINEO.)

 
ARIADNA
¿A quién digo?
FINEO
¿Quién es?
ARIADNA
Tenga
el paso, que yo le llamo.
FINEO
¡Ah, mi bellísima Reina! 870
¿Cuándo mereció mi boca
besar la dichosa arena
adonde ponéis los pies,
aunque está revuelta en perlas?
ARIADNA
¿Es éste el duque Teseo? 875
FINEO
Este es aquel de quien cuentan
tan espantosas hazañas;
éste el que la mar soberbia
pasó con Jasón a Colcos
hasta robar a Medea; 880
éste el que bajó al infierno
con Hércules, el de Grecia,
y a la bella Proserpina
presentó cosas diversas:
para el calor que hace allá 885
por el verano las fiestas,
un abanillo famoso;
y porque estaba dispuesta
de vestir a la española,
seis puños como rodelas, 890
que en el infierno también
quieren descubrir muñecas.
Este le ayudó a matar
los centauros, en la mesa
de las bodas de Hipodamia; 895
éste...
ARIADNA
Basta que éste sea
Teseo, de cuya fama
no hay poca noticia en Grecia;
lástima me da su edad,
su hermosura y gentileza. 900
FINEO
Dios os lastime en el alma
por esa piedad; que en ella
se conoce, gran señora,
vuestra bondad y nobleza.
Y cierto que es sinrazón 905
echar un hombre a una bestia,
aunque tratar con un necio
pienso que lo mismo fuera.
No habrá tantico remedio,
porque es cargo de conciencia 910
matar un mozo a bocados,
como suele cuando entra
un asno en un melonar.
ARIADNA
¡Ay, hermana, quién pudiera
dar vida a aqueste mancebo! 915
FEDRA
Bien podrás si tú lo intentas.
ARIADNA
Que lo intentaré no dudes.
FINEO
Sí, ¡por Dios! para que tenga
un esclavo esa hermosura
y un amante esa belleza. 920
ARIADNA
¿Es casado?
FINEO
No es casado,
como dicen, ni Dios quiera
que se vea en tanto mal;
digo mal, mal de paciencia.
ARIADNA
Venme a hablar aquesta noche. 925
FINEO
No hay bien que al hombre no venga
por manos de la mujer.
¡Benditas mil veces sean!
Mas cuando vuelve la cola
marzo, y el diablo se suelta, 930
todo hombre guarde la cara,
quiero decir, la cabeza.

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