Cuadro
I
|
|
|
Los violines, a telón corrido, suenan con una marcha
muy bizarra. Salón de Consejos, en Palacio.
|
|
|
(En primer término, en el centro, una enorme mesa
alargada. EL REY, sentado
en un riquísimo sillón de rojo y oro, preside. Lleva
puesta la corona, se cubre con un gran manto y tiene el cetro en la
mano. A su derecha, se sienta GRAVELOT. Luego, a un lado y a otro,
los cinco MINISTROS, el
bravo MARISCAL y el
PRECEPTOR, en sus nuevas
funciones de sabio y ministro. El MINISTRO 1º está en pie,
terminando su discurso. Todos se hallan bastante agitados, excepto
GRAVELOT, que asiste al
debate con gesto de indolente ausencia.)
|
|
MINISTRO
1º.- (En orador.) Y
bien. Esto es todo. ¿Qué más puedo decir para
que la clara inteligencia de nuestro Rey absoluto forme su juicio?
Nada, absolutamente nada. ¡La guerra es necesaria! ¡Lo
exige el honor del Rey!
|
|
MINISTRO
2º.- ¡A la guerra!
|
|
MINISTRO
3º.- ¡No! ¡A la guerra, no!
|
|
MINISTRO
4º.- ¡A la guerra!
|
|
MINISTRO
5º.- ¡No, no, no!
|
|
|
(Todos hablan a la vez. Un escándalo. EL REY, indignadísimo, pega un
puñetazo sobre la mesa.)
|
|
EL
REY.- ¡Orden! ¡Orden! (Todos
callan.) ¿Tú crees que debemos ir a la
guerra con los prusianos?
|
|
MINISTRO
1º.- Tal creo, Majestad.
|
|
UNOS.- ¡Sí, sí!
|
|
OTROS.- ¡No, no!
|
|
EL
REY.- ¡Orden! Que hable el ministro de la
Guerra. ¡Tiene la palabra el bravo mariscal!
|
|
|
(Se sienta el MINISTRO
1º y se levanta el bravo MARISCAL.)
|
|
MARISCAL.- Con la venia de su Majestad... Yo
creo que esto de la guerra es una barbaridad.
|
|
TODOS.-
(Rumores.) ¡¡Oh!!
|
|
MARISCAL.- Yo soy muy pacífico... La
guerra me pone nervioso. La guerra lo destroza todo. Es una pena.
Los bosques, los jardines, los museos...
(Suspira.) Pero sobre todo los
jardines... En fin, señores, yo, el bravo mariscal, si hay
guerra presento la dimisión. Es una cuestión de
delicadeza. Yo soy muy sensible.
|
|
|
(Rumores. Unos aplauden fervorosamente. Otros protestan. El
bravo MARISCAL,
fatigadísimo, se sienta y se seca el sudor.)
|
|
TODOS.- ¡¡Oh!!
|
|
MINISTRO
3º.- ¡Viva el bravo mariscal!
|
|
MINISTRO
1º.- ¡Un momento! Su Majestad, ¿es o
no es un Rey absoluto?
|
|
EL
REY.-
(Modestamente.) Hombre, yo creo que
sí.
|
|
MINISTRO
1º.- Entonces, haga Su Majestad lo que yo digo
¡A la guerra!
|
|
UNOS.- ¡Bravo! ¡Muy bien!
|
|
OTROS.- ¡No! ¡No!
|
|
|
(Un escándalo. Todos gritan y manotean. EL REY está en pie, en
jarras.)
|
|
EL
REY.- ¡Silencio! Le voy a dar a uno un
sopapo...
|
|
PRECEPTOR.- ¡Orden! ¡Orden!
Cálmense sus excelencias...
|
|
EL
REY.- (Bajo a GRAVELOT.) Oye,
tú, ¿Quién es ese?
|
|
GRAVELOT.- Es un sabio que protege la marquesa
de Lenoir.
|
|
PRECEPTOR.- (En orador.)
Nosotros, los sabios...
|
|
MINISTRO
1º.-
(Indignadísimo.) ¡¡Oh!!
Pero, ¿de verdad cree su señoría que es un
sabio?
|
|
PRECEPTOR.- ¿Cómo?
(Furioso.) ¿Es que dudáis
de mi sabiduría?
|
|
TODOS.- ¡Oh! ¡Oh!
|
|
EL
REY.- ¡Silencio! Si le ha nombrado sabio la
favorita, es sabio y muy sabio. Sigue, hijo. ¡Que tu
sabiduría nos ilumine!
|
|
PRECEPTOR.- Con la venia de Su Majestad...
Nosotros, los sabios, creemos que para la buena marcha de la
gobernación del país...
|
|
EL
REY.- (Casi en un
brinco.) ¡Alto!
|
|
TODOS.- ¡Oh!
|
|
EL
REY.- (Con profunda
amargura.) Se acabó. Pero, ¿es que a un
Rey no se le puede hablar más que de la gobernación
del país? ¿Eh?
|
|
MINISTRO
1º.- (Bajo.) Tiene
muchísima razón...
|
|
MINISTRO
2º.- Es que estos sabios son muy cargantes. Ya se
sabe...
|
|
|
(Todos miran al PRECEPTOR con franco reproche. El
pobre está avergonzado.)
|
|
PRECEPTOR.- ¡Señor!... Yo... Yo
siempre estoy de acuerdo con Su Majestad. (De pronto.
Frenético.) ¡Viva el Rey!
|
|
TODOS.- ¡Viva!
|
|
|
(Rumores. EL REY
se sienta, muy ufano. Se alza la voz del MINISTRO 1º.)
|
|
MINISTRO
1º.- ¡Señores ministros!
