1
Publicado inicialmente en la revista Papeles de Córdoba, n.º 4, año II, abril 1991. Luego fue incluido en: Antonio Oviedo, Un escritor en la penumbra, Córdoba, Ferreya Editor, 2006.
2
Adolfo Bioy Casares, La invención de Morel, Buenos Aires, Losada, 1940. Jorge Luis Borges, Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, en Antología de la literatura fantástica, Buenos Aires, Ed. Sudamericana, 1940. Posteriormente, el mencionado cuento aparece incluido en El jardín de senderos que se bifurcan, Buenos Aires, Sur, 1942, y a partir de 1944, bajo el título de Ficciones, forma parte de las sucesivas ediciones del sello Emecé. De este sello es la tercera edición de La invención de Morel (Buenos Aires, 1953) que se utilizará para las citas de este trabajo. Por último, si hacemos de la simultaneidad de la fecha de publicación de ambos textos un punto de partida no demasiado exigente, este criterio podría inspirar la hipótesis de que la «vasta polémica» que, al comienzo de Tlön, Uqbar... sostiene el narrador con Bioy respecto de la ejecución de una novela en primera persona, presenta una circunstancia que no sería difícil identificar con la de las discusiones en torno de la trama de La invención de Morel, comentadas por Borges justamente en su prólogo a la novela de Bioy.
3
Se trata de «Las utopías literarias», incluido en Figuras 1, Córdoba, Edic. Nagelkop, 1970.
4
Empleada por Borges para calificar una suerte de indecible de los espejos, también se asocia a aquello contrario al orden natural o fuera de control de la razón.
5
Los adjetivos precedentes corresponden a diversas obras de Borges, de acuerdo con el siguiente orden:
«El espejo de los enigmas»
(en
Otras inquisiciones), «Los espejos velados»
(primero en:
Otras inquisiciones
luego trasladado a
El hacedor),
«El espejo de tinta»
(en:
Historia universal de la infamia),
«Examen de metáforas»
(en:
Inquisiciones),
«Los espejos»
(en:
El hacedor),
«El espejo y la máscara» (en:
El libro de arena).
6
Un habla transcripta por Jurgis Baltrusaitis en un libro notable (Le miroir, París, El Mayan-Le Seuil, 1978, 310 pp.) que revela su privilegiada inteligencia crítica así como una austera erudición desdeñosa de la ostentación de un saber que, por otra parte, de manera indiscutible posee. Sus diversos capítulos trazan menos una cronología -el criterio de la evolución resulta bastante frágil para dar cuenta de un asunto cuyos datos no se fijan en un momento dado- que un contrapunto entre los testimonios surgidos en diferentes períodos y no necesariamente entre los que remiten a un mismo campo. Lewis Carroll y su heroína cruzando al otro lado del espejo, la flota enemiga incendiada en Siracusa por los reflejos de los espejos de Arquímedes y el Lacán de El estadio del espejo guardan una innegable relación metonímica que en el libro de Baltrusaitis halla su adecuado fundamento.
7
Se trata del
n.º
3 de la 2.ª parte, cuya primera estrofa dice:
«Espejos: nunca se ha descripto aún/ a sabiendas qué sois en vuestra esencia./ Intervalos de tiempo que se colman/ con claros agujeros de tamices»
. En:
Obras de R. M. Rilke,
Barcelona, Plaza & Janés, 1967 (Traducción: José María Valverde).
8
La expresión se encuentra en el libro de Max Milner La fantasmagorie, París, Presses Universitaries de France, 1982, un exhaustivo y documentado estudio sobre el papel de los instrumentos y dispositivos ópticos en los relatos fantásticos, particularmente los escritos desde fines del siglo XVII. Sin embargo, inevitablemente debe remontarse a los antecedentes que la citada obra de Baltrusaitis examina. En el último capítulo, Milner desarrolla el análisis de La invención de Morel cautelosamente basado en una genealogía literaria.
9
La invención y la trama, México, FCE, 1988. Se trata de una antología, realizada por Marcelo Pichón Riviére, que comprende, además de relatos y textos críticos de Bioy, un reportaje del cual hemos tomado la cita empleada recién.
10
Idem, op. cit. ant.