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11

Adolfo Bioy Casares, op. cit., p. 105.

 

12

Max Milner, Op. cit., p. 248.

 

13

Marcos Denevi, Una novela del género profético, Buenos Aires, Suplemento cultural del diario La Nación, 9/10/90.

 

14

Pedro Orgambide, La máquina de soñar, Pagina/12, 17/11/90.

 

15

Adolfo Bioy Casares, op. cit., p. 91.

 

16

Jorge L. Borges, «Prólogo» a La invención de Morel, p. 14.

 

17

En este punto, desde Tlön, Uqbar... afloran nuevamente las alusiones a que hicimos referencia casi al comienzo. El cuento de Borges, como se recordará, se sustenta en el delirio razonado que una invención, homóloga en ciertos aspectos a la de Bioy, propone a la comprensión del intelecto humano. En síntesis, una sociedad secreta inventa un país imaginario llamado Uqbar y acto seguido a un planeta con el nombre de Tlön, imaginario en segundo grado, pues se estima creado por la imaginación de los científicos, filósofos y artistas de Uqbar. Asimismo, la sociedad secreta participa en la redacción íntegra de una Enciclopedia de Uqbar acerca de Tlön e impulsa discretamente su difusión en nuestro mundo. Tras el último movimiento de este plan, las imágenes de Tlön sustituyen progresivamente a la realidad de la tierra, instalando así la apariencia de un orden; tras ese movimiento sus ondas remolinean alrededor de la novela de Bioy. En efecto, la duplicación o producción de objetos concretos ante la posibilidad de que desaparezcan las cosas reales evoca de inmediato la aparición, en el texto de Bioy, de los dossoles o los dos libros, por ejemplo, cuyas imágenes son emitidas por la máquina de Morel. Cabe agregar que una de las escuelas filosóficas de Tlön asigna a la vida el carácter de recuerdo o reflejo procedente de un estado anterior irrecuperable. Respecto de esta posición filosófica, Ana María Barrenechea ha resaltado -en uno de los pocos ensayos realmente esclarecedores sobre Borges que además mantiene hoy intacto ese mérito obtenido desde su ya lejana aparición- que en ella coexisten la idea platónica de las copias imperfectas, el idealismo de Berkeley, las ideas gnósticas sobre la creación, etc., elementos todos que, según la autora, La invención de Morel, en filigrana, recoge. Véase: La expresión de la irrealidad en la obra de Borges, Buenos Aires, Paidós, 1967, p. 150.

 

18

Adolfo Bioy Casares, op. cit., p. 107.

 

19

El grado de insensatez (aunque en rigor, sin ser peyorativo, ambos vocablos no se concatenen entre sí desde un punto de vista conceptual, usados en el contexto de este trabajo se justifican), no tanto del narrador, si bien no se lo puede excluir, sino del rumbo que la novela traza e ignora al mismo tiempo, lleva a aquél, al narrador, decíamos, a proponer la invención de otra máquina a partir de la inventada por Morel con el fin de averiguar si las imágenes por ellas producidas serían capaces de sentir y pensar... Adolfo Bioy Casares, op. cit., p. 122.

 

20

Adolfo Bioy Casares, op. cit., p. 89.