¿Vamos o no a la guerra con los prusianos?
|
|
UNOS.- ¡Sí, sí!
|
|
OTROS.- ¡No! ¡No!
|
|
GRAVELOT.-
(Rotundo.) ¡Silencio!
|
|
|
(Todos, incluso EL
REY, enmudecen y miran a GRAVELOT con muchísimo
respeto.)
|
|
TODOS.- ¡Oh!
|
|
MINISTRO
5º.- ¡Va a hablar Gravelot!
|
|
MINISTRO
1º.- ¡Callad!
|
|
MINISTRO
4º.- Chiss...
|
|
GRAVELOT.-
(Solemne.) Su Majestad, el Rey
absoluto, en uso de sus soberanas atribuciones, va a pronunciar su
última palabra sobre este pleito con los prusianos...
(Todos se miran empequeñecidos. Un gran silencio.
EL REY escucha
atentísimo las palabras de GRAVELOT y dice que sí con la
cabeza.)
El Rey en estos momentos mide todas
vuestras razones...
|
|
EL
REY.-
(Convencido.) ¡Todas!
|
|
GRAVELOT.- Y su clarísima inteligencia
nos ilumina una vez más...
|
|
EL
REY.-
(Sencillamente.) Hombre, hago lo que
puedo.
|
|
GRAVELOT.- ¡Señores! El Rey no
quiere la guerra...
|
|
TODOS.- (Un
rumor.) ¡Oh!
|
|
MARISCAL.- ¡Gracias a Dios! Yo estaba en
vilo...
|
|
GRAVELOT.- Pero, señores del gobierno, el
Rey no rechaza la guerra por debilidad, o por esa vieja
superstición de que la guerra es cruel e inhumana... No. Si
fuera necesario, el Rey sería un héroe...
|
|
EL
REY.- (Asustado.)
¡Caray! Tanto como un héroe... Te
diré.
|
|
TODOS.- ¡Sí, sí! ¡Un
héroe!
|
|
GRAVELOT.- ¡La guerra no es más que
un proceso inevitable de la Humanidad, y la Humanidad es siempre
cruel, en la guerra y en la paz! ¡Señores ministros!
¿Para qué vamos a conquistar Prusia, si Prusia ya es
nuestra?
|
|
TODOS.- (Un rumor.)
¡Oh!
|
|
GRAVELOT.-
(Brillantemente.) Como es nuestra
Baviera y Sajonia, como es nuestro todo un continente que vive bajo
nuestra influencia. ¿Es que en las Cortes extranjeras
nuestros embajadores no dictan al mundo el espíritu de
nuestra Corte? ¿Es que la Humanidad no piensa ya con arreglo
a nuestra filosofía? ¿Es que nuestra Corte no es el
modelo que copian todas las Cortes de Europa?
|
|
|
(Los MINISTROS se
ponen en pie entusiasmados.)
|
|
MINISTRO
1º.- ¡Bravo!
|
|
MINISTRO
3º.- ¡Qué ingenio!
|
|
MINISTRO
2º.- ¡Qué elocuencia!
|
|
EL
REY.-
(Modestamente.) Gracias. ¡Muchas
gracias!
|
|
GRAVELOT.- ¡Señores ministros!
Dejad que el bravo mariscal enfunde su espada y cuide de nuestros
jardines...
|
|
MARISCAL.- (Entusiasmado.)
¡Bravo, bravísimo!
|
|
GRAVELOT.- ¡En nuestra Corte, los
guerreros cultivan las rosas, y los filósofos hacen la
guerra imponiendo al mundo el espíritu de nuestra Corte!
|
|
TODOS.- (Muy
alborozados.) ¡Bravo! ¡Bravo!
|
|
|
(Gran entusiasmo. El Consejo se pone en pie y
aplaude.)
|
|
GRAVELOT.- ¡Estas que habéis
oído son las razones de nuestro monarca! ¡Una vez
más su gran talento de gobernante nos lleva a la verdad!
¡Viva el Rey!
|
|
TODOS.- (Con
frenesí.) ¡Viva! ¡Viva el Rey!
|
|
|
(Todos aclaman al REY calurosamente, enardecidos.
EL REY,
emocionadísimo, se levanta.)
|
|
EL
REY.- Mis queridos ministros... Estoy muy emocionado.
Celebro que mis ideas os gusten. Yo soy un déspota, pero no
me gusta hacer las cosas a la fuerza. Yo...
|
|
|
(Entra el Gran CHAMBELÁN.)
|
|
CHAMBELÁN.- ¡Señor!
|
|
EL
REY.- (Enfadado.) ¡A
la porra! ¡Ya me han chafado el discurso!...
|
|
CHAMBELÁN.- ¡El nuevo ministro
espera la venia de Su Majestad!
|
|
EL
REY.- ¡Demonio! Se me olvidó que
había nombrado un ministro nuevo...
|
|
|
(Rumores de alarma entre los MINISTROS.)
|
|
MINISTRO
1º.- ¡Hola!
|
|
MINISTRO
2º.- ¿Qué dice?
|
|
MINISTRO
3º.- ¿Un nuevo ministro?
|
|
EL
REY.- ¡Que pase el señor ministro!
(Sale el CHAMBELÁN.)
Ya veréis. Es un chico muy
decente y muy moral...
|
|
TODOS.- ¿Qué?
|
|
|
(En el fondo, tímidamente, aparece VALENTÍN. Lleva entre los
brazos un inmenso montón de pliegos enrollados, cada uno
atado con una cintita, que transporta con evidente riesgo de que se
le derramen.)
|
|
VALENTÍN.- Con permiso de Su Majestad...
¿Se puede?
|
|
EL
REY.- Adelante, muchacho. ¡Diablo!
¿Qué es eso?
|
|
VALENTÍN.- (Muy
ufano.) ¡Decretos!
|
|
TODOS.- (Atónitos.)
¡Qué!
|
|
|
(VALENTÍN
cruza el salón muy aprisa y arroja la brazada de pliegos
sobre la mesa y los señala, muy ufano.)
|
|
VALENTÍN.- ¡Muchos decretos!
(Se limpia el sudor y luego se abanica con el
pañuelo.) ¡Uf, si supiera Su Majestad
cómo he trabajado!... Una barbaridad. Claro que
todavía faltan algunos, pero ya vendrán
después... (Con orgullo.) Cuando
Su Majestad haya firmado estos decretos, el país se
habrá transformado de arriba abajo. ¡La inmoralidad
habrá desaparecido! Los vicios serán castigados. Y el
espíritu de la Corte se habrá extinguido para
siempre...
|
|
MINISTRO
1º.- ¡Cristo!
|
|
MINISTRO
2º.- ¿Qué dice este majadero?
|
|
MINISTRO
3º.- ¡Es un loco! ¡Un loco!
|
|
|
(Un estupor enorme. Los MINISTROS y EL REY miran atónitos el
pavoroso montón de legajos derramados sobre la mesa, y
luego, consternados, se miran entre sí. VALENTÍN está muy
contento.)
|
|
EL
REY.- (Anonadado.) Oye,
Valentín, ¿no crees que son demasiados decretos?
|
|
VALENTÍN.- ¡Quia, no señor!
Aún faltan muchísimos. Como en la Corte hay tan poca
vergüenza.
|
|
TODOS.- ¿Qué?
|
|
VALENTÍN.- (Muy
fino.) Véalos, véalos Su Majestad. Y
sus excelencias también pueden verlos si gustan. Me parece
que algunos me han salido muy bien.
|
|
|
(EL REY y los
MINISTROS se abalanzan
sobre la mesa, y cada uno toma un pliego que desdobla y lee
ávidamente. Durante unos segundos, hay en el aire un rumor
general de lecturas entre labios. Cada uno, al leer, sufre un
profundo susto.)
|
|
MINISTRO
1º.- ¡Demonio!
|
|
MINISTRO
2º.- ¡Hola!
|
|
MINISTRO
3º.- ¡Santo Dios!
|
|
MINISTRO
4º.- ¡Caramba!
|
|
PRECEPTOR.- (Sofocando un
grito.) ¡¡Ay!! Esto es el colmo.
(Angustiadísimo.) Este es un
decreto que deja cesante al primer ministro, Gravelot.
|
|
TODOS.- ¿Quéeee?...
|
|
MINISTRO
1º.- ¡Cuerno!
|
|
MINISTRO
2º.- ¡Cesante Gravelot!
|
|
MINISTRO
4º.-
(Asustadísimo.) ¡Esto es
un golpe de Estado!
|
|
VALENTÍN.- (Con cierto
apuro.) No he tenido más remedio. Él
es el espíritu de la Corte. ¡Es el mismísimo
diablo!
|
|
TODOS.- ¡Oh!
|
|
|
(Todos miran a GRAVELOT con enorme
consternación. Este, muy tranquilo, alza los ojos del pliego
que leía.)
|
|
GRAVELOT.- Pero, señores, este otro
decreto de nuestro colega Valentín, es muchísimo
más interesante...
|
|
TODOS.- ¿Qué?
|
|
|
(Todos rodean a GRAVELOT, y este lee, risueño y
solemne.)
|
|
GRAVELOT.- Oíd. «Artículo
único: Queda prohibido el adulterio en todo el territorio
nacional».
|
|
|
(Un estremecimiento general.)
|
|
MINISTRO
1º.- ¡Qué horror!
|
|
MINISTRO
2º.- ¡Qué espanto!
|
|
MINISTRO
3º.- ¡Es intolerable!
|
|
MINISTRO
5º.- ¡Es monstruoso!
|
|
GRAVELOT.- ¡Escuchad!
(Vuelve a leer.) «Los que
contravengan este decreto, serán considerados como
delincuentes y puestos en prisión».
|
|
TODOS.- (Con
espanto.) ¡¡No!!
|
|
GRAVELOT.-
(Risueño.) ¿Qué
opinan sus excelencias? ¿Debe aprobarse el decreto de
Valentín?
|
|
|
(Un griterío. EL
REY, como desde hace un rato nadie le hace caso, pasea muy
preocupado con las manos a la espalda y silba.)
|
|
TODOS.- ¡No! ¡No!
|
|
MINISTRO
1º.- ¡Fuera!
|
|
MINISTRO
2º.- ¡Jamás!
|
|
MINISTRO
3º.- ¡Nunca!
|
|
MINISTRO
1º.- (Estentóreo.)
Pero, señores, ¿estamos o no en un
país civilizado?
|
|
MINISTRO
2º.- ¡Caballeros! ¡Yo tengo una
amante! (Indignado.) ¡Voto contra
ese decreto!
|
|
MINISTRO
1º.- ¡Y yo!
|
|
MINISTRO
2º.- ¡Y todos!
|
|
TODOS.- ¡Fuera! ¡Fuera!
|
|
EL
REY.- (Silba.)
¡Huy, qué jaleo! Valentín,
¿no crees que has ido demasiado lejos? Ya verás
cuando se entere la Reina...
|
|
VALENTÍN.- ¡Señor! Mi
tío, el señor cura, dice que el adulterio es la peor
de todas las malas costumbres...
|
|
|
(El MINISTRO
1º, en actitud de iluminado, pega un puñetazo
sobre la mesa.)
|
|
MINISTRO
1º.- ¡Caballeros!
|
|
TODOS.- ¿Eh?
|
|
MINISTRO
1º.- ¡Ese decreto es
anticonstitucional!
|
|
VALENTÍN.- ¿Por qué
señor?
|
|
MINISTRO
1º.-
(Triunfante.) ¡Porque el Rey es
adúltero!
|
|
|
(Todos se alegran muchísimo del notable
descubrimiento. EL REY
pega un respingo. Todos los ministros le señalan,
acusadoramente, con el dedo.)
|
|
TODOS.- ¡Sí!
¡Adúltero! ¡Adúltero!
|
|
EL
REY.- ¡Alto! ¿Qué dice ese idiota?
¿Quién os ha dicho que al Rey le atañen los
decretos? ¿Es que os olvidáis de que soy un
tirano?
|
|
VALENTÍN.- (Valerosamente.)
¿Qué decís, señor? Mi
decreto está inspirado en la Ley de Dios. Y esa Ley es igual
para todos los hombres...
|
|
EL
REY.- (Un brinco.)
¡Porras! ¿Quieres decir que debo
abandonar a mi pequeña Diana? Quia, eso sí que
no.
|
|
VALENTÍN.- Es lo moral, señor.
|
|
EL
REY.- ¿Qué moral ni qué
historias? Pero, ¿no comprendes que un rey sin favorita, es
un rey en ridículo? ¿Qué diría de
mí el pueblo? ¿Qué pensaría de
mí la Reina? ¿Olvidas que yo debo de velar por el
prestigio del trono?
|
|
VALENTÍN.- ¡Señor! Su
Majestad prometió que me ayudaría.
|
|
EL
REY.- Bueno. Yo prometí que te ayudaría,
pero, la verdad, porque creí que yo no tenía nada que
ver con la moral... ¿Entiendes?
(Transición.) Además, no
me importa confesarlo... Yo siempre he tenido favoritas, por seguir
la tradición, y para que mi mujer vea que soy un hombre
interesante, pero esta vez estoy enamoradísimo de mi
pequeña Diana. (Suspira.) Es tan
salada. (Suplicante, como un argumento.)
Me llama Carlitos.
|
|
VALENTÍN.- ¡Oh, por piedad!
Oídme...
|
|
MINISTRO
1º.- ¡Fuera!
|
|
TODOS.- ¡Fuera! ¡Fuera!
|
|
VALENTÍN.-
(Imponiéndose.) ¡Dejadme
hablar! Yo no soy vuestro enemigo... ¡Yo quiero salvaros!
|
|
TODOS.- ¡Oh! ¡Oh!
|
|
VALENTÍN.- ¿Sabéis
siquiera, vosotros, grandes hombres, lo que es el hombre? ¡El
hombre es un ser que renuncia! ¡Solo avanzan los que
retroceden ante el pecado! ¡El pecado es un fracaso del
hombre!
|
|
TODOS.- ¡Oh!
|
|
VALENTÍN.- ¿Sabéis, acaso,
lo que es la vida? ¡La vida del hombre es la conquista del
castillo encantado de su conciencia! Y esa conquista es la
salvación... Vosotros, en medio de esa perversa
filosofía del placer que nos gobierna, aun no habéis
descubierto el secreto de la vida. ¡La felicidad es burlarse
del pecado! Yo os digo que el gozo de renunciar al placer es mil
veces más placer que el propio placer. Mis decretos
destruirán esta Corte maldita y levantarán una nueva
Corte donde los hombres vayan con alegría a la conquista de
su castillo encantado. Vosotros gritáis en nombre de vuestro
derecho a pecar; yo os hablo en nombre de vuestro derecho a
salvaros...
|
|
EL
REY.- ¡Basta!
|
|
VALENTÍN.- ¡Señor!
|
|
EL
REY.-
(Emocionadísimo.) ¡Qué
bien hablas, hijo mío! Casi me has hecho llorar... Dime,
Valentín, ¿todo eso es verdad?
|
|
|
(Aparece en el fondo DIANA. Viste de amazona. Lleva una
fusta en la mano. Soberbia, erguida, resplandeciente de
furia.)
|
|
DIANA.- ¡No! ¡Ese hombre miente!
|
|
TODOS.- (Un largo
rumor.) Señora...
|
|
DIANA.- ¡Ese hombre es mi enemigo!
|
|
TODOS.- (Un gran revuelo.)
¿Qué?
|
|
DIANA.- ¡Es mi enemigo! ¿Y
sabéis por qué? ¡Porque está enamorado
de mí!
|
|
TODOS.- ¡¡Ah!!
|
|
|
(Gran revuelo.)
|
|
VALENTÍN.- ¡Oh, no!
(Un sollozo.) Eso, no, Diana.
¡No!
|
|
DIANA.- ¡¡Cállate!! ¡Yo
digo la verdad! Mis damas de honor saben que ese hombre se ha
ocultado muchos días entre los árboles de mi
jardín. Le he despreciado y quiere vengarse. Toda su
estúpida moral aldeana no es más que una farsa para
derribarme de mi Poder...
|
|
|
(Un escándalo. Todos gritan. Se vuelven hacia
VALENTÍN y le
increpan.)
|
|
TODOS.- ¡Oh! ¡Fuera!
¡Fuera!
|
|
MINISTRO
1º.- ¡Ah, miserable! ¡Era un
conspirador!
|
|
EL
REY.-
(Chillando.) ¡Ah, pillo! Conque
me has engañado. Conque estás enamorado de ella,
¿eh? ¡Ah, bandido!
|
|
VALENTÍN.-
(Desfalleciendo.) No, no, no. Yo
hablaré. Yo diré.
|
|
EL
REY.-
(Colérico.) ¡Calle el
desvergonzado! ¡Y yo que estuve a punto de ceder!
¡¡Vivo!! ¡A mí, la guardia!
|
|
TODOS.- ¡La guardia! ¡La
guardia!
|
|
MINISTRO
1º.-
(Excitadísimo.) ¡Caballeros!
¡La guardia, no! Nosotros mismos vengaremos el honor de la
marquesa de Lenoir.
|
|
PRECEPTOR.-
(Bravo.) ¡Sí! Viva nuestra
señora la marquesa de Lenoir...
|
|
TODOS.- ¡¡Viva!!
|
|
|
(Todo el grupo de MINISTROS, heroicamente avanza hacia
VALENTÍN, pero
DIANA se interpone y les
sonríe.)
|
|
DIANA.- ¡No! ¡Os suplico que no le
castiguéis! Ya tiene bastante. Es... un fracasado.
(Sonríe.) ¡Señores
ministros! He tenido un gran placer en saludaros esta
mañana. Buenos días, caballeros.
|
|
TODOS.- ¡Señora!
|
|
|
(Un gran cumplimiento. Ella corresponde gentil. Y marcha.
Al pasar junto a VALENTÍN, le mira un segundo de
arriba abajo.)
|
|
DIANA.- ¡Mi enemigo!
(Transición.) Vamos, Carlitos.
Ven conmigo. Y no alborotes...
|
|
EL
REY.- Sí, hijita. Lo que tú mandes.
Pobrecita mía. (Al pasar junto a VALENTÍN le amenaza con el
cetro.) ¡Ah, bergante!
|
|
|
(Sale detrás de DIANA. Los ministros están
alegrísimos: se abrazan, se dan golpecitos en la espalda,
etc. GRAVELOT está allá en el
fondo. VALENTÍN,
derrumbado en un sillón de bruces sobre la
mesa.)
|
|
MINISTRO
1º.- ¡Viva la marquesa!
|
|
TODOS.- ¡Viva!
|
|
MINISTRO
2º.- ¡Qué mujer!
|
|
MINISTRO
3º.- ¡Qué gesto!
|
|
MINISTRO
4º.- ¡Qué arrogancia!
|
|
MINISTRO
5º.- ¡La Corte está salvada!
¡Viva el Rey!
|
|
TODOS.- ¡Viva!
|
|
PRECEPTOR.- Yo corro a contárselo a mi
mujer... La pobrecilla se divertirá muchísimo.
|
|
MINISTRO
5º.- Vamos, vamos.
|
|
TODOS.- ¡Vamos!
|
|
|
(Ya en el fondo todos, el MINISTRO 1.º se vuelve y
señala a VALENTÍN.)
|
|
MINISTRO
1º.- ¡Miradle! ¿Sabéis
dónde está?
|
|
MINISTRO
2º.- ¿Dónde?
|
|
MINISTRO
1º.-
(Burlón.) ¡En su castillo
encantado!
|
|
|
(Una gran carcajada en todo el grupo. En los violines, unas
notas burlonas, sarcásticas, algo como una irónica y
delicada risa, mientras el grupo de ministros desaparece. Ahora, un
gran silencio. Están solos, GRAVELOT y VALENTÍN.)
|
|
GRAVELOT.-
¡«Voilá»!
|
|
VALENTÍN.- (Dolorosamente.)
¿Cómo ha podido mentir así? Es
mala, muy mala...
|
|
GRAVELOT.-
(Suspira.) No... Es, simplemente, una
mujer. Una pobre criatura.
|
|
VALENTÍN.- ¿Quién la
trajo?
|
|
GRAVELOT.- Nadie. Si acaso, el instinto, que es
un gran espía. (Otro
silencio.) Ya sabéis. Eso es todo,
Valentín. Por mi parte creo que no volveré a
preguntarle al destino... No merece la pena.
(Toma de la mesa uno de los pliegos y lo rompe en
pequeños pedacitos. VALENTÍN le mira. Él,
sonríe.)
Es el decreto de mi
cesantía. Amigo mío, el diablo es inmortal...
|
|
|
(Sonríe, saluda y se va. Se queda solo VALENTÍN. Se desploma de nuevo
sobre el sillón y solloza. Un silencio. Asoma por el fondo
el rostro de DIANA, y
luego entra de puntillas... Se acerca a VALENTÍN y le
susurra.)
|
|
DIANA.- Valentín...
|
|
VALENTÍN.- ¡Vos!
|
|
DIANA.- (Muy bajo. Imperiosa.)
Calla. Ya sé que te he hecho mucho
daño... Pero yo lo necesitaba. Ya estás como yo
quiero, como yo te necesito. Así: humillado, vencido,
fracasado, a mis pies. ¡Necesitándome!
(Se acerca a él más: muy cerca, casi
apoyada en su pecho, le mira fijamente.) ¿Es
que no me necesitas ahora? ¿Es que los hombres, cuando
fracasan, no necesitan un beso aunque sea de sus enemigos?
¿No quieres un beso mío?
|
|
|
(Le enlaza el cuello con los brazos y le besa
apasionadamente.)
|
|
VALENTÍN.- (Casi sin
voz.) ¡Diana! Eres mala, eres mala...
|
|
DIANA.- ¿Estás ciego?
¡Todavía no has comprendido que te quiero desde el
primer día!
|
|
VALENTÍN.- Diana...
|
|
DIANA.- Ven. Abajo, en el parque, tengo mi
caballo... Pero, espera. ¡Bésame tú ahora!
|
|
|
(Una duda fugaz. Pero la besa.)
|
|
|
TELÓN
|
Cuadro
II
|
|
|
A telón corrido, al clavicordio, unas notas de la
canción de amor del primer acto. Un rincón en el
parque que rodea al palacete de DIANA. Mucho cielo encantadoramente
azul. Unos árboles. En el centro, un banco de piedra blanca.
Una mañana de sol, muy luminosa.
|
|
|
(Al levantarse el telón, LUCÍA, desconsolada, solloza
sentada en el banco. La consuelan, rodeándola, MARIETA, CELIA e INÉS.)
|
|
LUCÍA.- ¡Ay, Virgen
Santísima! ¡Ay, mi pobre niña!
|
|
CELIA.- Calmaos, Lucía. Os lo ruego.
|
|
MARIETA.- No lloréis más, buena
mujer. A la señora no le habrá ocurrido nada
malo...
|
|
LUCÍA.- ¡Ay, mi niña! Estaba
tan bonita con su traje nuevo de amazona. ¡Ay, mi
niña, mi niña, mi niña!
|
|
INÉS.- Pero, Lucía. Lo que sucede
no es tan grave. Figuraos. Ayer por la mañana, la
señora se vistió de amazona, pidió su caballo
y se fue a dar un paseo...
|
|
LUCÍA.-
(Desgarradoramente.) ¡Pero no ha
vuelto!
|
|
INÉS.- ¡Oh! Claro que no... Eso,
sí.
|
|
LUCÍA.- ¿Dónde ha pasado la
noche?
|
|
CELIA.-
(Suspira.) ¡Quién
sabe!
|
|
MARIETA.- ¡Oh, mi pobre Lucía!
Después de todo, qué dama principal no pasó,
por lo menos, una noche fuera de su casa... No tiene nada de
particular.
|
|
LUCÍA.-
(Indignada.) ¿Qué os
atrevéis a pensar, desvergonzadas?
|
|
MARIETA.- ¡Oh!
|
|
CELIA.- ¡Lucía! Moderaos.
|
|
LUCÍA.- ¡No me da la gana!
¡La niña es muy decente, no como vosotras,
pícaras, deslenguadas, insolentes!
|
|
CELIA.-
(Molestísima.) Esta buena mujer
es insoportable...
|
|
MARIETA.- La gente del pueblo no sabe llorar con
discreción... Ya está visto.
|
|
LUCÍA.- ¡La niña es una
paloma! ¡Ay, Santísima Virgen! En la aldea era la moza
más buena, la más reidora, la más limpia...
¡Y tan honesta! ¡Ay, pobrecita mía! ¿Por
qué habremos venido a la Corte? ¿Qué ha sido
de ti esta noche, hija mía? ¿Dónde
estás? (Aterrada.) ¿Me la
habrán robado los bandidos?
|
|
MARIETA.- ¡Oh! ¡Robar a la favorita!
¿Quién se atrevería a desafiar al Rey?
|
|
LUCÍA.- ¡Ay, mi niña, mi
niña!
|
|
|
(Sale sollozando sin consuelo. MARIETA, CELIA e INÉS, al quedarse solas, se
miran y rompen a reír irreprimiblemente.)
|
|
CELIA.- ¿Qué piensas tú,
Marieta?
|
|
MARIETA.- ¿Y vosotras?
|
|
INÉS.- Yo estoy confundida.
|
|
CELIA.- ¡Y yo!
|
|
MARIETA.- Yo aún no lo creo. La inocente
Diana de Lenoir, se ha escapado de su palacete, una mañana
de primavera, y se ha perdido en una noche de luna. ¿No es
asombroso? Yo estaba segura de que esto ocurriría un
día u otro; pero tan pronto...
|
|
CELIA.- Es que esta gente de pueblo da unos
chascos. Ya dice el señor de Gravelot, que el pueblo es
virtuoso porque no puede ser otra cosa. Pero cuando puede...
|
|
|
(Las tres se miran y vuelven a reír jubilosamente.
Luego, muy bajito.)
|
|
MARIETA.- Yo tengo una curiosidad.
¿Quién será él?
|
|
LUCÍA.- Lo mismo estaba pensando
yo...
|
|
INÉS.- Y yo, y yo.
|
|
|
(Más risas. Allá, entre los árboles,
aparece la figura del señor GRAVELOT. Contempla el grupo de las
tres muchachas y sonríe encantado.)
|
|
GRAVELOT.- ¡Buenos días!
|
|
MARIETA.- ¡Oh, excelencia!...
|
|
INÉS.- Vos tan de mañana,
señor...
|
|
CELIA.- Buenos días, señor de
Gravelot!
|
|
|
(Se inclinan reverenciosas. GRAVELOT avanza.)
|
|
GRAVELOT.-
(Galán.) Amo el cielo azul, los
árboles verdes y la risa de las muchachas...
|
|
INÉS.- (Ríen las
tres.) ¡Oh, señor!
|
|
GRAVELOT.- Y me encanta la primavera porque es
una estación desvergonzada.
(Suspira.) En primavera parece
obligatorio el pecado...
|
|
LAS
TRES.- ¡Oh!
|
|
GRAVELOT.- Adorables amigas mías. En
vosotras saludo esta mañana al Universo.
|
|
MARIETA.- Venís muy galante,
señor.
|
|
GRAVELOT.- Vengo un poco triste porque soy
viejo... La primavera, como las mujeres, no tiene piedad.
(Toma delicadamente del brazo a MARIETA y a CELIA. Y pregunta
risueño.) Y bien, hijas mías,
¿nuestra señora, la favorita, ha descansado?
|
|
|
(Las muchachas se miran entre sí, un poco
azoradas.)
|
|
MARIETA.- Pues... Creo que no, señor.
|
|
GRAVELOT.- ¿Cómo?
|
|
CELIA.- Marieta quiere decir...
|
|
INÉS.- Eso. Marieta dice que aún
no vimos a la señora esta mañana...
|
|
GRAVELOT.- ¡Ah! Entonces,
¿quién de vosotras hará saber a la marquesa mi
presencia en esta casa? (Un
guiño.) Quiero consultarle una grave
decisión política. Necesito su aprobación para
el nombramiento de un embajador en la Corte de Prusia.
|
|
|
(Las muchachas se miran rapidísimamente, en un mudo
conciliábulo.)
|
|
MARIETA.- ¡Oh! El caso es, excelencia, que
la señora...
|
|
CELIA.- La señora...
|
|
GRAVELOT.- ¡Decid!
|
|
INÉS.- (Muy
rápida.) ¡La señora no
está en casa!
|
|
GRAVELOT.- ¿Cómo? ¿A esta
hora de la mañana, y sin vuestra compañía?
¿Ha salido?
|
|
MARIETA.- No, señor. Es que no ha
vuelto...
|
|
GRAVELOT.- ¿Qué decís?
|
|
CELIA.- ¡Señor!
|
|
INÉS.- ¡Señor de Gravelot!
Es mejor que lo sepáis todo. ¡La señora se ha
escapado!
|
|
GRAVELOT.- (Alarmado.)
¡Diablo! ¿Qué decís,
muchacha?
|
|
MARIETA.- Como lo oís, señor. Ayer
mañana, a esta hora, la marquesa salió a dar un paseo
a caballo y no ha vuelto...
|
|
GRAVELOT.- ¡Cielos!
|
|
MARIETA.- De madrugada, los criados han
recorrido el lugar en cuatro leguas a la redonda. Pero ha sido
inútil. ¡La señora ha desaparecido!
|
|
GRAVELOT.- Esto es, sencillamente,
sensacional... ¡Hola!
|
|
|
(Lejos, se oye la voz de DIANA, que llama
gozosamente.)
|
|
VOZ DE
DIANA.- ¡Marieta!
|
|
TODOS.- ¿Eh?
|
|
CELIA.- ¡Ella!
|
|
INÉS.- ¡La señora!
|
|
VOZ DE
DIANA.- ¡Celia! ¡Inés!
¿Dónde estáis?
|
|
MARIETA.- Es ella. ¡Ya está
aquí!
|
|
|
(Corren las tres hacia el fondo. Y, entre los
árboles, aparece DIANA. Viste aún de amazona, y
el rostro le resplandece de júbilo.)
|
|
LAS
MUCHACHAS.- ¡Señora!
|
|
DIANA.- ¡Oh, Marieta, dame un beso! Un
beso, Inés. Un beso, Celia. ¡Os adoro!
|
|
MARIETA.- ¡Ay, señora!
¡Qué alegre venís!
|
|
DIANA.- ¡Y a vos, señor de
Gravelot, también quiero daros un beso!
|
|
|
(Se acerca a él, se alza sobre la punta de los pies
y le besa en la mejilla. Todos ríen.)
|
|
TODOS.- ¡Oh!
|
|
DIANA.- ¡He besado a los jardineros y al
centinela de la guardia! Quiero besar a todo el mundo.
¡Quisiera besar a la Humanidad! ¿Y sabéis por
qué? ¿Lo adivináis vos, señor de
Gravelot?
|
|
GRAVELOT.- ¡Indudablemente es que sois muy
feliz esta mañana!
|
|
DIANA.- ¡Sí! Porque soy muy
feliz... Porque la vida es hermosa. Porque los almendros del camino
están llenos de flores, porque los rosales se abren.
¡Porque soy la mujer más feliz de la tierra! Porque ya
lo tengo todo: el poder, la riqueza y el amor...
|
|
TODOS.- ¡Oh!
|
|
MARIETA.- ¿De dónde venís,
señora?
|
|
DIANA.-
(Dulcemente.) Vengo de un sueño,
Marieta. ¡Qué hermoso es volver de un sueño
para empezar a soñar otra vez! Parece que a una le nacen
alas y puede volar, como un águila! ¡Señor de
Gravelot! Cuando viajéis hacia el norte, a tres horas de
caballo, en el camino de Holanda, encontraréis una
pequeña posada, escondida entre los árboles. Se llama
la «Posada del Gallo de Oro». Tiene un farol rojo en la
puerta, las ventanas están llenas de flores, y en el huerto
hay una vieja encina. Deteneos en la «Posada del Gallo de
Oro» y acercaos a la vieja encina. Y allí
veréis mi nombre, escrito en el tronco, con la punta de un
cuchillo... Dice: «Diana». Nada más. ¿No
es bastante? (Riendo inmensamente feliz.)
Dame otro beso, Marieta. Y tú, Celia. Y
tú, Inés. (Vuelve a besar a las tres
muchachas.) A vos, señor de Gravelot, no os
daré otro beso si antes no me decís que habéis
comprendido a vuestra aliada en la Corte.
|
|
GRAVELOT.- (La mira y
sonríe.) Sí. Y os felicito.
|
|
DIANA.- Entonces, tomad. Os lo habéis
ganado.
|
|
|
(Ríen. Las muchachas la rodean.)
|
|
CELIA.- ¡Señora!
|
|
INÉS.- ¡Querida señora!
|
|
MARIETA.- Pero, ¿nos diréis
quién es él?
|
|
DIANA.- ¿Él? (Con
alegre emoción.) Se ha quedado en el
jardín, cortando para mí las primeras rosas de la
primavera... ¡Miradle!
|
|
|
(Y señala, allá, un lugar a lo lejos. Todos
vuelven la cabeza. Y en GRAVELOT, en MARIETA, en CELIA y en INÉS, hay un gesto de inmenso
estupor.)
|
|
TODOS.- ¡Oh!
|
|
MARIETA.- ¡¡Él!!
|
|
CELIA.- ¡Era él!
|
|
INÉS.- ¡Dios mío!
¿Quién lo iba a pensar?
|
|
GRAVELOT.-
(Atónito.) Pero, ¿es
posible?
|
|
DIANA.- (Una
carcajada.) ¿No es como un milagro? Buenos
días, señor de Gravelot. Seré con vos en
seguida. Pero antes he de contar a mis damas, qué linda y
misteriosa es la «Posada del Gallo de Oro».
(Ríe.) ¡Están
muertas de curiosidad!
|
|
MARIETA.- De veras que sí...
|
|
INÉS.- ¿Nos lo contaréis
todo?
|
|
DIANA.- Todo. Venid...
|
|
|
(Y muy regocijadas y bulliciosas, desaparecen DIANA, MARIETA, CELIA e INÉS. Queda solo GRAVELOT que, estupefacto, no ha
separado sus ojos del lugar que DIANA señaló. Una
pequeña pausa. Y surge, azorado, azoradísimo,
VALENTÍN. Trae unas
pocas rosas en la mano.)
|
|
GRAVELOT.- ¡Valentín!
(VALENTÍN,
muy avergonzado, avanza un poco más, con la cabeza muy baja,
sin atreverse a mirarle.)
¿Erais vos?
|
|
VALENTÍN.- (Casi no le
oye.) Sí, señor.
|
|
GRAVELOT.- ¿Cómo? ¿Sois vos
el galán que ha escapado con la favorita a la «Posada
del Gallo de Oro»?
|
|
VALENTÍN.- (Casi
llorando.) Sí, sí, señor.
|
|
GRAVELOT.- ¡Pero si aún no puedo
creerlo! ¡Vos de aventura con la amante del Rey! Vos, el
puritano; el poeta de la virtud, el moralista, el hombre que llama
a la conciencia el castillo encantado. ¡El que vino a
salvarnos! ¡El que dijo que el pecado es el fracaso del
hombre! ¡Vos habéis caído como un pobre mozo
cualquiera! Vamos, decid algo. Quiero oírlo de vuestros
labios. ¿Sois vos ese hombre?
|
|
VALENTÍN.- El mismo, sí,
señor.
|
|
GRAVELOT.-
(Indignado.) ¿Y no os da
vergüenza?
|
|
VALENTÍN.- Anda, muchísima,
sí, señor. Como que estoy a punto de llorar. Pero ya
no tiene remedio.
|
|
GRAVELOT.-
(Atónito.) ¡Valentín!
|
|
VALENTÍN.- (Un gemido en la
voz.) ¿Es que queréis
atormentarme?¿Es que vos, el más cínico e
inmoral de los hombres, os creéis con derecho a
recriminarme?
|
|
GRAVELOT.- ¡Valentín!
|
|
VALENTÍN.- ¿Es que olvidáis
que yo también soy un ser humano?
|
|
GRAVELOT.- ¡Vos también! Y yo que
os creía un ángel...
|
|
VALENTÍN.- ¡No hay ángeles
sobre la tierra, señor de Gravelot, solo hay hombres!
(Con doloroso orgullo.) ¡Yo
también soy un hombre!
|
|
GRAVELOT.- Ya lo habéis descubierto...
(Transición.) ¡Valentín!
|
|
VALENTÍN.- ¿Qué?
|
|
GRAVELOT.- ¿Qué va a decir vuestro
tío?
|
|
VALENTÍN.- ¿Mi tío?
|
|
GRAVELOT.- ¡Claro! El señor cura.
Vuestro maestro de moral...
|
|
VALENTÍN.- Es curioso. Pero ya me
había olvidado de mi tío...
|
|
GRAVELOT.- ¡Oh!
|
|
VALENTÍN.- Ya no volveré a verle
más.
|
|
GRAVELOT.- ¡Valentín!
|
|
VALENTÍN.- ¡Señor!
|
|
GRAVELOT.- ¿Olvidasteis que esa mujer era
vuestra enemiga? ¿Olvidasteis que ayer en la Corte os
humilló cruelmente?
(VALENTÍN
baja la cabeza.)
¿Qué bebedizo os ha
dado?
|
|
VALENTÍN.- (Muy
bajo.) Un beso.
|
|
GRAVELOT.- ¡Ah!
|
|
VALENTÍN.- Un beso que me ha descubierto
la vida, señor Gravelot. ¡La vida! Y no es como yo la
creía. Desde ahora empezaré a aprenderlo todo de
nuevo. Disculparé los pecados de los hombres, porque el
hombre es su propio esclavo. Yo hablaba de la virtud, sin conocer
la fuerza del pecado... Yo hablaba de la moral, y no conocía
el amor. ¡Mi pobre moral, tan débil, que ha sido
vencida por un beso! ¿No os parece ridículo? Mis
ideas eran como los versos de un soneto: hermosas, pero
inútiles. Todo es distinto. Todo ha cambiado. Ahora ya
sé cuál es la verdad que duerme en el corazón
de los hombres... Ahora ya he descubierto su secreto.
|
|
GRAVELOT.- Pero, ¿no os dais cuenta de
todo lo que se ha derrumbado dentro de vos esta noche? ¿No
comprendéis que desde hoy seréis un bailarín
más en el gran minué de la Corte? ¿No
sabéis que habéis perdido vuestra pureza, vuestra fe,
lo más noble que había en vos, todo aquello por lo
que realmente merece la pena vivir? ¿Qué
habéis hecho, desdichado?
|
|
VALENTÍN.- Pero, señor...
Usáis contra mí los mismos argumentos que yo empleaba
ayer frente a vos. Creo que estáis un poco en
ridículo.
|
|
GRAVELOT.- ¡Pobre Valentín!
Habéis perdido la inocencia. (Están los
dos sentados en el banco, muy juntos. GRAVELOT habla mirando al infinito con
una cansada melancolía.) Siempre es igual. La
Historia vuelve... En esta mañana de primavera ha muerto un
poeta y nace un filósofo. ¡La Corte puede dormir
tranquila! Cuando, dentro de poco, muera este viejo señor
Gravelot, un joven y magnífico Gravelot ocupará mi
puesto. Seréis vos, Valentín. Como yo,
comprenderéis y justificaréis los pecados de los
hombres... Y los dominaréis. Pero, como yo mismo,
seréis un cobarde.
|
|
|
(Un silencio. VALENTÍN vuelve hacia él
los ojos con angustia.)
|
|
VALENTÍN.- Y, ¿así
será siempre, señor?
|
|
GRAVELOT.- Así será hasta que
aparezca en la Corte un nuevo recién llegado, más
fuerte que nosotros. Un hombre tan fuerte, tan fuerte, que no
pierda nunca la inocencia. Permitidme, Valentín... Buenos
días.
|
|
|
(Marcha hacia el fondo. VALENTÍN, sentado en el banco,
inmóvil. De pronto, mira en torno y se estremece. Un
sollozo, como un niño perdido. Se tapa la cara con las
manos. El manojito de rosas ha caído en el suelo. Surgen,
despacio, de puntillas, muy risueñas, muy pícaras,
MARIETA, CELIA e INÉS. Las tres, con cautela,
llegan sin ruido hasta VALENTÍN. Muy mimosas, muy
dulcemente, se aprietan contra él. MARIETA le tapa los ojos con las
manos.)
|
|
MARIETA.- ¡Valentín! Aquí
estoy yo, Marieta.
|
|
CELIA.- Y yo, Celia.
|
|
INÉS.- Y yo, Inés.
|
|
|
(Él se desprende con dulzura, las mira y
sonríe.)
|
|
DIANA.- ¡Ayyy!...
¡Valentín!
|
|
|
(VALENTÍN,
en silencio, corre hacia ella, la recoge en sus brazos y la besa.
DIANA se transfigura. Las
tres muchachas, riendo, muy jolgoriosas, cubren con sus sombrillas
abiertas, el grupo de los dos antes abrazados. Al fondo, su
excelencia el señor de GRAVELOT, que lo ha visto todo,
sonríe, inclina la cabeza y marcha entre los árboles.
Muy cansado, un poco más viejo.)
|
|
|
TELÓN
|